«Tic… Tac… Tic… Tac…»

Escrito por Jenny A.M. Taller de Creatividad Literaria conducido por Norberto Landeyro. Para participar pueden contactarse a [email protected]

Cifras, guarismos, balances…
Del 0 al 9, simples números pero que generan múltiples combinaciones,
las que han condicionado la humanidad.

Como aves liberadas, han volado a través de la historia.
En sí, inocentes.
Nosotros las hemos vuelto nuestras implacables depredadoras.
Les hemos entregado el látigo y las riendas dejándolas manejar nuestras vidas.

¡Cuánta pobreza humana!
¡Cuánta falta de visión!
Nos hemos convencido de que cuantas más aves enjauladas tras fríos y custodiados barrotes,
más altos y mejores serán sus cantares.

Pero solo en sus míseros esclavos nos hemos convertido,
absorbiendo su identidad.
Nos dedicamos a enfrentarnos, consciente o inconscientemente,
unos contra otros.

El que más tiene no duerme pensando en cómo monopolizar más.
El que menos tiene mira y juzga exasperado al que más posee.
Sin entender ambos que en cada siglo hemos alimentado esas aves, alentando el consumismo.

Clavando una daga, silenciando el latir de la resistida pero vital austeridad.
¡Arrastrando e irrespetando el planeta entero en pos de esas codiciadas arcas!
Convenientemente, intentamos justificarnos cediendo nuestra responsabilidad a divisorios conceptos tales como Democracia, Autocracia, Cleptocracia, Corpocracia, Capitalismo, Socialismo, Comunismo y sus manipuladas ramificaciones.

Así, absortos, nos encojemos de hombros,
mientras esparcimos por el piso las migajas
que creemos que nos garantizarán más y mejores cantares.

O bajamos la cabeza,
abrazando, recolectando esas migajas teñidas de humillación.
Dividiéndonos deshonrosamente al final del día, entre víctimas y victimarios.

Somos lo que arrojamos.
Somos lo que comemos
Somos lo que permitimos.
Pero, qué buenos actores resultamos ser.
No es tiempo de hacer un mea culpa.
De esto no se vuelve.

Hemos encendido la mecha; tic.. tac… tic… tac…
Nos hemos trampeado, hasta el hartazgo mismo.

Ahora solo nos queda esquivar el círculo de balas que hemos creado.
Mientras caminamos juntos encadenados a nuestros tobillos
persiguiendo la propia “felicidad”,
tomando de la mano a esa ya contaminada descendencia.
Las aves siempre bajan a tomar agua.
Son parte de nuestro paisaje.

Si tan solo nos ocupáramos de ofrecerles diafanidad a su beber,
quizás algún día los aturdidos resultados hasta hoy conseguidos
nos perdonen y nos den la oportunidad de un mundo mejor.

¡Por favor!
Somos mucho más allá del 0 al 9.
Para pedir un cambio, hay que ofrecerlo.
Acaso, ¿no deberíamos dejar de manipular la Justicia
amparándonos bajo su manto
según nuestro ladino e individual concepto de ella?

Al fin y al cabo, solo nos llevamos de esta Tierra
lo que fuimos, generamos y provocamos.

Por: Jenny A.M.

 

 

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