Fātima Mernīsī, la escritora que nació en un harén

“El hombre moderno occidental aplica las teorías de Immanuel Kant del siglo XIX: para ser hermosa, la mujer tiene que parecer infantil y tonta”

Esta escritora marroquí ha sido una de las voces más relevantes de la intelectualidad del mundo árabe y una autoridad mundial en estudios sobre El Corán, el libro sagrado de los musulmanes. Fue también socióloga, historiadora y activista en favor del rol de las mujeres en el Islam, y dejó una enorme obra de cuatro décadas en la que se mostró como una luchadora incansable en la denuncia del control de la sexualidad femenina, como forma secular de marginación y subordinación de la mujer en el seno de sociedades marcadamente patriarcales, tanto en el ámbito islámico como en el occidental. En 2003 fue reconocida con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras “por haber desarrollado una obra literaria en varios géneros que, con profundidad de pensamiento y calidad estética, aborda cuestiones esenciales de nuestro tiempo desde una perspectiva complementaria en el diálogo de las culturas”. Solía ponerse un pañuelo, taparse un ojo o la boca o alguna parte del rostro cuando la fotografiaban, como prevención por sus opiniones radicales y polémicas.

Allá por los ’40

Fātima (o Fatema) Mernīsī (فاطمة مرنيسي, en árabe) nació en un harén de Fez, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos y capital cultural, el 27 de setiembre de 1940 en el seno de una familia adinerada, dueña de grandes extensiones de tierra y fiel a las tradiciones. Creció en un mundo de niños y mujeres cuya frontera vigilaba celosamente un portero llamado Ahmed.

La ciudad de Fez, capital cultural de Marruecos, cuna de Fātima Mernīsī

Su infancia fueron recuerdos de un patio cuadrado rodeado de columnas de mármol y azulejos, con una fuente en el centro. Cuatro enormes salones se abrían a este espacio: el de su familia, el de la abuela paterna, el de sus tíos y sus siete primos y, por último, la sala donde los hombres comían, escuchaban las noticias en la radio, cerraban negocios y jugaban a las cartas. En el piso superior habitaban las tías divorciadas y viudas con sus hijos. Todas las ventanas se abrían al patio. Ninguna daba a la calle.

En esta amplia vivienda cerrada al exterior no había eunucos ni esclavos ni bellas mujeres reclinadas voluptuosamente: el harén imperial otomano que ha llegado a Occidente a través de la pintura y las películas, desapareció en 1909. En su lugar quedó el harén doméstico como el que Fātima vivió en su infancia y describió más tarde en Sueños en el umbral. Memorias de una niña del harén (1994), su única obra narrativa y una de las más aclamadas por la crítica internacional.

La autora desgrana una serie de cuentos sobre la infancia y el despertar de una niña en un harén (en árabe, “espacio prohibido y protegido”) de Fez. El lugar es muy distinto al que nos evoca la imaginería oriental. En él conviven mujeres: madres, esposas, hijas, tías y abuelas que viven dentro de la casa, imposibilitadas de cruzar solas el umbral. De esta forma se despliega la vida de esa niña que poco a poco va entendiendo los poderes femeninos dentro de la vivienda y las diferentes formas de afrontar esa vida.

“Memorias de una niña en el harén”

Mernīsī nos muestra sus personajes con fantasías y sueños, incluido el «sueño en el umbral», el mundo masculino que se extiende más allá de esos muros y la historia de la pequeña enfrentada a los misterios del tiempo y el sexo durante la historia reciente del mundo musulmán.

Fatima recibe el premio del príncipe Felipe. Al lado, en la primera fila sobre el margen derecho, con otros premiados y miembros del jurado

Por toda su obra, pero especialmente por ésta, Fātima recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2003. Con el poder del encantamiento de las fábulas y la fuerza narrativa de las historias realmente vividas, “Sueños…“ es un puente tendido entre dos culturas: la europea y la magrebí (el Magreb es la zona noroeste de Africa del Norte). Esta mágica recreación de un mundo extinguido, en el que una niña se ve obligada a navegar entre fronteras para salvaguardar su futura integridad de mujer, adquiere universalidad en su exotismo gracias al hilo de plata con el cual la autora teje los innumerables cuentos y anécdotas del patio al que estaba confinada.

Una mujer decidida

Hija y nieta de mujeres analfabetas, Fātima Mernīsī habló solo el árabe hasta los veinte años. Decidida a traspasar, entre otras, la barrera del idioma, no solo aprendió varias lenguas sino que casi nunca escribió en la propia. Hasta la guerra del golfo Pérsico en 1991, lo hizo en francés. Desde entonces, con un sentido pragmático, continuó haciéndolo en inglés.

La joven marroquí en la Sorbona de París

Mernīsī se licenció en Cencias Políticas en Marruecos y prosiguió sus estudios con una beca en la Universidad de la Sorbona, en París. Más tarde obtuvo el Doctorado en Sociología en la Universidad de Brandeis (Boston, Estados Unidos) y, de vuelta en su país, pasó a ejercer como profesora en la Universidad Mohamed V de Rabat y se dedicó a la investigación en el Centre Universitaire de la Recherche Scientifique (Centro Universitario de Investigación Científica) de la capital marroquí. También en esa ciudad dirigía en esa época un Taller de Escritura.

La Universidad Mohammed V de Rabat, Marruecos

Al regresar a Marruecos en los años 70, Mernīsī se dio cuenta de que, más que convertirse en experta en su trabajo, lo que necesitaba primero era defender su derecho a estar plenamente en ese trabajo, y para ello tuvo que volver a revisar los textos coránicos.

Tras un minucioso estudio de las diferentes versiones de El Corán, Fātima lanzó su más célebre afirmación: el profeta Mahoma había sido un hombre feminista y muy progresista para su época, y no fue él sino otros hombres quienes empezaron a considerar a las mujeres como personas de segunda clase. Escribió El harén político con estas teorías, enfureció al régimen y el libro se convirtió en el único prohibido en Marruecos (todavía hoy), aunque en otros países musulmanes, como en Siria, obtuvo gran éxito.

Ella misma escribe en el prólogo: “Este no es un libro de historia. La historia sigue siendo una lengua de grupo, un relato que se prende con alfileres bajo cubiertas de oro y se exhibe en los rituales de autocongratulación. Este libro quiere ser un relato-recuerdo. Un deslizarse hacia los lugares en que la memoria flaquea, los datos se oscurecen, y los acontecimientos se difuminan lentamente, como en los sueños que nos dan fuerza”.

“Nací un harén de Fez, ciudad marroquí del siglo IX, cinco mil kilómetros al oeste de La Meca y mil kilómetros al sur de Madrid, una de las peligrosas capitales de los cristianos. Mi padre decía que con los cristianos, al igual que con las mujeres, los problemas empiezan cuando no se respeta la frontera sagrada o hudud. Yo nací en pleno caos, porque ni los cristianos ni las mujeres respetaban las fronteras”.

“El harén…” es un libro-navío que remonta los siglos para extraer de ellos un extraordinario alimento que hace crecer las alas y permite deslizarse hacia nuevos astros, hacia la época a la vez lejana y próxima del principio de la hégira, cuando el Profeta podía ser amante y dirigente hostil a las jerarquías y las mujeres, compañeras indiscutibles de una revolución que hacía de la mezquita un lugar abierto y del hogar un templo de contestación, tenían su sitio”.

“¡Icemos velas! Las del buque-recuerdo, pero, antes que nada, levantemos los velos de nuestros contemporáneos que maquillan el pasado para velarnos el presente”, escribía Fātima.

Una interpretación feminista de los derechos humanos en el Islam

El velo y la elite masculina (The veil and the male elite), publicado en 1987, fue otro de sus estudios censurados en Marruecos y en algunos otros países musulmanes. La socióloga marroquí fue también una de las primeras en decir públicamente que la educación de la mujer en los países en vías de desarrollo es el mejor anticonceptivo existente.

Suyo es uno de los primigenios estudios realizados a principios de los años 80 en el que se demostraba científicamente la correlación entre la alfabetización de la mujer y el índice de natalidad. En su Patria, por ejemplo, y tal como ella misma explica en su libro Marruecos a través de sus mujeres, de cinco hijos en las mujeres no alfabetizadas se pasaba a dos en las alfabetizadas. Sus investigaciones en este sentido han sido de gran utilidad para las comisiones especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La condición social de la mujer marroquí es develada por la reconocida socióloga y feminista en esta obra: ¿Cómo aparece Marruecos a través del discurso de las mujeres? ¿Se trata de un país familiar, es decir, el del discurso masculino, o es desconocido? ¿Cuáles son los puntos y sistemas de referencia del discurso femenino? En el prólogo la autora presenta su encuesta a mujeres de horizontes tan distintos como Batul Yeluna, nacida en un harén del que nunca salió sino para visitar a su hermana, que tenía la precaución de cerrar con llave la terraza -paraíso de las mujeres enclaustradas-, entregándosela a su padre mientras duraba la estancia de las jóvenes; o Aixa, la niña que a los doce años regresó a la aldea para contraer matrimonio, después de haber servido desde los siete en familias de la ciudad; o Habiba, analfabeta e inválida, quien ya superados los 40 años se lanzó a un viaje iniciático del que regresará confirmada en su vocación de vidente.

En El poder olvidado. Las mujeres ante un Islam en cambio, recopiló una serie de artículos escritos en los años 80 y principios de los ‘90 que intentaban responder, desde diferentes ángulos, la pregunta que la obsesionaba por aquel entonces: ¿por qué los Estados Arabes son tan hostiles a las mujeres? ¿Por qué no las pueden ver como fuerza motriz del progreso? ¿Hasta cuándo los políticos árabes mantendrán vivo el sueño de la mujer obediente, modesta y resignada con la cabeza caída como víctima, cuando ellas no solo han dejado de vivir sus roles tradicionales sino incluso han abandonado las fantasías tradicionales de los hombres?

“No comprendí el misterio de la hostilidad estatal hacia la mujer -afirmó Fātima en una ocasión- hasta que estalló la guerra del golfo Pérsico. Fue entonces cuando se vio claramente que no se trataba de una guerra contra la femineidad, sino de una guerra contra la democracia”.

In memoriam Fātima Mernīsī, por Maria-Àngels Roque (2017)

Mernīsī compaginaba sus múltiples actividades en Marruecos con su trabajo como escritora y las incontables invitaciones que recibía de todo el mundo para dar conferencias y presentar sus libros (toda su extensa obra ha sido traducida a varios idiomas y muchos de sus títulos son textos obligatorios en el ámbito universitario).

Su entusiasmo, como su risa, era una de sus características más destacadas. Tenía una extraña capacidad para asumir todo con imbatible ánimo, para convertir una derrota en un triunfo. Como, por ejemplo, el tema de su imagen. Ella procuraba no salir en televisión y pocas veces se dejaba retratar en los diarios y revistas de manera que su rostro fuera reconocible: acostumbraba a ponerse un pañuelo o a taparse un ojo o la boca o alguna parte de la cara, por temor a posibles represalias dadas sus posturas radicales y comprometidas.

Sin duda, ésta era una medida de prudencia más que necesaria para los tiempos que corrían… y aún corren. Pero Fātima se negaba a admitir esa limitación de su libertad, el reconocimiento de la presión de los integristas musulmanes, y prefería decir que le gustaba mantener el anonimato para poder investigar mejor y no ser reconocida por la calle y que al retratarse de esa forma estaba construyendo un símbolo de la situación de la mujer árabe, que no era –ni lo es- del todo libre para hablar, ver y ser, a la vez que convertía sus retratos en una parte más de su lucha y de su mensaje.

En septiembre de 2003 visitó Barcelona, donde, invitada por el ayuntamiento, leyó el pregón de las Fiestas de la Mercè (la fiesta mayor de dicha ciudad que se celebra cada año el 24 de septiembre, día de la Virgen de la Merced y dura una semana), que tituló El cowboy o Simbad. ¿Quién vencerá en la globalización?

Un mes más tarde, recibía en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras junto con la escritora estadounidense Susan Sontag. Para ella, el hecho de compartir el premio con esta última era todo un símbolo de diálogo entre civilizaciones. Coincidiendo con la entrega del galardón, llegó a la ciudad una caravana cívica en la que participaron ex presos políticos y artistas; para la ocasión, Mernīsī escribió el libro Los Simbads marroquíes. Guía para turistas cívicos.

Dra. María Reyna Carretero Rangel-Seminario Fātima Mernīsī

Su incansable activismo, el rigor extremo de sus estudios sobre el Corán y la originalidad de sus tesis feministas han convertido a Fātima Mernīsī en una de las más importantes intelectuales del mundo árabe.

Autora de obras de referencia como Sexo, ideología e Islam (1975) o Las Sultanas olvidadas (1990), que han sido traducidas a una veintena de lenguas, a diferencia de la mayor parte de sus colegas de los países musulmanes, no vivió sus últimos años en el exilio sino en Rabat.

En el primero de ellos, su obra inaugural además, su análisis sobre las relaciones entre la ideología sexual, la identidad de género y el status de la mujer en el Islam, supone un hito de singular valía en la historia del pensamiento contemporáneo. En “Las sultanas…”, en tanto, con la gracia y la fuerza narrativa que la caracterizan, recorre 15 siglos del Islam y muestra esas mujeres sobre las que se ha tendido el velo del olvido: quince reinas dignas de “Las mil y una noches”, que acuñaron moneda y llegaron a ejercer el máximo símbolo del poder en las sociedades mahometanas: que en la plegaria del viernes en la mezquita se dijera su nombre.

Algunas murieron asesinadas, otras no dudaron en deshacerse de sus enemigos políticos con métodos que habrían ruborizado al mismísimo Maquiavelo y hubo también quienes se dedicaron a la piratería al perder sus territorios. Del Al Andalus a la lejana Indonesia y del norte del Mediterráneo a su orilla sureña, las vidas de estas quince mujeres poseen algo en común: se hicieron cargo del poder cuando nadie más tenía respuestas.
Dos textos de un valor histórico y sociológico enorme…

Su prestigio la llevó a reunirse con distintas personalidades: aquí con Hillary Clinton

Fātima Mernīsī no se casó nunca y no tuvo hijos. Convertida en una intelectual de prestigio internacional, jamás frenó su inagotable actividad y siempre se movió entre la tradición y la modernidad. Pionera del feminismo musulmán, estaba convencida de que las Sagradas Escrituras habían sido malinterpretadas por hombres autoritarios que apoyaban su misoginia con argumentos religiosos malentendidos, e investigó los orígenes de esta aversión.

De izq. a der.: Sadik al-Azm de Siria, Abdulkarim Soroush de Irán y Fātima Mernīsī de Marruecos luego de compartir el Premio Erasmo en Países Bajos en 2004. Tres enormes batalladores por la comprensión del islamismo

Brillaba por sus escritos, por las posturas que tomaba, por su valentía, su compromiso y su contribución a la emancipación de las mujeres musulmanas, y ha formado a varias generaciones en la crítica, el análisis, el rigor. “Mi arma, pacífica, es la comunicación”, aseguraba.

Contra el destino que la marcó desde el nacimiento, ella flameó por sobre las reglas musulmanas tradicionales y dejó un legado testimonial invalorable para ayudar a interpretar un mundo casi desconocido para Occidente.

Fātima Mernīsī falleció el 30 de noviembre de 2015. Tenía 74 años y había padecido en los últimos tres una enfermedad que finalmente apagó su estentórea voz. Una de sus amistades dijo en la ceremonia de despedida: Inna lilahi wa inna ilaihi raye’un (en árabe, “de Dios somos y hacia Dios regresamos”)…

 

 

Fuentes: lecturalia.com; mugak.com; amazon.com; siempre.mx; lematin.ma; elpais.com; fatemamernisi.com; mujeresparapensar.com; laizquierdadiario.com; literafricas.com; Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Fátima Mernissi». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona, España, 2004.

 

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