«Límites»

Escrito por Shivani Rodriguez. Taller de Creatividad Literaria conducido por Norberto Landeyro. Para participar pueden contactarse a [email protected]

Raúl se había vuelto casi adicto a su rutina diaria: levantarse temprano, ducharse, regar sus paltitas, dejar el pequeño departamento en impecable orden y leer el diario junto a un café y unos bizcochos antes de que sus padres se despertaran. Por lo menos así se aseguraba de que esta parte del día estaba bajo su completo control.

Era el hijo menor de tres hermanos, criado con el único propósito de cuidar de sus padres; necesitaba desesperadamente un tiempo para él.

Después de muchas pérdidas y tropiezos, aprendió a callar sus proyectos y a ocultar sus amoríos. De lo contrario serían violentamente expulsados de su interior, por la autoridad psicológica que ejercían sus padres y hermanos. Raúl nunca supo enfrentarlos.

El siempre fue el problemático, el que no pegaba una, el que hacía las cosas mal, el que se enganchaba con cualquier loca.
La sentencia ya estaba echada. -¡Y sí! -decían sus hermanos – ¡Por lo menos sirve para cuidar a los viejos!

Mientras ellos, claro está, cómodamente se ocupaban de sus vidas.
A Raúl, la culpa y la moral lo dejaron sin opciones, el único que no se casó, sin hijos ni grandes ocupaciones, solo con un trabajo mediocre de cuatro horas en la oficina de su hermano Elías, el talentoso empresario que tuvo la gentileza de conseguirle un puesto.

Los padres, ya ancianos, hacía tiempo que habían comenzado con un cuadro de Alzheimer y demencia senil.
El viejo supo tener un carácter difícil, golpeado por la vida, resentido y enojado. Aprovechaba la oportunidad que tuviese para herir verbalmente a quien se encontrara a su lado.

La madre era una mujer permanentemente angustiada por no encontrar a sus hijos pequeños, sin reconocerlos ya grandes; vivía llorando y llamándolos el día entero.
Raúl, en el medio, herido por los lazos, sin una vida propia, no quería aceptar que la enfermedad mental de sus padres le estaba afectando.

Yo soy médico psiquiatra, y amigo suyo desde hace años, sin poder involucrarme demasiado en las decisiones abusivas de sus hermanos, ya hace mucho que lo vengo observando: ellos no querían internar a los padres porque el costo era demasiado alto y además… estaba Raúl que podía cuidarlos. El hermano, jefe de Raúl, le daba las licencias que necesitara para cuidarlos.

Un día fue a mi consultorio y me pidió unos calmantes más fuertes para poder tranquilizarlos. En apariencia, como siempre, se lo veía muy calmo, decidido, como alguien que sabe lo que hace.

Hoy Raúl rompió su adicción, no se levantó temprano ni regó sus plantitas, ni dejó el departamento impecable, ni leyó el diario junto al café y lo biscochos. Hoy Raúl no esperó a que sus padres se despertaran.

Los hermanos, enojados por su decisión, declararon abiertamente ante mí: “de puro inútil se suicidó”. Sentí una oleada de impotencia.

Pero una cosa es segura: Raúl no se mató, ellos lentamente lo asesinaron.
Aunque sepa que jamás aceptarán la responsabilidad por sus actos, me siento testigo de un crimen elaborado por años.

Por: Shivani Rodriguez

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