Margaret Atwood, la matriarca del feminismo

“Las mujeres no son ángeles. Pero ese no es un motivo para no darles sus derechos. A los hombres no se les pide que sean ángeles para dárselos”

Esta notable poeta, novelista y crítica canadiense figura entre los escritores de su país con mayor reconocimiento internacional. Doctorada en la Universidad de Toronto y luego en Harvard, ejerció la docencia en diversas instituciones de su país, EE.UU. y Australia hasta finales de los ‘80. Su carrera literaria comenzó tempranamente y desde entonces su obra no cesó de crecer: poesía, novelas, colecciones de relatos breves, ensayos de crítica y literatura para niños componen su bagaje. Recibió doctorados honoríficos de varias altas casas de estudio en todo el mundo y numerosos premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras. Es considerada por muchos como una de las más importantes literatas feministas, debido a que algunas de sus más exitosas obras están basadas en ese tema. Su novela “El cuento de la criada” es una referencia a nivel mundial: causó gran impacto por su temática y la cruda manera de mostrar la discriminación hacia las mujeres y fue llevada a la televisión, actualmente con enorme suceso.

El comienzo

Margaret Eleanor Atwood nació en Ottawa, Canadá, el 18 de noviembre de 1939. Es la segunda de los tres hijos de Carl Edmund Atwood, zoólogo, y Margaret Dorothy William, nutricionista. Debido a la investigación que llevaba a cabo su padre sobre entomología forestal, pasó gran parte de su infancia entre el norte de Quebec, Ottawa y Toronto.

Margaret y su padre, Carl Atwood, a principios de la década de 1940

Carl era consultor de políticas públicas y se ocupaba de regular áreas naturales; fue uno de los impulsores del parque forestal de Quetico, en Ontario, donde la familia solía pasar algunas temporadas. Era precursor del conservacionismo: hablaba de problemas del clima y el desarrollo ya en los años 50.

Margaret pronto se convirtió en una ávida lectora de todo tipo de literatura, desde novelas de misterio, hasta cuentos de los hermanos Grimm, historias sobre Canadá y comics. Su educación comenzó en el Leaside High School, en un elegante barrio de Toronto.

Margaret en la Universidad de Harvard

Empezó a escribir a los 16 años. En 1957 inició sus estudios terciarios en la Universidad de Victoria, en la que cinco años después obtuvo la Licenciatura en Filología Inglesa, con estudios adicionales de Francés y Filosofía. Ese mismo año ingresó en el Raddiffe College de la Universidad de Harvard, en Massachusetts, EE.UU., para realizar un posgrado gracias a la beca de investigación Woodrow Wilson.

El Raddiffe College de la Universidad de Harvard

Con respecto a su estancia en el principal centro mundial de estudios, aseguró en una oportunidad que “la localidad de Cambridge, donde se halla Harvard, fue fundada en 1636 por los puritanos. Al principio constituía una colonia de Inglaterra y también una teocracia, mucho antes de que fuera aprobada la Constitución de los Estados Unidos. Yo fui allí en 1961. No había profesoras en el departamento de Literatura Inglesa, y en algunas bibliotecas solo podían trabajar hombres. Tampoco había hippies, ni feministas, ni computadoras, eran los viejos tiempos. Todo eso cambió en la década de los ‘60”.
Se ha dicho que algunos aspectos de su estadía en Harvard resuenan en casi toda su obra literaria.

Primeras poesías de Atwood

Margaret tuvo como profesores en Canadá a Jay Macpherson y Northrop Frye, que encaminaron su poesía inicial -“Double Persephone” (Doble Persefone, la reina del Inframundo en la mitología griega, hija de Zeus y Demeter, y esposa de Hades)- hacia el tema de los mitos y los arquetipos. Por esa publicación obtuvo la Medalla E.J. Pratt que otorga la Universidad de Toronto.

En 1968 se casó con Jim Polk, de quien se divorció en 1973. Luego, contrajo matrimonio con el novelista Graeme Gibson, con quien se mudó a Ontario, al norte de Canadá y en 1976 tuvieron a su única hija, Eleanor Jess. Volvieron a Toronto en 1980.

La obra

Atwood ha escrito novelas de diferentes géneros, ensayos, relatos y libros de poemas. En 1969 publicó “La mujer comestible” (The Edible Woman), en la que se hizo eco de la marginación social femenina.

Es un libro que trata la femineidad y el rol de la mujer en los años 60. La protagonista, Marian, empieza a experimentar un desprecio irracional por la comida, a partir de que le proponen matrimonio; a la vez conoce a alguien que la hará recapacitar sobre la idea de casarse. Es un relato fascinante, envuelve en la historia de manera rápida y divertida. Es muy fácil conectar con los personajes, especialmente con el principal, que piensa y se cuestiona acerca de su rol como mujer. Ella no quiere casarse y pasar a ser un adorno para que su marido pueda presumir con sus amigos. Es a partir de esta circunstancia que inicia un viaje hacia el autodescubrimiento.

Al año siguiente, en “The Journals of Susanna Moodie” (Los diarios de Susana Moodie), su siguiente libro de poesía, los personajes tienen dificultades para aceptar lo irracional. Esta quizá sea su obra poética más conocida e importante; en ella, escribe desde el punto de vista de Moodie, una destacada escritora británica, pionera de la colonización de la frontera canadiense del siglo XIX.

La pionera canadiense Susanna Moodie

A pesar de todas las virtudes de los poemas individuales, gran parte de la fuerza del libro se deriva de su efecto acumulativo, de la estrecha interconexión y entrelazamiento de los poemas cuando Atwood presenta su versión modernizada de la experiencia de Susanna. El libro deriva su forma y cohesión, por supuesto, de la propia personalidad de Moodie mientras Atwood rastrea el cambio, el crecimiento y el desarrollo en la respuesta de Moodie a la nueva tierra. Pasa de su alienación inicial a su actitud al final donde, como explica la autora en el epílogo, «Susanne Moodie finalmente se ha convertido en el espíritu de la tierra que una vez odió».

Cómo crear historias combinando piezas de Lego según Margaret Atwood

Todos los poemas de Margaret Atwood son –además- un fiel reflejo de la problemática identidad cultural que Canadá, dividido entre una cultura de habla anglosajona y otra francófona y con pretensiones independentistas.

Como crítica literaria es muy conocida por su obra “Survival: A Thematic Guide to Canadian Literature” (Supervivencia: una guía temática de la literatura canadiense), de 1972, definida por algunos especialistas como el libro más asombroso escrito sobre la materia, que consiguió aumentar el interés en el tema en su país.

Es un manifiesto y una colección de comentarios personales y subversivos en los que comienza preguntando: “¿Cuáles han sido las preocupaciones centrales de nuestra poesía y ficción?” Su respuesta es doble: “supervivencia y víctimas” y aplica esta tesis en doce capítulos brillantes, ingeniosos y apasionados.

Desde Susanna Moodie a John Hugh MacLennan y a Marie-Claire Blais, desde Edwin John Pratt a Alfred Wellington Purdy y a John Newlove, desde Dave Godfrey a Graeme Gibson, ilumina libros familiares en perspectivas completamente nuevas. Los temas son: supervivencia; la naturaleza; el monstruo; víctimas animales; pueblos primitivos (indios y esquimales); totems ancestrales (exploradores y pobladores); retrato de familia: máscaras del oso; sacrificios fallidos (el inmigrante reacio); el incidente casual de la muerte; el artista paralizado; mujeres de hielo versus madres de tierra y Quebec: mansiones en llamas.

También en 1972, publicó “Surfacing” (Resurgir), singular y penetrante relato de una dolorosa lucha interior. Una artista canadiense, divorciada y sumida en una profunda crisis de identidad, regresa con su novio Joe a la cabaña familiar en un lago al norte de Quebec. Los acompañan una pareja de amigos, David y Anna, que tratan de escapar del bullicio urbano buscando el sosiego de la naturaleza salvaje. Pero para la narradora, el viaje tiene otro objetivo: encontrar a su padre, un botánico taciturno y solitario desde que enviudó; trabaja para una papelera y ha desaparecido misteriosamente. Los siete días de convivencia en la cabaña, intentando hallar al desaparecido, no solo le descubren el trasfondo de sus acompañantes, sino que aprovecha para formularse en términos políticos el conflicto entre naturaleza y tecnología.

La novela original de Atwood y su propia adaptación a la televisión en 2017

Ha escrito además guiones para televisión, como “The Servant Girl” (La sirvienta-1974), un tema que retomaría más tarde, en 1986, con la novela “Alias Grace” luego llevada a la televisión. En ambas invita a compartir la vida íntima de Grace Marks, una de las figuras femeninas más populares del siglo XIX en Canadá. Construye una obra coral que se adentra en las complejidades y pulsiones del alma humana y reconstruye con fidelidad y maestría los claroscuros y las paradojas de la sociedad conservadora del siglo XIX. Es una historia subyugante en la que la imagen de los quilts (telas de retazos originarias de Escocia e Irlanda) simboliza en forma certera la multiplicidad de caras de “Alias Grace” y las verdades que ésta ejemplifica.

La actriz Sarah Gadon como Grace Marks, la protagonista

En julio de 1843, Grace Marks, de dieciséis años, es declarada cómplice de participar en los asesinatos de Thomas Kinnear, a cuyo servicio trabajaba como empleada doméstica, y de Nancy Montgomery, ama de llaves y amante de Kinnear, y condenada finalmente a cadena perpetua. En la conmoción causada por estos hechos terribles, hay división de pareceres: unos consideran a la mujer inocente, mientras que otros sostienen que es una persona malvada o, tal vez, que ha perdido la razón; por su parte, Grace insiste en que no recuerda nada de lo sucedido.

The Old Kinnear Place (El viejo domicilio de Kinnear), donde se cometieron los asesinatos el 29 de julio de 1843

Años más tarde, un grupo de reformistas y espiritistas que pretende obtener el indulto de la muchacha, contrata al doctor Simon Jordan, una eminencia en el floreciente campo de la psicopatía. A partir de las nuevas técnicas empleadas en Europa, el joven médico entrevista a la reclusa quien le relata los pormenores de su historia, desde su infancia en Irlanda y sus años de pobreza y marginalidad en el Canadá Occidental, acercándose poco a poco al momento que asegura no recordar. En su empeño para interpretar la confesión de Grace, el doctor Jordan irá develando los luctuosos sucesos de aquel día y dictaminará si Grace Marks es en verdad una femme fatale o, simplemente, una víctima de las circunstancias y los prejuicios sociales dominantes.

Feminista y algo más

Margaret Atwood es una escritora feminista, ya que el tema del género está presente en algunas de sus obras en forma destacada. Se ha centrado en la identidad canadiense, en las relaciones de su país con los Estados Unidos de América y Europa, en los derechos humanos, en asuntos ambientales, en los páramos canadienses, en los mitos sociales sobre la femineidad, en la representación del cuerpo de la mujer en el arte, en su explotación social y económica, así como las relaciones de las mujeres entre sí y con los hombres.

Margaret Atwood en el 2006

Entre otros hitos de su militancia en este sentido, en el año 2000 donó el dinero del galardón “Booker Price”, uno de los más prestigiosos de habla inglesa, 50 mil libras esterlinas, para colaborar con causas ambientales. Además, ayudó a lanzar la carrera de la poeta Carolyn Forche cuando los editores estadounidenses rechazaron su poesía sobre la Guerra Civil en El Salvador.

Es miembro del organismo de derechos humanos Amnistía Internacional (Amnesty International) y una de las personas que presiden BirdLife International (La Vida de los Pájaros Internacional), la mayor organización proteccionista mundial en defensa de las aves.

También en 2018 grabó un mensaje para la Argentina: «No aparten la mirada de las miles de muertes que hay cada año por abortos ilegales. Otórguenles a las mujeres argentinas el derecho a elegir. Fuercen partos si ustedes quieren, pero por lo menos llamen a lo forzado por lo que es. Es esclavitud, es reivindicar, poseer y controlar el cuerpo de otra persona, y sacar provecho de eso».

Y al año siguiente escribió el prólogo para el libro “Somos Belén”, de la periodista y feminista argentina Ana Correa, que reconstruye el caso de una joven tucumana que pasó veintiocho meses en prisión por un aborto espontáneo.

La más famosa

El reconocimiento de la crítica y el público le llegaría en 1986, cuando Margaret Atwood publica “El cuento de la criada” (The Handmaid’s Tale), quizá su novela más célebre. Es una extraordinaria distopía -sociedad imaginaria bajo un poder totalitario o una ideología determinada-profundamente feminista al mejor estilo de “1984”, de George Orwell. La protagonista, Defred (Offred, en inglés la unión de of fred, ‘que pertenece a Fred’), que narra en primera persona sus experiencias en la república de Gilead, una suerte de teocracia basada en la interpretación textual del Antiguo Testamento. La vida allí es siniestra. Se trata de una sociedad represiva y puritana en la que cualquier intento de disidencia es castigado con la muerte. Todos los ciudadanos están constantemente vigilados por los Ángeles (las fuerzas de seguridad) y los Ojos (espías), por lo que el terror es constante.

En Gilead se despoja a las mujeres de todo derecho, no solo sobre su cuerpo sino también sobre su vida. Defred es fértil en un mundo donde cada vez nacen menos niños, por lo que es considerada un objeto de lujo y, por lo tanto, es entregada como criada a una familia poderosa (el Comandante y su esposa) para que, de esta manera, conciba un hijo para ellos. Si queda embarazada (algo altamente improbable porque la mayoría de los comandantes son estériles) deberá entregar su hijo a la pareja y volver a ponerse a disposición de otra familia. Y así sucesivamente.

Un humor cruel

La vida de la protagonista es monótona y vacía. Su única distracción es salir a comprar víveres junto a su compañera, otra criada llamada Deglen, y, durante el viaje de vuelta, observar los cuerpos colgados en el Muro de los Ajusticiados del día. Una vez al mes tiene lugar lo que llaman La Ceremonia, es decir, el extraño acto sexual mediante el cual, junto al Comandante y su esposa, la cruel Serena Joy, intenta concebir el tan ansiado hijo.

Mediante numerosos flashbacks (escenas del pasado), Defred recrea su vida anterior a Gilead, similar a la de cualquier otra mujer de nuestra época con un trabajo, una familia y una hija. Es precisamente a través de esos recuerdos como la autora consigue alertar.

Porque, de esa manera, puede comprenderse que ese futuro distópico que se muestra no es tan improbable como parece; que, por muy asentados que estemos en una sociedad más o menos justa e igualitaria, siempre está el peligro de que las cosas cambien y que lo hagan para peor. La misma autora lo narra en el prólogo de la obra: «Los cambios pueden ser rápidos como el rayo».

Margaret Atwood habla sobre los gobiernos autoritarios
 

Otro de los aspectos destacables de “El cuento de la criada” es el tono de cruel ironía que la escritora utiliza a lo largo de toda la narración. Defred se resiste a ser pisoteada por la máquina represora de la república de Gilead. Aunque de cara al exterior se comporte como la plácida y pasiva esclava sexual que le corresponde por su condición de criada, hay algo irreductible en ella, un odio y una rebeldía que, paradójicamente, es lo que la mantiene viva. Y esa actitud disidente la muestra Atwood de forma magistral, con un sentido del humor desesperanzado y amargo, característico de las personas que lo han perdido todo.

La censura

Recientemente, la Asociación Estadounidense de Bibliotecas definió “El cuento de la criada” como “uno de los libros más cuestionados y prohibidos en las escuelas” de ese país. La respuesta de la escritora canadiense y de la editorial que posee los derechos de la obra no se hizo esperar: “creamos una edición limitada. Penguin Random House presenta un libro «inquemable», solo un ejemplar, una edición a prueba de fuego impreso en papel resistente a las llamas y con una cubierta que retarda la acción del fuego. Porque las palabras poderosas nunca deben ser extinguidas. “

Atwood con 82 años en la presentación del libro “inquemable”

La famosa casa de remates Sotheby`s de Nueva York subastará la obra, cuyo precio de base es de 40.000 dólares. El dinero que se reúna será donado a Pen América, organización sin fines de lucro que trabaja para defender y celebrar la libre expresión en los Estados Unidos y en todo el mundo a través del avance de la literatura y los derechos humanos.

La imagen de la de las criadas de la portada del libro de Atwood vestidas con tocas blancas y capas rojas, se convirtió en un ícono de la lucha feminista.

El suceso televisivo

Esta obra de Atwood ha sido adaptada como miniserie para la televisión, y desde su estreno en Netflix en 2017 se ha convertido en un verdadero suceso mundial, cuya quinta temporada está previsto estrenarla en setiembre de 2022. También se pueden ver los segmentos anteriores por Flow.

Margaret Atwood con la actriz Elisabeth Moss durante la filmación

En la pantalla, Elisabeth Moss es la encargada de dar vida a la protagonista, Offred, acompañada por Joseph Fiennes como el Comandante e Yvonne Strahovski interpretado a su esposa, Serena. Completan el reparto Samira Wiley, Max Minghella y O.T. Fagbenle, entre otros; todos ellos bajo la dirección de Reed Morano.

Más obras

En el año 2000 obtuvo el prestigioso Premio Booker por otra novela, “El asesino ciego” (The blind assassin), un relato de estructura compleja en el que la autora superpone géneros y recursos narrativos para recorrer el siglo XX a través de la historia de la familia Chase.

Poco después de que la Segunda Guerra Mundial haya llegado a su fin, un coche se despeña por un puente y fallece una joven llamada Laura Chase. A pesar de que el trágico suceso se presenta a la opinión pública como un accidente de tránsito, dada la importancia del apellido familiar de la víctima fatal con toda probabilidad se trata de un suicidio. Tiempo después, su hermana Iris, ya anciana, evoca el pasado con la distancia y el escepticismo de quien no tiene nada que perder.

Su mirada lúcida e irónica se pasea por los salones poblados de sedas, gasas y plumas de avestruz. Contempla las huelgas, los cierres de fábricas y el idealismo de los jóvenes comunistas; los viajes en lujosos transatlánticos y los encuentros en sórdidas pensiones.
Y al recordar, arranca máscaras, descubre la relación que la unía con su hermana Laura y los hechos que marcaron el destino de ésta, observa las consecuencias de sus actos de juventud y busca, sobre todo, justicia, develar la verdad y con ella encontrar el amor y el perdón.

Dentro de la novela de Atwood aparece otra novela escrita por una de las protagonistas, que a su vez contiene una nueva narración, reconstruyendo la historia de una millonaria dinastía marcada por episodios oscuros y turbios.

La obra literaria de Margaret Atwood es cátedra en México
 

En el año 2005, publicó “Penélope y las doce criadas” (The Penelopiad), novela que es una valiente reelaboración del mito de Penélope, esposa de Odiseo y símbolo por excelencia de la fidelidad conyugal a lo largo de los siglos.

En el relato homérico, tras la marcha de Odiseo a la guerra de Troya, Penélope se las compone -mientras teje y desteje incansablemente su tapiz- para conservar el reino de Itaca, criar a su hijo descarriado y mantener a raya una caterva de pretendientes.

Cuando, al cabo de veinte años, Odiseo regresa a casa tras superar un sinfín de contratiempos, enfrentarse a seres monstruosos y acostarse con diosas, mata a los pretendientes de Penélope y, curiosamente, también a doce de sus doncellas.

En una espléndida vuelta de tuerca al mito antiguo, Margaret Atwood decidió contar su versión de Penélope y sus criadas ejecutadas. Sabio, poético y lúdico a un tiempo, el resultado es un retablo deslumbrante y turbador que presenta una dimensión desconocida de la abnegada esposa de Odiseo y ofrece una atrevida interpretación de un antiguo mito y misterio.

Y en 2019 apareció “Los testamentos” (The Testaments). Si en “El cuento de la criada” la narradora era Defred, en esta segunda parte hay tres voces en primera persona: Agnes, una niña nacida en Gilead; Daisy, una jovencita que vive en Canadá, desde donde protesta contra la dictadura del país vecino; y la anciana tía Lydia, ideóloga del sistema reproductivo de la teocracia e instructora de un ejército de tías, mujeres sin descendencia, a medio camino entre terroríficas monjas católicas y agentes de la KGB soviética, que velan por la estabilidad del régimen.

Hay aquí menos descripciones, menos ‘flashbacks’ y mucha más trama para que encajen todas las piezas, giros dramáticos que arrastran al lector con un vértigo de “thriller”, en ocasiones en detrimento de la hondura. Un solo personaje, el de Daisy, la adolescente canadiense, plantearía alguna objeción. En cambio, el de Tía Lydia sobresale como un prodigio de construcción en sus claroscuros, en sus reflexiones sobre el mal y la tiranía, en sus frases memorables («los molinos de los dioses muelen lentamente, pero muelen fino»). Con ella Atwood brilla en todo su esplendor.

Si la magia de penetrar en el universo claustrofóbico e intacto de Gilead resultaba más deslumbrante en “El cuento…”, el mensaje de “Los testamentos” sigue siendo el mismo: cuidado con bajar la guardia. La libertad es lucha.

La actualidad

En el transcurso de un año, 2018, un equipo de filmación tuvo acceso exclusivo a la escritora y su compañero de vida, Graeme Gibson, mientras la pareja viajaba a dar conferencias en todo el mundo, donde Atwood fue recibida por multitudes de todas las edades. En el documental se puede apreciar el trabajo de Margaret mientras completa los capítulos finales de “The Testaments” en aviones, barcos y en la ruta. La cámara la acompaña al set de filmación de la miniserie “El cuento de la criada”, donde se encuentra con Ane Crabtree, la diseñadora de las túnicas color rojo sangre que ahora usan los manifestantes de todo el mundo, y la actriz principal Elisabeth Moss.

La película profundiza en la historia de fondo de Atwood: su infancia en la naturaleza canadiense, sus primeros días en Harvard y cómo conoció a Gibson y escribió “El cuento de la criada”.

Graeme Gibson y Margaret Atwood, poco antes de la muerte del escritor

Las historias son compartidas por sus amigos y familiares más cercanos y, obviamente, por la propia autora.

Sus principales obras también se exploran y entrelazan a lo largo del filme, que fue estrenado en 2019, revelando los factores personales y sociales que influyeron en su escritura. Su poesía y prosa son leídas por la actriz Tatiana Maslany.

A los 82 años, Margaret Eleanor Atwood sigue siendo una militante entusiasta de las causas que considera justas. No la detienen ni la edad ni el hecho de preservar la fama que ha ganado. Recientemente le preguntaron en una entrevista por la novela “Los testamentos”, en la que alterna voces de mujeres de distintas, cuál de esas voces le había resultado más fácil y la más difícil de escribir. Ella contestó con el sentido del humor que la caracteriza: “La más fácil fue la de la mujer mayor, porque de forma natural me sale ser una vieja malvada.”

El mundo necesitaría muchas de estas «viejas malvadas», aunque es indudable que Atwood tiene una potencia arrolladora. Ella sola es capaz de sacudir prejuicios y embestir contra la injusticia.

 

Fuentes: lecturalia.com; lavanguardia.com; actualidadliteratura.com; tiempoar.com.ar; mcnbiografías.com; biografías y vidas.com; gatopardo.com; frasesdelavida.com; trabalibros.com; Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Margaret Atwood». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea.

 

 

 

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