Darío Fo, el último y más genial de los bufones

“Gesù ama i giullari” (Jesús ama a los bufones)

Conocido como “sumo dramaturgo” de Italia, fue además actor, director, escritor, ilustrador, pintor y escenógrafo. Pero no solo era un gigantesco contenedor de sabiduría, lo que lo distinguía, lo que lo hacía realmente único y especial era su rebosante vitalidad y su compromiso político y social. Era el juglar popular, el bufón que hacía temblar a políticos y a jueces, el que le metía el dedo en el ojo a la Policía y las fuerzas de seguridad del Estado, el que arremetía contra la burguesía, el que enfurecía con sus irreverencias al Vaticano, el que embestía sin piedad contra el Partido Comunista Italiano acusándolo de haber traicionado sus principios. Todos cabían en su lenguaje satírico. Considerado un verdadero «talento renacentista», se convirtió en el más grande y famoso artista italiano de la época moderna. En 1997 recibió el Premio Nobel de Literatura, por «el espíritu renovador de su teatro que castiga a los poderes establecidos y restaura la dignidad de los oprimidos».

Primer acto

Hijo del jefe de la estación del ferrocarril y una campesina, Dario Luigi Angelo Fo nació en Leggiuno Sangiano, Varese, al norte de Italia y a orillas del lago Maggiore, el 24 de marzo de 1926. De su padre, actor aficionado, y de las narraciones de su abuelo materno absorbió las primeras inspiraciones de su arte. Recordó siempre que escuchaba a sus paisanos del pueblo contar historias pequeñas pero llenas de imaginación y no de verdades, lo que le hacía aumentar su admiración.

Su abuelo, vendedor ambulante, para atraer compradores contaba fábulas e historias a quienes se le acercaran. En la carreta del anciano y en la itinerancia del trabajo de su padre, que llevaban a la familia de un pueblo a otro, Fo construyó su yo artístico. Un juglar, un artista, un trovador, un peregrino. Todo eso y mucho más.

Leggiuno Sangiano, lugar donde nació Darío Fo en 1926

“Nací politizado”, supo decir en algún momento de su carrera. “Viví al lado de hijos de sopladores de vidrio, pescadores y contrabandistas. Las historias que me contaron eran agudas sátiras sobre la hipocresía de la autoridad y las clases medias”.

Desde entonces sintió fascinación por la figura del diferente, del imprevisible, del ilógico. Aunque estudió pintura y arquitectura en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán, entró en crisis y decidió probar un curso de teatro. Y encontró su camino en lo satírico, lo grotesco que pone los pelos de punta del poder y que tampoco le gusta mucho a la izquierda.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, participó con su padre –un anarquista- en la resistencia contra los nazis alemanes y fascistas italianos. A comienzos de la década de los ‘50 dio inicio a su trayectoria como actor, participando en diversos grupos teatrales que actuaban en pequeños locales, entre ellos el de Franco Parenti y Guistino Durano.

De izq.a der.: Fo, Durano y Parenti con dos actrices de la compañía

Al mismo tiempo escribió sus primeras obras para ser interpretadas en el teatro, la radio y la televisión. A mediados de ese decenio también trabajó como guionista cinematográfico. En realidad, su pasión por el teatro rebelde fue muy temprana: a los 24 años ya dirigía una compañía de cómicos que ponía en escena obras provocadoras y satíricas.

La obra

Algunas de las obras representadas en este período, siempre con notoria carga social y política y muchas de ellas censuradas por el gobierno italiano, fueron Los Arcángeles No Juegan A Los Flippers (1959), Tenía Dos Pistolas Con Los Ojos Blancos y Negros (1960), Quien Roba Un Pie Es Afortunado En Amores (1961), Isabela, Tres Carabelas y Un Charlatán (1963) o La Culpa Siempre Es Del Diablo (1965).

Darío Fo en sus comienzos teatrales

En 1954 Fo se casó con la bella actriz y escritora Franca Rame, con la que tuvo a su único hijo, Jacopo, al año siguiente. Además, Rame tuvo una notable y decisiva influencia en la trayectoria dramatúrgica y en la peripecia vital de su esposo. El se reconocía culturalmente como parte del proletariado y ambos fundaron en 1959 la compañía Nueva Escena, que pretendía llevar el teatro directamente a las clases trabajadoras, organizando montajes en fábricas, ateneos, casas del pueblo y plazas públicas.

La cultura se come – Darío Fo
 

Darío y Franca vislumbraron una contradicción: se sentían esclavos de la burguesía a la que fustigaban desde las piezas teatrales que representaban. “Entendí que ya no era posible ser los bufones pagados de la burguesía. Habíamos provocado a ese público, lo habíamos abofeteado y, sin embargo, se reían, lo disfrutaban, éramos como sus masajistas”, ironizaba el artista.

Padre, hijo y madre: Darío Fo, el pequeño Jacopo y Franca

Apoyado, en un principio, por el Partido Comunista Italiano, el proyecto acabó fracasando a raíz de las desavenencias entre la ortodoxia de la izquierda y el anarquismo vitalista de Fo. Posteriormente, el matrimonio de artistas refundó su compañía bajo el nuevo nombre de La Comuna (de claras resonancias anarquistas), que hubo de adaptarse a las duras condiciones del teatro pobre, para extender así sus representaciones por cualquier local que se prestarse a admitirlos. El dramaturgo y su mujer -que procedía de una familia dedicada al teatro ambulante- diseñaban y construían sus propios decorados. Su osadía les llevó a ser perseguidos por la policía.

El texto de la obra y el anuncio de una de sus representaciones

En Muerte accidental de un anarquista (1970), el autor captó la atmósfera de la época en Italia (la violencia de la lucha armada de las Brigadas Rojas comunistas contra la autoridad del Estado), marcada por el terror hacia una fuerza policial armada y entrenada en secreto, fuera de control. Basada en una investigación sobre el supuesto “suicidio” del anarquista Giuseppe Pinelli, que saltó desde una ventana estando bajo custodia policial, Fo desnudó todo el sistema de corrupción policial y judicial italiano de los años 70. Un grupo fascista vinculado con la policía torturó y violó a Franca Rame en 1973. “Los tribunales han oído testimonios sobre cómo se brindaba en los cuarteles para celebrar esa violación, han oído nombres y detalles concretos; pese a ello, aquel terrorismo de Estado quedará impune: sumario cerrado”, sintetizaba Darío Fo refiriéndose a ese período de terror y persecuciones.

Otra de sus imperecederas obras maestras teatrales es Misterio Bufo (1969), cuyo contenido se nutre de monólogos críticos contra la sociedad, la clase política y la Iglesia. Y es que Fo, anarquista, rebelde y ateo («un ateo debe estar siempre atento a la filosofía de la vida»), fustigaba con especial saña y virulento sarcasmo a la Iglesia Católica.

https://www.academia.edu/34928681/Dario_Fo_Misterio_bufo_y_otras_comedias
Link para descargar “Misterio Bufo y otras comedias” en castellano

El Vaticano protagonizó una furiosa reacción (expresamente manifiesta en su órgano de comunicación oficial, L’Osservatore Romano) a las pocas horas de que el teatro de Fo recibiera el reconocimiento internacional de la Academia sueca con el otorgamiento del premio Nobel de Literatura en 1997, “por seguir la tradición de los juglares medievales, que se burlan del poder restituyendo la dignidad a los oprimidos”.

Darío Fo respondió en su discurso: “el mayor premio lo merecen los miembros de la Academia por tener el coraje de conceder este año el Premio Nobel a un bufón, soy el primer payaso en recibirlo; han querido homenajear a la gente de teatro”.

El Vaticano contra Darío Fo

Darío Fo se describía a sí mismo como descendiente y heredero de la cultura de los bufones, mordaz contra la autoridad y siempre atento a una ácida comicidad que, tras el disfraz de la burla, pone sobre la escena una dura denuncia contra quienes dirigen la sociedad. Las raíces de su teatro entroncan no solo con la más pura tradición juglaresca, sino también con los preceptos y las técnicas de la Commedia dell’Arte (teatro popular nacido a mediados del siglo XVI en Italia y conservado hasta comienzos del siglo XIX), la dramaturgia irónica del escritor francés Moliérè, y la agria rebeldía de otros autores contemporáneos como el poeta ruso Vladímir Maiakóvski y el alemán Bertolt Brecht; de este último lo separaba la apuesta que el autor italiano hacía por la presentación explícita del humor sobre las tablas, aunque ambos coincidían en la dureza de sus críticas contra los poderes establecidos.

Dario Fo: «Los políticos no me inspiran ninguna piedad»

Entre la producción dramática de Fo, también se destacan Il ditto nell’occhio (El dedo en el ojo, 1953), Settimo: ruba un pò meno (Séptimo: roba un poco menos, 1964); Ci ragiono e canto (Razono y canto, 1972), y la desenfadadamente subversiva comedia en dos actos Non si paga, non si paga (¡No se paga, no se paga!, 1974). En esta última la que se rebela es un mujer, Antonia, que, junto a otras congéneres de su barrio, en el momento de hacer la compra en el supermercado comprueba indignada que los precios han vuelto a subir otra vez más escandalosamente y deciden, uniendo el valor de todas y por una vez en su vida, rebelarse y llevarse los alimentos sin pagar.

Antonia vive con Juan, son un matrimonio maduro, acompañados en la obra Luis y Margarita, una joven pareja de amigos y vecinos; entre todos muestran las penalidades por las que atraviesa una sociedad en la que la desocupación y la inflación son los detonantes de una serie de movilizaciones y enfrentamientos entre la clase obrera y los empresarios, mientras los políticos y los sindicalistas piden tranquilidad y orden, aunque crezca la injusticia. La única alternativa que tiene el pueblo es la desobediencia civil.

Asimismo, es autor de otros títulos tan peregrinos como El hombre desnudo y el hombre con frac o El obrero conoce trescientas palabras, el patrón conoce mil, por eso él es el patrón. Otras obras de Fo son Tengamos el sexo en paz, Una noche cualquiera, ¡Pum, pum! ¿Quién es? ¡La policía! (1972), La tigresa y otras historias (1979), La mueca del miedo (1980), Trompetas y frambuesas (1981) -inspirada en el secuestro del primer ministro Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas-, Pareja abierta (1983), El Papa y la bruja (1989) y El diablo con tetas. También escribió un ensayo breve sobre arte dramático, titulado Manual mínimo del actor, que ha servido a varias generaciones de aspirantes.

El mundo artístico aprovechó el talento del autor italiano: “Los trucos del oficio”

Participante activo en numerosas luchas sociales, a los 74 años, en el 2000, Fo anunció su intención de participar en el escenario político y presentarse como candidato a la alcaldía de Milán. Sin embargo la coalición de centroizquierda Olivo acogió con frialdad la propuesta del dramaturgo y él renunció a su iniciativa.

Dos años más tarde publicó su primera novela, El país de los murciélagos (o cuentacuentos), un relato autobiográfico realizado en estrecha colaboración con su compañera Franca Rame. Si es cierto que en los primeros años se fragua la personalidad e intelecto de un individuo, es fácil atisbar el genio del Premio Nobel de Literatura en la sorpresa con que observa el cambiante mundo que le rodea durante sus primeros diez años de vida.

Fo creció cerca del lago Maggiore, en Porto Valtravaglia, un lugar habitado por los apodados «murciélagos», trabajadores de los grandes hornos de la vidriería o la cal, pescadores y contrabandistas que vivían prácticamente de noche. Ente ellos, los personajes más fascinantes y respetados eran los cuentacuentos y los fabuladores, gloria y orgullo del pueblo entero.

Y un año después, 2005, presentó en Roma El anómalo bicéfalo, una comedia política que convertía al presidente italiano Silvio Berlusconi en objeto de dura sátira. El estreno de esta obra en la capital italiana estuvo a punto de ser impedido por un grupo de alborotadores, y lo mismo ocurrió el día de su presentación en Milán.

Dario Fo en Argentina

El matrimonio Fo-Rame viajó a la Argentina en mayo de 1984, al estreno de Misterio Bufo, su obra maestra, en el teatro San Martín de Buenos Aires, monólogo interpretado por el propio Fo. Esa pieza satírica, en la que cuestiona el poder de la Iglesia y la mafia del Vaticano, encendió a los bárbaros de la derecha católica nacionalista. Un joven hizo estallar una granada de gas lacrimógeno en la sala al grito de “¡Blasfemo!” y hubo que suspender la función. Días después, un puñado de jóvenes católicos ofendidos silbaron y abuchearon la obra, pero el público salió a defender al autor italiano.

El escándalo de 1984 en la presentación de Fo y Rame en Buenos Aires

Paralelamente, Franca Rame interpretó en la Sala Casacuberta Tutta casa, letto e Chiesa (Casa entera, cama e iglesia), otro monólogo satírico de 1977 que hizo historia en el teatro, pero capaz de hablar e iluminar a generaciones de mujeres y hombres. Un texto que sigue manteniendo intacto su significado social y su fuerza cómica.

Se trata de una mujer que lo tiene todo dentro de su casa, vive según los estándares que ofrece la televisión, pero no cuenta con lo más importante, el respeto de parte de su marido y la confianza en sí misma. Descubre a una vecina a la que nunca había visto y le confía, en una narración tragicómica, su vida.

Darío Fo-Franca Rame: 59 años de amor y teatro

En una de las funciones, en la puerta del teatro, unos jóvenes se manifestaron con la bandera papal y carteles que decían: “Viva Cristo Rey”, “Quien ofende al Papa, ofende a Cristo”. Rompieron vidrios, hubo trompadas, cuatro heridos y seis detenidos. Luego de esta seguidilla, alrededor de 3 mil personas se concentraron para repudiar a estos jóvenes católicos antidemocráticos y apoyar al dramaturgo italiano.

Ambas obras fueron presenciadas por 200 mil espectadores.

Dario Fo-Lecciones de teatro-El gesto-Subtítulos en español

En 2004 estrenó en Módena un monólogo sobre el duomo de esa ciudad titulado El templo de los hombres libres: «una catedral construida por la voluntad del pueblo y no por la de la Iglesia o el rey. Comunismo total”, proclamó en el estreno al aire libre, frente a la iglesia.

En Darío y Dios, un libro de 2016 que es el resultado de una extensa conversación con la periodista y escritora italiana Giuseppina Manin, Fo –además de no renegar de su ateísmo y, en cierta forma, considerar a la deidad como “arisca”- define al papa Francisco como “un revolucionario, un Papa como no se había visto nunca. Ha hecho cosas que no hizo ningún otro. Es un hombre de una altísima honestidad moral y con gran coraje. Ha escrito una gran encíclica, Laudato si. Destaca el amor por los pobres que está en el Evangelio y, sobre todo, habla del otro Francisco, el del año 1200, el de Asis, un santo que he estudiado a fondo y que marcó el camino de lo que debe ser un religioso y la forma de recordar a Cristo. El Papa Bergoglio conoce muy bien ese mensaje”, decía entonces.

En ese mismo año apareció Lucrecia Borgia, la hija del Papa, hija de un Papa, tres veces casada, un marido asesinado, un hijo ilegítimo… todo en solo 39 años y en pleno Renacimiento. La suya fue una vida realmente increíble que sin duda alguna merece ser contada. Lo han intentado escritores, filósofos e historiadores. A modo de excepcional homenaje a su esposa Franca poco después de su muerte (en 2013), Dario Fo, alejándose de reconstrucciones escandalosas o puramente históricas, revela en esta novela toda la humanidad de la protagonista, liberándola del cliché de mujer disoluta e incestuosa y sumergiéndola en el contexto histórico y en la vida cotidiana de su época.

Reseña de “Lucrecia Borgia, la hija del Papa”, de Dario Fo

De esta forma, cuenta la fascinación de las cortes renacentistas con el Papa Alejandro VI, el más corrupto de los pontífices, y su diabólico hermano, César. También con los maridos de Lucrecia, expulsados, asesinados, humillados, y sus amantes, el primero de ellos el gran humanista Pietro Bembo, con el que compartía el amor por el arte, la poseía y el teatro. Todos ellos peones del despiadado juego del poder.

Acto final

El 13 de octubre de 2016, en el hospital Luigi Sacco de Milán, falleció el hombre que hizo del teatro y la risa un arma de lucha contra los poderes instituidos, Dario Luigi Angelo Fo. Tenía 90 años y siete meses cuando una enfermedad respiratoria interrumpió su permanente sonrisa y silenció sus estentóreas carcajadas.

Hasta el final, apeló a su agudo sentido del humor. Poco antes del epílogo de una vida plena de creación, y luego de que Turquía decidiera prohibir todas sus obras, estalló en risas al comentar el hecho en una entrevista con el diario La Stampa. “Es como si me hubieran dado otro premio Nobel”, dijo.

El presidente turco Recep Tayyip Erdoğan no solamente lo prohibió a él, sino que también había hecho bajar de escena obras de William Shakespeare, Antón Chéjov y Bertolt Brecht. “Estar junto a ellos es un honor. Esperemos que nadie le diga a Erdogan que soy el único vivo”, bromeó en su respuesta.

Fuentes: mubi.com; bibliotecavirtual.edu.ar; lecturalia.com; pagina12.com.ar; mcnbiografias.com; el confidencial.com; entreletras.eu; elmundo.es; lanacion.com.ar; laizquierdadiario.com; clarín.com; alohacriticon.com

 

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