Guillermo Cabrera Infante, el hijo “maldito” del comunismo

“Mi biografía la escribe Fidel Castro”

Polémico e irreverente, este brillante escritor cubano, exiliado desde 1965 en Londres luego de su ruptura con el régimen de Fidel Castro, al que apoyó en los primeros años de la Revolución en la isla caribeña, es considerado como uno de los referentes en la literatura contemporánea. Integrante del grupo de narradores que conformaron el llamado “boom” hispanoamericano de las letras, dedicó su obra a denunciar la realidad de Cuba en tiempos del comunismo y exaltó permanentemente su añoranza en particular por La Habana, a la que llamó “el centro de mi universo”. En 1997 fue galardonado con el Premio Cervantes, máximo honor de la lengua española, a raíz de una obra de notable calidad.

El comienzo

Guillermo Cabrera Infante nació en Gibara, un pueblo pesquero de la provincia de Oriente, Cuba, el 22 de abril de 1929. Hijo mayor del matrimonio compuesto por los militantes comunistas Guillermo Cabrera y Zoila Infante, ya desde pequeño -a los siete años- vivió en carne propia lo que significaba comprometerse políticamente al quedar arrestado junto a su familia por orden del gobierno del dictador Fulgencio Batista, a raíz de la decisión de sus padres de fundar el Partido Comunista en la provincia natal.

Años después, en 1941 abandonaron esa región y se trasladaron a La Habana donde empezó a escribir, por lo que abandonó sus estudios de Medicina y comenzó a trabajar en diversos oficios; en 1950 ingresó en la Escuela de Periodismo de Cuba.

Cabrera Infante manejando junto a los cineastas Almendros (der.) y Gutiérrez Alea, en Cuba en 1955

En 1951 fundó la Cinemateca de su país junto a Néstor Almendros y Tomás Gutiérrez Alea, y la dirigió hasta 1956. Trabajó como crítico de cine con el seudónimo de G. Caín (tomado de su nombre) desde 1954, en el semanario “Carteles”, del que tres años más tarde fue Jefe de Redacción.

En 1953 se casó con Marta Calvo, con quien tuvo dos hijas, Ana y Carola. Años más tarde, en 1961, contraería matrimonio con la actriz cubana Miriam Gómez, quien lo acompañaría hasta su muerte.

El escritor (izq.) y al lado su primera esposa, Marta Calvo

En 1959, tras el triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, fue nombrado director del Consejo Nacional de Cultura y, a la vez, subdirector del diario “Revolución”. Poco después llegó a ser director del magazine cultural “Lunes de revolución”, desde la fundación hasta su clausura en 1961.

Cabrera Infante fue uno de los primeros escritores isleños que, a pesar de apoyar la revolución de Castro, se dio cuenta posteriormente de que nada era igual a lo que se había prometido. Como encargado del Suplemento Literario en el diario, produjo el documental “P.M.” (Pasado Meridiano) de 12 minutos realizado entre otros por su hermano Sabá y Orlando Jiménez Leal, que describía las maneras de divertirse un grupo de habaneros un día de finales de 1960; el diario fue cerrado…

Había terminado la «luna de miel» de Fidel con los pensadores, pues el 30 de junio del mismo año en «Palabras a los intelectuales», el líder cubano dijo: «Dentro y a favor de la Revolución, todo, contra la Revolución, nada”.

Varios fueron los sucesos que hicieron progresivo su rompimiento con el régimen cubano e inexorable su camino de 40 años de exilio después de lo sucedido con “P.M”: el ostracismo interior al que fue sometido Virgilio Piñera, las sanciones a otros escritores y artistas contemporáneos («Caso Padilla»), los juicios públicos, suicidios precedidos por el pánico, encarcelamientos y diversas intimidaciones a la libertad individual, fruto de la política cultural del llamado «quinquenio gris» castrista (1971-1975).

Prontamente el destino del Guillermo cambiaría ya que en 1962 fue enviado a Bruselas, Bélgica, como agregado cultural de la embajada cubana. Por ese entonces, mientras ya vivía con sus dos hijas y su segunda esposa, se dedicó a escribir “Un oficio del siglo XX”, rememorando su época de crítico cinematográfico, arte que fue una de sus pasiones.

En 1965, Cabrera Infante regresó a su tierra natal debido al repentino fallecimiento de su madre. Sin embargo, Cuba no lo recibió de la mejor manera ya que fue retenido por el Servicio de Contrainteligencia durante cuatro meses. La política nuevamente le jugaba en contra, pese a su apoyo inicial al régimen de Fidel Castro. Regresó a Europa y dejó la isla para siempre.

El exilio

Ya exiliado, vivió en Madrid y Barcelona primero (donde sufrió la censura del régimen de Francisco Franco, que incluso le negó la residencia, aunque estaba en las antípodas ideológicas de Castro) y luego en Londres, donde fijó su residencia en forma definitiva y se transformó en un duro crítico de la Revolución cubana, lo que le ocasionó graves problemas de salud que obligaron a su internación psiquiátrica en varias oportunidades, debido al hostigamiento internacional de los Servicios de Inteligencia castristas.

En 1968, la aparición de la novela “Tres tristes tigres” le daría al autor una notable repercusión, aunque en Cuba fue calificada como “contrarrevolucionaria” y le significó a Cabrera no sólo la expulsión de la Unión de Escritores y Artistas, sino también la calificación de «traidor» por parte del gobierno revolucionario comunista.

La obra -polémica e irreverente- fue ganadora del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, en 1964 y publicada por primera vez en 1967, en una versión reescrita por motivos de la censura en España. Su autor manifestó: «está escrita en cubano».

Aviso publicitario del famosísimo cabaret Tropicana en los años 50

Según la crítica Verónica Valle, la novela «debe leerse de noche porque es una celebración de la noche tropical. Tampoco sería mala idea leerla en voz alta siguiendo las recomendaciones de su autor, devolviendo a la obra la vocación de oralidad con la que fue escrita y dejándose envolver por la sensualidad caribeña de La Habana nocturna de los años 40 y 50; relata la vida de noche de tres jóvenes cubanos en la capital de la isla en 1958, anteriormente a la llegada del poder de Fidel Castro.

La ciudad vibra de noche y sus calles son hijas de la bohemia y herederas de formas de vida dedicadas al goce y al disfrute. Cae el sol y a la llamada de la oscuridad asoman criaturas urbanas de todo tipo dispuestas a empaparse de choteo criollo, relajo cubano y pachanga. Bajo el calor caribeño de la noche, los amores y las pasiones se desatan con facilidad en la Cuba que todavía no conoce la represión de la dictadura castrista. Los personajes del libro muestran el colorido tapiz de una ciudad que está a punto de cambiar y desconoce que ese cambio va a arrebatarles parte de su identidad”.

Guillermo Cabrera Infante, entrevista en Canal Sur

Además de algunos personajes bien definidos (Álex, Arsenio Cué, La Estrella, etc.), en “Tres tristes tigres” aparecen otros de los cuales no se sabe ni el nombre, que protagonizan pequeñas narraciones, autónomas o dependientes pero siempre sin continuidad, intercalando una y otra vez nuevas historias hasta retratar lo que podríamos considerar el verdadero protagonista del libro, La Habana, la ciudad que personifica la nostalgia, la literatura, la música, la noche y el cine, por un lado, y la traición y el desencanto, por otro.

Ernest Hemingway y Fidel Castro se conocieron el 15 de mayo de 1960

Por esta Habana nocturna deambulan personajes novelescos y reales (Hemingway, Benny Moré), bebiendo y cantando juntos, entrelazándose y confundiéndose en un instante de vida real y de ficción. Cabrera Infante refleja en la obra el habla particular de la ciudad, llena de peculiaridades léxicas y de préstamos del inglés, de la que el autor pretende dejar constancia fiel, convirtiéndose en su mero transcriptor. El conjunto de la obra es una especie de admirable collage de la Cuba prerrevolucionaria, además de una síntesis de la ideología del autor, que viene a sugerir que el compromiso no es indispensable para hacer una literatura crítica y que, en ciertas condiciones, el goce estético sirve también para cuestionar los poderes establecidos.

El escritor cubano y su segunda esposa, la actriz Miriam Gómez

“TTT”, como llamó abreviadamente el mismo Cabrera Infante a su obra, contaba en un principio con 120 páginas. El trabajo que la censura española obligó a realizar al autor sobre la novela, fue inmenso, intenso, tedioso e interminable. Finalmente, la obra pasó a tener 450 páginas, por lo que el autor se encontró con que había escrito 300 páginas nuevas. Con el sentido del humor y la ironía que lo caracterizaban, el cubano «agradeció» todo el periplo que tuvo que atravesar para que esta magnífica obra superara la censura. A pesar o gracias a la censura, “Tres tristes tigres” es una de las novelas cumbres de las letras hispanoamericanas.

De izq. a der.: Fernando de Szyszlo, Octavio Paz, Damián Baylón,Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante, en un congreso sobre arte latinoamericano celebrado en Leeds, Inglaterra, en 1989

Guillermo Cabrera Infante perteneció a la generación de escritores que forman parte del mundialmente conocido «boom latinoamericano de la literatura» en la década de los ‘50 y que revolucionaría el estilo literario en muchos conceptos como por ejemplo el realismo mágico, que tendría en el colombiano Gabriel García Márquez a su mayor exponente.

Su novela “Tres tristes tigres” está dentro del canon de esa etapa de la literatura, junto a “Rayuela” de Julio Cortázar, “La casa verde” de Mario Vargas Llosa, “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez y “La muerte de Artemio Cruz” de Carlos Fuentes, entre otras.

El cine, una pasión

La vida del autor cubano se vio marcada por el cine desde los veintinueve días de nacido. Según el propio Cabrera Infante, su madre, cinéfila, lo llevó a esa edad a ver “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, adaptación de la novela del español Vicente Blasco Ibáñez. De este lado materno es que hereda su pasión por la pantalla grande, sobre todo por directores como Alfred Hitchcock, John Ford, Howard Hawks y Orson Welles.

Durante su juventud, Guillermo creció en un hogar humilde y sumido en la persecución política de Fulgencio Batista -como quedó dicho- debido a que sus padres eran comunistas. No había dinero, por lo que para ver películas había que elegir entre ir al cine o comprar comida. Contó él mismo que su madre solía preguntarles a su hermano menor, Sabá, y a él: «Niños, ¿cine o sardina?» y así fue como se acostumbraron a dejar de comer por satisfacer una pasión.

El documental prohibido sin razones

Más adelante, en 1960, Sabá Cabrera Infante junto al fotógrafo Orlando Jiménez Leal, filmaron, al estilo independiente, el documental “P.M.” (Pasado Meridiano) capturando la vida nocturna de La Habana. Esta película causó un escándalo en las altas esferas del nuevo gobierno revolucionario de Fidel Castro, y fue declarada “decadente” (palabra muy afín a la verborragia comunista) y confiscada. En venganza por la censura, Guillermo decide «traducir» en una novela lo que su hermano había hecho en el cine. De aquí es que nace realmente “Tres tristes tigres”, es decir, de una base cinematográfica.

De esta forma, le rinde homenaje a una de sus grandes pasiones y a la vez escribe su opera magna.

A finales de los años 60 experimentó sus capacidades como guionista al trabajar para el filme “Wonderwall” (1968-Muro Maravilloso), dirigida por Joe Massot, una joya del arte psicodélico. No solo utiliza los colores brillantes y los filtros tan característicos de los años 60 y 70 en su cinematografía, sino que también la música es nada más y nada menos que del guitarrista de The Beatles, George Harrison. Esta combinación entre estética y música es mágica. Por un lado, Harrison le añade una atmósfera extravagante con los sonidos de la India mezclando la cítara y la guitarra eléctrica. Por otro, la saturación de colores y la yuxtaposición de imágenes le añaden un carácter espectacular a la misma, en el sentido literal de la palabra.

El estilo literario de Guillermo Cabrera Infante

El argumento de “Wonderwall” describe a un excéntrico profesor que tiene como vecina a una bella y moderna modelo llamada Penny Lane (referencia a The Beatles). El hombre la espía a través de un agujero en la pared. Poco a poco, va perdiendo la cabeza y confundiendo la ficción con la realidad y todo su mundo cambia radicalmente.

Siempre ligado al cine: Guillermo Cabrera Infante (izq.) y Pedro Almodóvar

Ya al terminar esa década, el escritor había conseguido la nacionalidad británica y hasta la publicación traducida en Londres de su polémica obra “Tres tristes tigres”.

Más cine

Algo más tarde, Cabrera Infante abandonará estas apuestas y pasará a trabajar directamente para los estudios de Hollywood. Con “Vanishing Point” (Punto de fuga o Carrera contra el destino), estrenada en 1970, cobra el mayor salario que jamás había recibido y la película resulta ser un éxito. En ella se aprovecha de las fórmulas de las películas de acción estadounidenses, para contar la historia de un ex competidor de carreras de automóviles que se convierte en fugitivo.

La trama se limita exclusivamente a la larga persecución policíaca desde el estado de Colorado hasta California, cruzando a toda velocidad por medio del desierto. En el transcurso del viaje, el protagonista encuentra sus puntos de fuga (vanishing points) escapando de la ley y la justicia una y otra vez, y poco a poco se va convirtiendo en un héroe popular; las personas lo admiran porque no hay nadie que lo detenga. En este sentido, la película logra su éxito al incluir la figura de un héroe y una persecución, fórmulas ampliamente probadas por Hollywood por lo que apostar a ellas tenía una alta probabilidad de éxito.

Finalmente, su último guión –poco antes de su muerte- data del año 2005, para el film del actor, devenido en director, Andy García. “The lost city” (La ciudad perdida), es una clara referencia a ciudad de La Habana en épocas del comunismo de Fidel Castro. Una mala experiencia –pese al elenco- desde todo punto de vista ya que la película peca de panfletera y la agenda política –un acérrimo anticastrismo- le resta valor, pierde mérito al presentar una visión extremista y polarizada de la isla de Cuba.

Más literatura

En 1974 publicó “Vista del amanecer desde el trópico”, en la que mediante una sucesión de breves imágenes llenas de ritmo y color, desarrolla la historia de Cuba y su gente.

Desde el descubrimiento y la conquista hasta los últimos años después de la Revolución, Cabrera Infante conversa con los símbolos de su historia. Como si se hojeara un álbum de grabados y fotos antiguas, las historias individuales ilustran la historia colectiva: los destinos trágicos o heroicos de indígenas, esclavos, guerrilleros o rebeldes iluminan la vida entera de todo un país.

Al final, en las palabras del autor, se lee: «esa triste, infeliz, larga isla… permanecerá eternamente bañada por la corriente del golfo: bella y verde, imperecedera, eterna».

El amor y la nostalgia se unen en esta obra del autor caribeño que a pesar del larguísimo exilio (nunca regresó a su Patria), no dejó de añorar su infancia y juventud en esa tierra musical, caliente, hermosa y sensual.

Al año siguiente apareció “O Exorcismos de esti(l)o”, una fiesta de la escritura y una celebración satírica de los fastos del mundo moderno. El esplendor efímero del Londres de la música pop, los concursos de belleza, la «pornógrafa inocente» Corín Tellado, y, al propio tiempo, la constante inventiva verbal: el juego de palabras, el texto que simultáneamente investiga sobre sí mismo y se desmiente mediante engaños irónicos.

Esta obra prolonga la fascinación -que es a la vez crítica- de Cabrera Infante por el artificio perecedero del gran bazar del mundo y lo muestra ensayista y creador al propio tiempo.

En 1979 salió a la luz “La Habana para un infante difunto”, novela de carácter autobiográfico en la que se observa una presencia obsesiva del sexo. Es el cine, más precisamente el cine de Hollywood, la séptima musa que inspira al autor y así el epígrafe tomado de King Kong («Parece que las rubias escasean por estos pagos») es el anuncio de la obsesión que motiva al narrador al principio: la cacería de rubias, verdaderas o falsas y ésa es su perdición aparente. El erotismo repetitivo, la ironía de los sentidos y la constante comicidad -el autor se declara un comediante paralizado por el miedo escénico- parecen ser las marcas de fábrica de esta obra, además de la busca nostálgica de una ciudad perdida, la capital de Cuba.

Desde el punto de vista de su relación con el régimen castrista, su obra más conmovedora es “Mea Cuba” (1992). Cabrera Infante no ha dejado de intervenir -a lo largo de un exilio que comenzó en 1965- en ninguna de las diversas polémicas suscitadas desde que Fidel Castro se hizo con el poder en Cuba, de ahí que en este amplio escenario desfilen los principales personajes de la tragedia cubana y los de su vida literaria. Aquí están todos los escritores estigmatizados: desde Heberto Padilla, al difunto Reynaldo Arenas; aquí están también todos los que por diferentes razones y con distintas actitudes se quedaron en Cuba, desde José Lezama Lima hasta Alejo Carpentier.

Y detrás de todos los actores, moviendo los hilos, el máximo titiritero, Fidel, definido como un Cristóbal Colón a la inversa. El escritor le aporta humor negro en muchos momentos en los que relata con detalle la historia que tantas veces se ha repetido a lo largo del siglo XX, la de una dictadura que amordaza, reprime, miente y mata y la de los talentos por ella condenados en una guerra de propaganda que todavía hoy no ha terminado. Es la compilación de escritos sobre la política cubana más importante desde la que hiciera José Martí.

A los 68 años, fue galardonado con el Premio Cervantes 1997, el más importante de las letras españolas, que le fue entregado en 1998 en la Universidad de Alcalá de Henares por el rey Juan Carlos de España. El Ministerio de Cultura español comunicó que la distinción tenía la finalidad de «rendir público testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con obras de notable calidad, ha contribuido a enriquecer el legado literario hispánico».

A finales de mayo de 1999 salió a la calle “El libro de las ciudades”, una recopilación de crónicas de viajes del cubano, y un mes después el Gobierno español lo nombró nuevo vocal del Patronato del Instituto Cervantes en representación de las Letras y la Cultura Hispanoamericana.

Ese mismo año se publicó una recopilación de relatos, escritos entre 1952 y 1992, bajo el título “Todo está hecho con espejos”, y en el 2000 publicó “Puro humo”, una mezcla de autobiografía de un fumador adicto, catálogo cinematográfico «de películas, actores y músicas con humo» y guía del saber para el amante de los puros.

En el verano de 2002 fue reconocido con el Premio Internacional de las Letras de la Fundación Cristóbal Gabarrón en Valladolid. Según el jurado, “en la obra y la persona de Guillermo Cabrera Infante confluyen un concepto vanguardista de la literatura con una actitud moral ejemplar. Gran conocedor de la música popular cubana y apasionado cinéfilo, sabe conjugar las diversas artes en un discurso creativo de gran utilidad y riqueza”.

El autor y el régimen

En una reunión de intelectuales latinoamericanos, Alfredo Guevara, un dirigente de la cultura oficial cubana reconoció que Cabrera Infante «se comportó como un héroe. En tiempos de Batista», contó, «los esbirros de la policía estaban todos buscando a Fidel, y el único que sabía dónde estaba era Guillermo. Lo detuvieron, lo encerraron varios días y lo torturaron. No soltó ni una palabra, no les dijo nada. Sí, se portó como un héroe», concluyó ante el silencio de todos.

En cambio, ya exiliado, Cabrera guardaba al otro lado de donde vivía en la ciudad de Londres, en Gloucester Road, en un sótano secreto, todos los originales de sus obras, los editados y publicados y los otros, los que iba escribiendo para publicarlos. El G2 (Servicio de Inteligencia de Cuba), y su jefe, Ramiro Valdés, no dejó de perseguirlo, acosarlo y acuciarlo. Cabrera vivió con ese peso constante toda su vida, y con el ostracismo y el intento de marginalidad a los que lo habían condenado la propaganda política del castrismo en toda Europa. Sufrió mucho, pero aguantó los tratamientos médicos con paciencia. Siguió respirando libre, escribiendo, viendo cine y fumando tabacos.

Cabrera Infante: censura en Cuba
Cuba es la isla más resistente de todas, según Guillermo Cabrera Infante: “Y ahí estará, esa triste, infeliz, y larga isla, estará ahí, después del último indio y después del último español y después del último americano y después del último ruso, y después del último de los cubanos, sobreviviendo a todos los naufragios: bella y verde, imperecedera, eterna”, toda una definición.

Del autor cubano se podría decir mucho, pero lo más destacado en su literatura es la manera tan divertida para graficar situaciones muy comunes con un lenguaje cargado de un vocabulario por demás particular y único. Considerado como uno de los referentes al hablar de los grandes literatos compatriotas, es un narrador que no dejará de sorprender y divertir a todo aquel que se anime a leerlo.

El final
Su amigo Mario Vargas Llosa escribió que “por un chiste, una parodia, un juego de palabras, una acrobacia de ingenio, una carambola verbal, Guillermo siempre estuvo dispuesto a perder amigos, a ganarse enemigos o incluso a que le arrebataran la vida”.

Cabrera Infante y Vargas Llosa

Para él, decía el premio Nobel peruano, “el humor no es, como para el común de los mortales, un recreo del espíritu”, sino algo verdaderamente capital, “una compulsiva manera de retar al mundo tal como es y de desbaratar sus certidumbres y la racionalidad en que se sostiene”.

“Por eso, su prosa es una de las creaciones más personales e insólitas de nuestra lengua, una prosa exhibicionista, lujosa, musical e intrusa, que no puede contar nada sin contarse a la vez a sí misma, interponiendo sus disfuerzos y cabriolas, sus desconcertantes ocurrencias, a cada paso, entre lo contado y el lector, de modo que éste, a menudo, mareado, escindido, absorbido por el frenesí del espectáculo verbal, olvida el resto, como si la riqueza de la pura forma volviera pretexto, accidente prescindible el contenido”.

A una chiquita llamada Estela, amor perdido en su novela póstuma e inconclusa, “La ninfa inconstante”; a La Habana -“qué duda cabe, era el centro de mi universo”-; a Miriam Gómez y a sus hijas, a todas ellas dedicó Guillermo Cabrera Infante su epitafio, en un último párrafo que no fue el último, pues él siempre empezaba sus libros por el final:

“Alguien ha dicho que se puede mirar atrás con el placer que presta la distancia, y son palabras de un novelista menor. Un gran poeta, al contrario, ha dicho que no hay mayor dolor que recordar el tiempo feliz en la desgracia. Y el tiempo desgraciado visto desde la felicidad, ¿qué dolor da? Hay que ver las preguntas que uno se puede hacer caminando solo por La Habana de noche, digamos de La Rampa hasta 23 y 12. Caminar cansa, recordar da hambre”.

El malecón de La Habana

“Así me llegué hasta Fraga y Vázquez, frente al 23 y 12, que es más bien una cafetería, y pedí un bisté de palomilla con arroz y potaje de frijoles negros y una ración de plátanos maduros fritos. Ah, y una cerveza Hatuey bien fría. Ave María, Pelencho, qué bien me siento. Es decir, me voy a sentir. Porque todo pasa en el recuerdo o más bien ha pasado en el tiempo. Brick Bradford tenía su trompo temporal, yo tengo mi memoria”. (Escrito en Londres, con un mapa de La Habana sobre la mesa).

El 21 de febrero de 2005, este amante de las letras, del cine, de los cigarros puros y de su isla falleció en Gran Bretaña a los 75 años a causa de una septicemia contraída en el Chelsea and Westminster Hospital de la capital inglesa, aunque en Cuba nadie se enteró. Fue el primer cubano exiliado que dijo: «soy un gusano convertido en mariposa…» porque «gusanos» les decía el régimen castrista a los emigrantes.

 

Fuentes: libertaddigital.com; elespañol.com; jotdown.es; rialta.com; letraslibres.com; desdelahabana.net; elpais.com; literalia.com; cervantes.es; literatura.us; scielo.org.ar; mcnbiografias.com; Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Guillermo Cabrera Infante». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea.

 

 

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