Elena Garro, el talento a la sombra de Octavio Paz

"Adelante de los pasos de un hombre siempre van los pasos de una mujer"

No solamente fue una de las más importantes narradoras y dramaturgas de México y de Latinoamérica, sino que además que se comprometió siempre con los más pobres y débiles de la sociedad y dejó escritas algunas de las obras más logradas de la literatura mexicana del siglo XX. Esposa del gran escritor y Premio Nobel Octavio Paz, sostuvo siempre una relación tormentosa con él aun luego del divorcio, hecho que la hizo vivir siempre a la sombra de una las más grandes figuras de las letras mundiales. Su producción de altísima calidad abarcó todos los géneros, incluido el periodismo. Debió exiliarse de su país durante 20 años –hecho que opacó su reconocimiento- y pese a las promesas, al regreso fue casi ignorada y padeció enormes penurias económicas. Recién luego de su muerte comenzó el proceso de reconstrucción de una obra enorme y trascendente.

El comienzo

Elena Delfina Garro Navarro nació el 11 de diciembre de 1916 en la ciudad de Puebla de Zaragoza, en México, tercera hija del matrimonio de José Antonio Garro Melendreras, español, originario de Asturias, y Esperanza Navarro Benítez, mexicana, de Chihuahua. En 1926 se instalaron en Iguala, en el sur de México.

Allí fueron su padre y su tío Boni quienes le dieron su primera instrucción ya que en el lugar no había escuela. Esta educación especial inspiró a la pequeña Elena a la creación de lugares mágicos e imaginarios donde todo parecía posible. Los años en Iguala -lugar habitado por una mayoría de indígenas- son considerados como formativos para su posterior carrera literaria y ya en su madurez, cuando ella hablaba de su infancia, lo que ocurría muy seguido, se refería a ese sitio del estado de Guerrero.

Estrella y Elena Garro (der.) con su padre

Es allí donde Elena se enfrentó por primera vez con la dualidad característica de México: por un lado los “blancos” y por otro los nativos. Esta temática de la identidad nacional apareció constantemente no solo en su vida sino también en su obra. Por una parte, se la asociaba con la población privilegiada dado el origen mexicano de su madre, pero por otra era rechazada como gachupina, apodo despectivo que se aplicaba a los oriundos de España, en este caso por su padre asturiano.

La bella Elena en su adolescencia universitaria

Elena se instaló en capital mexicana en la segunda mitad del año 1930 y allí pasó su adolescencia. La joven se balanceaba en ese tiempo entre dos planteamientos: el enfoque feminista e innovador de sus padres y el espíritu conservador de sus tías maternas, con quienes vivía. Al ingresar a la Facultad de Filosofía y Letras, en aquella época solo accesible para los hombres, siguió el camino de sus padres eruditos.

Aparece Octavio Paz

En 1935 Elena conoció a Octavio Paz a quien su padre –posteriormente- le prohibió frecuentar porque no quería que su hija se casara tan joven y menos con un hombre que para José Antonio encarnaba al machista mexicano… Temía que el futuro célebre escritor privara a su hija del teatro y de sus estudios, mientras que él –muy culto- pretendía que ella se convirtiera en una mujer moderna.

Garro y Paz: luna de miel en Madrid en 1937

No obstante esa oposición, Elena continuó su relación con Paz y durante los primeros años del romance siguió entregándose a sus pasiones; el teatro y el baile. Se hizo coreógrafa del teatro universitario y formó parte de la escena cultural mexicana, en la que, en esos años 30, ambos parecían la pareja ideal: dos intelectuales que se anunciaban como artistas prometedores.

Imagen del Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia en 1937

El 25 de mayo de 1937, sin terminar su carrera universitaria, Garro y Paz se casaron a escondidas de los padres de Elena. Después de la boda viajaron a España, donde reinaba con toda su violencia la Guerra Civil (1936-1939), con el fin de apoyar al bando Republicano (de izquierda), y ya en la península asistieron al Congreso de Intelectuales Antifascistas en Valencia. Formaron parte del mismo personalidades de la talla de Rafael Alberti, Miguel Hernández, José Bergamín, Luis Cernuda, Ramón J. Sender, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Max Aub y Luis Buñuel entre otros.

Tres ediciones de la misma obra

Elena narró con maestría esta experiencia en 1992, en sus Memorias de España 1937. Además, en esta obra describe a Octavio Paz como un marido frío y poco cuidadoso. El no la consideraba ya más como una fuente de inspiración, sino que le molestaba y lo ponía en una situación comprometida durante el viaje a España. De esta forma, a poco de casarse, Paz se había convertido en un esposo autoritario que no le permitía volver a la universidad, ni a la danza, ni al teatro.

Octavio Paz y Elena Garro, de un gran amor a una relación tormentosa

Fue en ese tiempo en el que empezó lo que algunos autores han denominado “la odisea de Elena Garro por el mundo, al lado de Octavio Paz”. Comienzan la miseria, las tragedias, los sufrimientos, los riesgos, los sacrificios y sobre todo, los exilios. Lo que se constituyó en un golpe muy duro para Elena, fue su desaparición de la escena cultural. El mundo mexicano machista le prohibía desarrollar su talento artístico por el simple hecho de ser mujer. En vez de ser artista se trasformó en una sombra de su marido.

En una entrevista periodística se sinceraba: “Mi primera vocación fue ser bailarina. Estudié danza con Hipólito Sabin, alumno de Anna Pavlova. Y fui actriz y coreógrafa del teatro de la Universidad, cuando lo dirigía Julio Bracho.
-¿Y dónde quedó esa vocación?, le preguntaron.
-En el juzgado donde me casé, porque Octavio nunca quiso”.

Elena Garro con su hija Laura Helena Paz

El 12 de diciembre de 1939 nació la única hija de la pareja, Laura
Helena, y poco después su madre empezó a trabajar como periodista dado que Paz ganaba muy poco dinero en ese tiempo. Debutó en 1941 en la revista Así y consiguió de esa manera mantener cierta individualidad. Ella reflejaba en su profesión tanto la situación precaria de los indígenas como la de las mujeres menores encarceladas. Más adelante introdujo cierto grado de activismo en su literatura, denunciando la corrupción política y social en México.

En 1945, la familia Paz-Garro se trasladó a París donde Octavio fue nombrado embajador mexicano. El período en Francia anunciaba el comienzo de la odisea de Elena en Europa. De allí viajó a Nueva York para colaborar con el Comité Judío Americano a raíz del final de la Segunda Guerra Mundial, y la peregrinación continuó en 1948 hacia Suiza.

En 1949 regresó a la capital francesa donde conoció al escritor argentino Adolfo Bioy Casares, de quien se enamoró: “Es el único hombre en el mundo del que me he enamorado y creo que eso no me lo perdonó nunca Octavio”, dijo años más tarde.

Carta de amor de Adolfo Bioy Casares a Elena Garro
En 1952 el trabajo diplomático de su esposo la llevó a Japón. En esta tierra lejana la tristeza de amor por Bioy Casares la consumía, aunque luego la relación no prosperó, entre otros motivos por la distancia entre ambos.

La obra

A finales de 1953, la pareja se reinstaló en México donde Elena continuó trabajando como periodista y guionista de cine.

Es en este periodo en el que Garro escribió un drama teatral histórico alrededor de la Revolución Mexicana (1910-1917), con el título de Felipe Ángeles. La obra, dividida en tres actos y desarrollada en 24 horas, interpreta el hecho histórico del fusilamiento del protagonista –el general Felipe Ángeles, aliado de Francisco “Pancho” Villa- que se opone al caudillo Venustiano Carranza y a todo tipo de poder diciendo: «Un revolucionario que llega al poder es una contradicción… y asesinar a los revolucionarios en nombre de la Revolución es consecuencia de esa misma contradicción».

Surge en aquella época también su preocupación para la problemática agraria en México: Garro se encarga de denunciar los abusos masivos por los terratenientes y la consiguiente situación miserable de los campesinos. Este tema volverá en el libro de cuentos La semana de los colores.

Como en toda la obra de Elena Garro, la materia prima es mexicana, una materia que ella revalora y pone en tela de juicio. Al lado de las injusticias sociales, el hambre, los crímenes, la corrupción y la falta de libertad aparecen las atmósferas fantásticas, las preocupaciones sobre el tiempo y el amor que no puede fructificar en el tiempo de los relojes.

Dos de las obras de Garro ordenadas y escenificadas por Octavio Paz

La autora camina por la memoria de su infancia, que contiene el mundo legendario y mítico de los indígenas. Allí lo cotidiano es abolido por la cosmovisión de los pobladores más antiguos del continente americano; su mentalidad mágica disuelve lo racional y científico de la visión occidental. Como los campesinos, la autora resuelve los problemas del tiempo, el amor, el conocimiento y la muerte en la suprarrealidad, o en la esfera de la imaginación, porque solo ahí tiene cabida la felicidad.

Dos de las obras de Garro ordenadas y escenificadas por Octavio Paz

En 1957 Octavio Paz estaba a la cabeza del grupo Poesía en Voz Alta y le ordenó a Elena que creara tres piezas teatrales. Ella escribió en forma seguida Andarse por las ramas, Los pilares de doña Blanca y Un hogar sólido. Al parecer, Garro no tenía mucha práctica escénica ya que su marido hacía la puesta de las obras. No obstante, poco a poco reedificó su identidad, antes extraviada, al entrar nuevamente en el universo de las letras mexicanas. Al año siguiente, en 1958, la Universidad Veracruzana publicó un conjunto de sus obras de teatro.

Entre 1956 y 1957, Paz y Elena se habían separado y él empezó a plantear el divorcio. Los años que siguieron a esta nueva vida resultaron de gran importancia para su carrera literaria.

La revista de la Universidad Veracruzana La palabra y el hombre publicó en 1959 otras dos de sus piezas teatrales: La mudanza y La señora en su balcón. Elena se había exiliado en los Estados Unidos y se reinstaló en su país en 1963, año en que se publicó su novela Los recuerdos del porvenir con la que probó su gran capacidad en este género.
El pueblo de su infancia, Iguala, constituye su foco de atención y Garro hace homenaje a las personas que la rodeaban de cuidados. Este libro provocó una revolución en la literatura hispanoamericana de los años 70 y Elena Garro recibió el premio de Novela Xavier Villaurrutia.

Las ediciones en castellano y en inglés

Sin embargo, la sociedad machista mexicana seguía privándola de un verdadero reconocimiento y promoción.

Era Carlos Fuentes el que representaba en aquella época el movimiento del “boom hispanoamericano”, pero la narrativa de las mexicanas Rosario Castellanos y Elena Garro cumple con todos los parámetros de una novelística experimentadora. Curiosamente, la publicación de Los recuerdos del porvenir de Garro coincidió con el supuesto comienzo del “boom” (1963), a la vez que la estructura temporal de la novela constituye un claro antecedente de Cien años de soledad (1967) de Gabriel García Márquez, que marca el apogeo de ese movimiento.

¿Plagió Gabriel García Márquez a Elena Garro?
Los recuerdos… es la historia de los hermanos Isabel, Nicolás y Juan que transcurre violentamente en torno a un episodio de la guerra cristera (entre el gobierno y religiosos, 1926-1929) en Ixtepec, pueblo escondido en el territorio mexicano, que se convierte en el perplejo narrador de la tragedia. El siniestro general Francisco Rosas, la misteriosa belleza de una mujer llamada Julia, y las aventuras de las amantes de los militares, conforman el pintoresco marco donde la búsqueda del amor imposible y las ansias humanas de libertad propician una lucha encarnizada, que concluye sin vencedores ni vencidos. Personajes inolvidables como el loco Juan Cariño o el héroe Nicolás Moncada, que se somete como cordero de Dios al sacrificio, dan sustancia a una novela que la crítica revaloriza año tras año, describiéndola como la gran precursora del realismo mágico que tanta trascendencia cobrara a mediados del siglo XX en Hispanoamérica.

La Malinche, reivindicada en los cuentos de Elena Garro

Durante el periodo de 1963 a 1968 Garro intentó combinar su activismo y el periodismo con actividades como guionista de cine y escritora. En 1963 publicó La dama boba, El árbol y Nuestras vidas son los ríos. La Universidad Veracruzana reunió esta vez sus cuentos en La semana de colores, varios relatos cortos, entre otros una historia muy famosa que se titula La culpa es de los tlaxcaltecas. Garro rehabilitó en ésta a La Malinche, intérprete, consejera e intermediaria de Hernán Cortés, y más adelante su compañera y madre de Martín Cortés, considerado uno de los primeros mestizos surgidos de la conquista de México.

En 1965 publicó la novela Reencuentro de personajes, que narra la historia de una pareja de mexicanos que viajan en Europa, en la que la autora convoca a sus espectros literarios -ciertos protagonistas de las obras del escritor estadounidense Scott Fitzgerald y del británico Evelyn Waugh- con el misterioso designio de retornarlos a la vida dentro del espacio real de la novela. Así, mediante una operación que tiene mucho de acto mágico, desarrolla una inquietante experiencia de literatura en la literatura, sin precedentes.

Elena bailando en París con García Márquez

Pero lejos de ilustrar la estrecha tesis de que la literatura sólo puede referirse a la literatura y no a la realidad, lo que Elena Garro se ha propuesto revelar con su acto de recreación en Reencuentro… es la forma en que lo real se confunde con lo literario, el prodigio que hace posible la inserción de un mundo novelesco dentro de la propia realidad. Relatada a un ritmo vertiginoso y dentro de una eficaz estructura emparentada de alguna manera con el thriller, esta novela ha marcado desde su aparición un antes y un después en el desarrollo de la narrativa mexicana contemporánea.

Es también en esta época que Garro empezó a hablar sobre su novela Testimonios sobre Mariana, de la que se publicó en 1967 un episodio en la revista literaria Espejo. Desde tres ángulos distintos –otros tantos “testimonios”–, un igual número de obsesivos personajes trata de recuperar, en un intento por descargar sus conciencias, el recuerdo de Mariana, quien ha desaparecido de sus vidas sumergiéndose y evadiéndose, alternativamente, en y de conflictos existenciales y eróticos, agobiada por las persecuciones y los acosos de que la hacen víctima su esposo Augusto (una alusión innegable a Octavio Paz) y el séquito de aduladores que lo rodean. Esta novela de tintes autobiográficos, que Elena Garro confirmó solo a medias, convencida de que la ficción es siempre alimentada por la vida, arroja muchas luces sobre la identidad de su autora en relación con la época convulsa en la que se desenvolvió.

La activista Elena escribe también en dos revistas políticas de gran influencia en aquella época, Siempre! y Sucesos para todos.

Esta lista de publicaciones demuestra la gran actividad de Garro como novelista. Revela igualmente que el divorcio de Octavio Paz como su desaparición de la escena cultural mexicana, le ha permitido desarrollar plenamente su capacidad creativa.

Tlatelolco y el exilio

Durante los años 60, la escena política mexicana se movía constantemente. En ese período Garro conoció a Carlos Madrazo, un político opositor junto a quien apoyó el movimiento agrario. Eran los años de la Guerra Fría mundial. Elena se manifestó siempre como anticomunista, anticastrista, monárquica y católica. Sin embargo, la escritora se desplazó en ese tiempo entre bastidores de la escena política y social, y despertó sospechas de algunos comunistas. Además, en 1968 se activó el movimiento estudiantil en el que no solo participaban estudiantes sino también profesores, obreros e intelectuales. El gobierno reprimió enseguida el movimiento produciendo la famosa y trágica “Matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco”, en la que murieron más de 300 personas.

Miles de estudiantes en Tlatelolco, antes del horror

El presidente Gustavo Díaz Ordaz sindicó a Garro y Madrazo como los cerebros principales de la protesta. Según ese argumento, ese dúo ponía en peligro la estabilidad de la democracia mexicana. La posible participación de Garro en la insurrección estudiantil siguió provocando problemas, inclusive cuando algunos días después concedió una entrevista en la que acusó a varios intelectuales de ser ellos los verdaderos instigadores del conflicto, argumento que se le volvió en contra.

En realidad, toda la controversia se trató de una manipulación mediática perfectamente urdida. También se la acusó de haber dirigido la conspiración comunista contra el gobierno, acusación falsa ya que Elena Garro siempre se opuso al comunismo y a la Cuba socialista de Fidel Castro. En realidad, se “condenó” a Elena porque se arriesgó a enfrentar el abuso y las injusticias del latifundismo.

Elena Garro, una mujer que hizo historia en el mundo
 

Un tiempo después Garro se vio forzada a dejar México y junto a su hija huyó al extranjero, motivo por el que afrontó a partir de ese momento veinte años de miseria, persecución y pobreza en Nueva York (1972-1974), Madrid (1974-1981) y París (1981-1993). Tres fuentes mantuvieron a Elena en pie: la lectura, la escritura y la memoria, y recurrió a todas ellas para protegerse de la realidad dolorosa que estaba en contra suya.

Qué hora es, cuento de Elena Garro

Sobrevivía al analizar su pasado en su escritura y al contemplarse a sí misma y a los que la rodeaban: aunque no existía para los demás, los otros existían para ella, y, por la palabra escrita, siguió viviendo en sociedad, se mantuvo viva, alerta, analítica, pensante. Elena pudo seguir integrada a su tiempo gracias al poder de la escritura: en la palabra escrita dialogaba activamente consigo misma, y con los sucesos cotidianos de la vida ordinaria y de la política internacional.

Sus numerosos conocidos, escritores, artistas y políticos la descuidaron completamente; sin embargo nunca abandonó a pesar del hambre y la penuria, y luchó contra el olvido.

Promesas incumplidas

A partir de los años 80, la suerte de Garro empezó a cambiar. Su colega y compatriota Emilio Carballido la visitó en Madrid. A su vuelta a México, llevaba consigo Andamos huyendo Lola (1980), Testimonios sobre Mariana (1981), Reencuentro de personajes (1982) y La casa junto al río (1983). Elena recuperó fama dentro del mundo de las letras mexicanas y la publicación de sus obras le permitió asimismo pagar sus deudas y la subsistencia. Sus obras recibieron una buena crítica y ella reconfirma su capacidad como escritora. Testimonios sobre Mariana le generó el premio Juan de Ediciones Castillo.

A finales del año 1991, José María Fernández Unsain, presidente de la Sociedad General de Escritores de México, invitó a Garro a México con el propósito de brindarle algunos reconocimientos. La escritora aceptó y preparó la vuelta a su país natal. La parte más delicada de las negaciones consistió en obtener la aprobación de Octavio Paz, cuya posición en la cultura mexicana se había consolidado con la obtención en 1990 del premio Nobel de la Literatura, con lo que su influencia era notable.

Fernández Unsain lo convenció y le garantizó que el retorno de su ex esposa no entrañaría la amenaza de ventilar públicamente los diversos aspectos del conflictivo vínculo matrimonial. Otro elemento en juego fue la posible reacción de los intelectuales que en el ‘68 habían sido perseguidos a causa de las denuncias de Elena Garro, y que 23 años después ocupaban destacadas posiciones en los ámbitos políticos y culturales del país.

Elena Garro, Laura Helena Paz Garro y Octavio Paz, un trío tormentoso

No fue un regreso fácil y Fernández Unsaín arriesgaba su prestigio para
lograrlo. Gracias a su ayuda, Elena llegó a México el 7 de noviembre de 1991 después de casi veinte años de exilio, acompañada por su hija Laura Helena (fallecida en el año 2014 luego de haber anunciado que había “perdonado a su padre” por todas las maldades contra su madre).

En 1993 la autora se instaló definitivamente en Cuernavaca, en el estado de Morelos. Sin embargo, el reconocimiento merecido no se produjo y las agresiones a su honor continúan. No hay trabajo ni casa para Elena ni para Helena…

Injustamente, nunca recibió el Premio Nacional de Literatura a causa de su pasado convulsionado y por miedo a Octavio Paz. A pesar de los ataques frecuentes de éste y su entorno, la autora no dejó la escritura y en 1992 salieron sus Memorias de España 1937. En 1995 se publicó Inés, un relato corto.

Elena explicaba así su situación y sentimientos en aquella época al escritor y periodista César Güemes: “Estoy deprimida porque nos invitaron y fueron a París dos veces para que nos viniéramos a México, me dijeron que yo iba a tener un buen trabajo, y que me iban a dar una casa. Mira qué mentiras. Y que todo iba a serme fácil y que iba a tener muchos amigos y no sé cuánto. Llegué y no había casa. Estoy en este piso porque se murió mi hermana y lo dejó. Entonces me metí aquí porque los sobrinos ni me lo querían dar”.

Garro se dio cuenta de que México no había cambiado y que no cambiaría rápidamente; ella continuaba siendo crítica hacia ciertos compatriotas intelectuales. “El mundo intelectual mexicano lo conforman Octavio Paz, Carlos Fuentes, Ricardo Garibay, Emmanuel Carballo, Ricardo Guerra. A algunos de ellos, los llamé una vez que llegué a mi país pero no se dieron por enterados, no vinieron ni nada, ni volvieron a hablarme. Se ve que no tenían ganas de reanudar la amistad”.

El final

Elena Delfina Garro Navarro nunca más apareció en público y tampoco asistía a los homenajes que le hacían. Gran fumadora desde siempre, a partir de 1997 su salud se deterioró y murió de cáncer de pulmón el 22 de agosto de 1998 en Cuernavaca, cuatro meses después del fallecimiento de su ex esposo, Octavio Paz.

Elena Garro en sus últimos años, ya en México nuevamente

En su trayectoria se distinguen dos etapas muy diferenciadas. La primera, pura ficción “mágica” y mucho teatro; la segunda, que tiene su arranque a partir de 1980, exhibe una propensión a la autobiografía e incluye el segundo volumen de cuentos y varias novelas. Sus angustias vitales, sus frustraciones y sus andanzas quedaron plasmadas en ambas.

La muerte detuvo las penurias económicas en que vivió los últimos años, pero dejó huérfanos a los 16 gatos que le hacían compañía y de los que proyectaba escribir una biografía.

Un funeral sencillo y ningún intelectual mexicano presente fue el marco del último acto de una gran escritora, que vivió condenada a vagar a la sombra de otro gran escritor…

Fuentes: lecturalia.com; excelsior.com; jornada.com.mx; inmaculadadecepcion.blogspot.com; relatosmagar.com; cvc.cervantes.es; mexicodesconocido.com.mx; piedepagina.com.mx

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