Borís Pasternak, un emblema de la Guerra Fría

“Es maravilloso estar vivo, aunque siempre duela”

Este destacadísimo escritor ruso supo ser libre aun bajo el yugo del cruel régimen soviético del dictador Iósif Stalin, y si bien jamás se exilió, pese a que pudo haberlo hecho, a su modo denunció la falta de libertad desde su poesía -de modo encubierto- y desde su gran y renombrado éxito, la novela “Doctor Zhivago”, que en cierto modo es autobiográfica. Toda su obra fue merecedora en 1958 del premio Nobel de Literatura que otorga la Academia Sueca, en un episodio increíble –en plena Guerra Fría entre los EE.UU. y la U.R.S.S.- en el que participaron activamente la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) y el mismísimo Vaticano. Nunca se doblegó ante el culto oficial ni tampoco sacrificó su honor para complacer a los vigilantes del poder. Dejó además un importante legado poético que aún perdura. El cine también se ocupó de “Dr. Zhivago”.

El comienzo

Borís Leonídovich Pasternak (Борис Леонидович Пастернак) nació el 10 de febrero de 1890 en Moscú, Rusia, en una familia judía instruida y de buena posición económica. Rosa Kaufman, su madre, gozaba de una considerable reputación como pianista, mientras su padre Leónid ejercía como profesor en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de la capital; entre quienes fueron y serían retratados por él estaban sus amigos escritores León Tolstói y Rainer María Rilke, y también uno de los protagonistas principales de la Revolución Bolchevique de octubre de 1917, Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin. Ya en el exilio, posarían Albert Einstein y el político alemán Gustav Stresemann.
La familia aseguraba ser descendiente de Isaac Abarbanel , el famoso filósofo judío-sefardí del siglo XV, comentarista de la Biblia y tesorero de Portugal.

Boris (izq.) y sus tres hermanos, pintados por su padre

La conversión de su padre desde su judaísmo original al cristianismo ortodoxo, tendría en la espiritualidad y la sensibilidad de Borís una creciente influencia. Al principio no fue Leónid sino su madre quien pareció ganar la batalla de la iniciativa en su educación. El futuro escritor –que tenía un hermano menor, Alex, y dos hermanas, Lydia y Josephine- dedicó seis tempranos años de su vida al estudio de la teoría musical y el arte de la composición (luego sería autor de varias obras para distintos instrumentos). Pero esa vocación se quebró repentinamente y se matriculó en los cursos de filosofía de la Universidad de Moscú.

“Sonata para piano”, de Boris Pasternak

Sobre sus orígenes, confesó en una carta de 1959: “Fui bautizado por mi niñera, pero debido a las restricciones impuestas a los judíos, particularmente en el caso de una familia que estaba exenta de ellas y disfrutaba de cierta reputación en vista de la posición de mi padre como artista, hubo algo un poco complicado sobre esto, y siempre se sintió medio secreto e íntimo, una fuente de inspiración rara y excepcional en lugar de darse por sentado con calma. Creo que ésta es la raíz de mi carácter distintivo. Más intensamente de todo, mi mente estaba ocupada por el cristianismo en los años 1910-1912, cuando los principales fundamentos de este carácter distintivo -mi forma de ver las cosas, el mundo, la vida- estaban tomando forma…”

Autorretrato de Leónid Pasternak

Su afición por la poesía lo llevó a editar con algunos compañeros una pequeña revista, que apenas se sostenía con los ejemplares que conseguían vender entre los familiares y amigos de la facultad. Sin embargo, tuvo cierta repercusión, que pudo comprobarse cuando un joven médico le hizo llegar algunos de sus poemas; no era otro que el doctor Yuri Zhivago, es decir el seudónimo ocasional del propio Pasternak, que más adelante trascendería mundialmente a través de la famosa novela.

Y, desde luego, tenía talento y una sensibilidad genuinamente romántica, moderna, sin renunciar al estilo de la tradición rusa: quizás algo altisonante. Fueron publicados y así Zhivago entró en la vida de Borís y él tuvo conocimiento de la suya.

Borís Leonídovich Pasternak en Alemania

El desahogo económico y los contactos de la familia de Borís le permitieron completar sus estudios en Alemania. En la Universidad de Marburg recibió clases de lo más importante de la escuela neokantiana. El profesor Hermann Cohen debió explicarle que, aunque en el fondo, la ética humana y la sensibilidad religiosa brotan de una misma raíz, en la forma lógica y superficial resultan difíciles de conjugar. Y Nicolai Hartmann intentó demostrarle que el conocimiento humano carece de capacidad suficiente como para penetrar hasta el fondo último del ser, pues en sí mismo solo constituye un fragmento de la realidad; esa imposibilidad de certeza, sin embargo, no disculpa una ética acomodaticia e indiferente, sin compromiso.

Pasternak comulgó siempre con este estilo de dignidad humana; aunque al final dio el gran salto y fue mucho más allá: “¡Qué esencialidad, qué igualdad entre Dios y la vida!”.

Amor frustrado y la guerra

Pasternak se había enamorado en la capital rusa de Ida Wissotzkaya, joven de una notable familia judía de comerciantes de té de Moscú , cuya empresa, Wissotzky Tea, era la más grande del mundo. El había sido su profesor en la última clase de la escuela secundaria y la ayudó a prepararse para el examen final. Se conocieron en Marburg durante el verano de 1912, cuando el padre de Boris pintó su retrato.

Retrato de Ida (izq.) y Elena Wissotskaya por Leónid Pasternak

Aunque el filósofo Cohen lo animó a permanecer en Alemania y a realizar un doctorado en Filosofía, Pasternak decidió no hacerlo. Regresó a si ciudad natal unos meses antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. A raíz de los acontecimientos, Pasternak le propuso matrimonio a Ida. Sin embargo, la familia Wissotzky estaba preocupada por las malas perspectivas del novio y convenció a la joven para que lo rechazara. Así lo hizo y él relató su amor y el rechazo en el poema «Marburg» en 1917:

“Me estremecí. Me encendí y luego me extinguí.
Negué. Había hecho una propuesta, pero tarde,
demasiado tarde. Estaba asustado y ella me había rechazado.
Compadezco sus lágrimas, soy más bendecido que un santo.”

En el verano siguiente comenzó la hecatombe, el baño de sangre y barro que arrastraría consigo a millones de vidas inocentes de todo el mundo, al tiempo que terminaría luego con el reinado y la vida del zar Nicolás II y toda su familia.

Nikolái Aleksándrovich Románov, Nicolás II, último Emperador de Rusia

Casi al final de la Gran Guerra (1914-1918) llegó la Revolución Rusa (octubre de 1917), que con tanta esperanza se había recibido, pero decepcionó a Borís y a otros muchos intelectuales, a legiones de mudos forzosos, de exiliados en el interior del alma o en lo más profundo e inclemente de la geografía rusa. La vida no tardó en estar marcada por el miedo y la inseguridad, siempre caminando sobre la delgada y peligrosa línea entre la sumisión a los dictados del omnipresente Estado bolchevique y la fidelidad a la propia conciencia literaria y moral. No era fácil seguir aspirando a la autenticidad del arte en un mundo donde el arte solo existía para servir a la Revolución.

Quienes publicaban artículos, poemas o novelas asumían un riesgo considerable, pues el más nimio indicio de disidencia podía acarrear el arresto o la deportación. El célebre compositor Dmitri Shostakovich –uno de los más grandes del siglo XX- mal dormía con la valija hecha, por si acaso una noche se producía la temida llamada en su puerta. Borís le confesaba valientemente a un amigo: “Por supuesto que estoy preparado para cualquier cosa. Si le está ocurriendo a los demás, ¿cómo y por qué habría de librarme yo?”.

Dmitri Shostakovich, perseguido por el stalinismo ruso

En medio de este panorama, es difícil comprender la obstinación de Pasternak por permanecer en Rusia; él, que tuvo sobradas oportunidades de compartir el exilio dorado que sus padres y sus hermanas disfrutaban en Alemania. Su familia y su educación habían sido cosmopolitas; cuando no pudo ya ganarse del todo el sustento como poeta lo hizo como traductor. El francés Paul Verlaine, los alemanes Johann Wolfgang von Goethe, Johann Christoph Friedrich Schiller y Heinrich Wilhelm von Kleist, y los ingleses Percy Shelley y William Shakespeare rescribieron su obra en ruso, sin perder nada de su genialidad, gracias a él, a su estilo prodigioso, a su conocimiento de las lenguas y la cultura de la Europa situada geopolíticamente antes de la Cortina de Hierro.

La poesía

Los poemas de Pasternak conjugan la modernidad de la dicción y de la imaginería con una trama muy compacta de métrica y de rimas. Su estilo es a menudo sorprendente, con mezclas de prosaísmo y lirismo, enumeraciones muy concretas y realistas combinadas con imágenes de cuño vanguardista, que por momentos recuerdan a las pinturas de Marc Chagall.

Un ejemplo: en el poema “Cae la nieve”, dice que está nevando, se mencionan los copos, e inmediatamente se niega que parezcan copos, y se imagina la tierra como una capa remendada sobre la cual desciende la cúpula del cielo; luego, en la estrofa siguiente, el níveo descenso pasa a transfigurarse en un ser humano, “un extravagante”, que baja sigilosamente desde el altillo jugando a las escondidas:

“Cae y cae la nieve. No parecen
Copos, sino que sobre los remiendos
De una capa a la tierra descendiese
Lentamente la cúpula del cielo.
Como si con los gestos de algún extravagante,
Desde el piso de arriba,
Sigiloso, jugando a las escondidas,
Bajara el cielo desde el altillo”.

En otro de los poemas, “Noche”, el texto está estructurado a través de analogías y contraposiciones: la noche que avanza sin sosiego, así como sin descanso asciende un piloto hacia las nubes, sin tregua trabajan los fogoneros en las calderas y el poeta vela en su cuartucho contemplando el cielo nocturno, como si ése fuera el motivo de sus preocupaciones; la visión cósmica de los astros, imagen de lo eterno, y la figura solitaria del artista en su “antiguo altillo/recubierto de tejas”, que parece ser visto por Pasternak como el mediador entre una dimensión (lo eterno) y la otra (la temporalidad).

Sin descanso la noche
Avanza y se difunde
Sobre el mundo que duerme,
Mientras un aviador asciende entre las nubes;
Se adentra en el oleaje
Fluctuante de la niebla,
Se vuelve una inicial sobre una sábana,
Una pequeña cruz bordada en tela.
Allá abajo los bares
Nocturnos, los cuarteles,
Ciudades extranjeras y estaciones,
Maquinistas y trenes.
Una sombra de ala se recorta
En toda su extensión contra una nube.
Los astros por lo negro, silenciosos,
Vagan en muchedumbre.
Y quién sabe hacia cuáles
Desconocidos universos,
Con terrible, terrible inclinación,
La Vía Láctea extiende su sendero.

 

Otra historia de amor fallida en 1917 inspiró los poemas de su tercer libro, el más importante de los primeros, “My Sister, Life” (Mi hermana, la vida), según algunos estudiosos de su obra, “uno de los poemas de amor más grandes del mundo”. El verso inicial disimula hábilmente su preocupación por la filosofía de Immanuel Kant. Su texto incluye repeticiones de sonidos sorprendentes, combinaciones rítmicas salvajes, vocabulario del día a día y alusiones ocultas a sus poetas favoritos como Rainer María Rilke, Mijail Lérmontov, Aleksandr Pushkin y poetas románticos de lengua alemana.

Con esta obra Pasternak revolucionó la poesía rusa y se convirtió en modelo para los poetas más jóvenes; tanto los escritores prosoviéticos como sus compatriotas emigrados a raíz del régimen bolchevique, alabaron lo escrito por Pasternak como inspiración pura y desenfrenada.

Poema “Noche” de Boris Pasternak

A finales de la década de 1920, también participó en la muy celebrada correspondencia tripartita con el poeta alemán Rainer María Rilke y con Marina Ivánovna Tsvetáyeva, una de las poetisas más originales del siglo XX, más tarde convertida en su amante.

Marina Ivánovna Tsvetáyeva, la gran poeta rusa

Sin embargo, a medida que avanzaba la década de 1920, Pasternak sentía cada vez más que su estilo colorido estaba en desacuerdo con lectores menos educados. Intentó hacer su poesía más comprensible reelaborando piezas anteriores y comenzando dos largos poemas sobre la Revolución Rusa de 1905. También recurrió a la prosa y escribió varias historias autobiográficas, en particular «La infancia de Luvers» y «Safe Conduct, an early autobiography and other works» (Salvoconducto, una temprana autobiografía y otros trabajos).

En 1927, sus amigos cercanos, los escritores Vladimir Mayakovsky y Nikolai Aséyev, abogaban por la completa subordinación de las artes a las necesidades del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Borís Pasternak (2º a la izq.), el genial cineasta Serguéi Eisenstein (3º a la izq.), y los escritores Lilia Brik (4ª a la der.) y Vladímir Mayakovski (3º a la der.), en Moscú en 1924

En una carta a su hermana Josephine, le contó sobre sus intenciones de «romper relaciones» con ambos. Aunque expresó que sería profundamente doloroso, Borís explicó que no se podía prevenir: “No están de ninguna manera a la altura de su exaltado llamamiento. De hecho, no lo han logrado, pero, aunque me resulte difícil de entender, un sofista moderno podría decir que estos últimos años han exigido una reducción de la conciencia y los sentimientos en nombre de una mayor inteligibilidad. Sin embargo, ahora el mismo espíritu de la época exige una pureza grande y valiente. Y estos hombres se rigen por una rutina trivial. Subjetivamente, son sinceros y concienzudos.

Pero me resulta cada vez más difícil tener en cuenta el aspecto personal de sus convicciones. No estoy solo, la gente me trata bien. Pero todo eso solamente es válido hasta cierto punto. Me parece que he llegado a ese punto.”
No todos querían ser comunistas…

En 1922 Pasternak se casó con Evgeniya Lurye, estudiante del Instituto de Arte. Al año siguiente nació su hijo Evgenii.

Boris, Evgeniya y el pequeño Evgenii

En 1932, había remodelado notablemente su estilo para hacerlo más comprensible para el público en general e imprimió la nueva colección de poemas, apropiadamente titulada “The Second Birth” (El segundo nacimiento). Aunque fue tan brillante como los esfuerzos anteriores, el libro alienó al núcleo de la refinada audiencia del autor en el extranjero, que estaba compuesta en gran parte por emigrados anticomunistas.

En 1932 Pasternak se enamoró de Zinaida Nikolaevna, la esposa del pianista ruso Heinrich Neuhaus. Ambos se divorciaron, se casaron dos años después y tuvieron un hijo, Léonid.

Zinaida, Boris y, detrás, Léonid

Continuó cambiando su poesía, simplificando su estilo y lenguaje a través de los años, como se expresa en su siguiente libro, “On Early Trains” (En los primeros trenes-1943):

“He estado cerca de Moscú durante este invierno,
pero a través de la escarcha, mientras cae la nieve,
como tuve que hacerlo, he viajado
para hacer mis negocios en la ciudad.
Me aventuré una mañana, temprano,
cuando no había nadie en la calle,
y a través del bosque oscuro y gélido,
resonó el crujido de los pasos.
Y acercándose a mí en la
encrucijada
Trascendentes, las constelaciones se elevaban,
En el pozo de enero las sombras se congelaron…”

En abril de 1934, Osip Mandelstam, poeta ruso también de origen judío, recitó su crítico «Epigrama contra Stalin» a Pasternak. Después de escuchar, éste le dijo: «No escuché esto, no me lo recitaste, porque, ya sabes, ahora están sucediendo cosas muy extrañas y terribles: han comenzado a secuestrar gente. Temo que las paredes tengan oídos y tal vez incluso estos bancos en el boulevard de aquí puedan escuchar y contar historias. De modo que hagamos que no escuché nada «.

Dos amigos, dos grandes escritores, Osip Mandelstam y Boris Pasternak

Un mes después Mandelstam fue arrestado en su casa en base a una orden firmada por el jefe de la NKVD (Policía Secreta Soviética), Genrikh Yagoda. Devastado, Pasternak fue inmediatamente a las oficinas del tradicional diario “Izvestia” (Noticias) y le rogó a Nikolai Bukharin (político, economista y filósofo marxista revolucionario) que intercediera por el escritor.

Poco después de esa reunión sonó el teléfono en el departamento de Pasternak en Moscú. Una voz del Kremlin le dijo: «El camarada Stalin desea hablar con usted». Según algunos amigos, el poeta se quedó mudo. «No estaba en absoluto preparado para tal conversación. Pero luego escuchó su voz, la voz del mismísimo Stalin. El líder se dirigió a él de una manera bastante burlona y grosera, usando la forma familiar de tú: «Dime, ¿qué estás haciendo? ¿Hablan en tus círculos literarios sobre el arresto de Mandelstam?”

Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, más conocido como Stalin

Aturdido, Pasternak negó que hubiera alguna discusión o que quedaran círculos literarios en la Rusia soviética. Stalin pasó a pedirle su propia opinión sobre Mandelstam. Boris, de una «manera entusiasta y torpe», explicó que él y Mandelstam tenían una filosofía completamente diferente sobre la poesía. Stalin finalmente dijo, en un tono de voz burlón: «Ya veo, simplemente no puedes defender a un camarada», y colgó el auricular.

Su amigo, finalmente, murió en un campo de concentración por la simple razón de oponerse al comunismo salvaje de Stalin.

No todos querían ser comunistas…

Cuando la aviación alemana comenzó a bombardear Moscú, Borís inmediatamente empezó a servir como Guardián de Incendios en el techo del edificio en el que vivía y ayudó repetidamente a deshacerse de las bombas alemanas que cayeron sobre él. En 1943, obtuvo permiso para visitar a los soldados en el frente. Lo sobrellevó bien, considerando las penurias del viaje (tenía una pierna débil por una vieja herida), y quería ir a los lugares más peligrosos. Leyó su poesía y habló extensamente con las tropas activas y heridas.

Soldados rusos en el frente de batalla en la Segunda Guerra Mundial

Con el fin de la guerra en 1945, el pueblo ruso esperaba ver el fin de la devastación del nazismo y de las purgas políticas de Stalin. Pero los trenes sellados comenzaron a transportar un gran número de prisioneros a los gulags soviéticos (campos de concentración). Algunos eran colaboradores de los alemanes que habían luchado bajo el mando del general Andrey Vlasov, pero la mayoría eran oficiales y soldados propios.

El escritor observó cómo los ex prisioneros de guerra eran transferidos directamente desde la Alemania nazi a los gulags. Los emigrados blancos que habían regresado debido a promesas de amnistía también fueron enviados directamente a los campos, al igual que judíos del Comité Antifascista y otras organizaciones. Muchas miles de personas inocentes fueron encarceladas, mientras que grupos étnicos enteros fueron deportados a Siberia.

Trabajos forzados en los gulags soviéticos de Siberia

Pasternak dijo entonces: «Si en un mal sueño hubiéramos visto todos los horrores que nos esperaban después de la guerra, no deberíamos haber lamentado ver caer a Stalin, junto con Hitler. Entonces, el fin de la guerra a favor de nuestros aliados, países civilizados con tradiciones democráticas, habría significado cien veces menos sufrimiento para nuestro pueblo que el que Stalin volvió a infligirle después de su victoria.”

Cuando el temible dictador murió de un derrame cerebral el 5 de marzo de 1953, Borís estaba en Moscú. En todo el país, hubo oleadas de pánico, confusión y manifestaciones públicas de dolor. Pasternak escribió: «Los hombres que no son libres, siempre idealizan su esclavitud».

No todos querían ser comunistas…

El doctor Yuri Zhivago

Aunque la novela que lo lanzó a la fama contiene pasajes escritos en las décadas de 1910 y 1920, “Doctor Zhivago” no se completó hasta 1956, tres años después del fallecimiento de Stalin. Pasternak la presentó a la revista literaria “Novy Mir” (Nuevo Mundo), que rechazó su publicación debido a la oposición del autor al “realismo socialista”. Este, como su protagonista Yuri, mostró más preocupación por el bienestar de los personajes individuales que por el «progreso» de la sociedad. Los censores también consideraron algunos pasajes como antisoviéticos, críticos del stalinismo, de la colectivización agrícola (que causó la muerte de hambre de más de 10 millones de personas), la Gran Purga, y los Gulag.

Boris Pasternak, el Nobel rehabilitado

En Rusia hubo que esperar hasta un poco más allá de 1989 para poder leer o ver en el cine esta historia, convertida en un clásico en el resto del mundo desde el mismo momento en que una editorial italiana la publicó por primera vez en 1957.

Mario Vargas Llosa, ha dicho que “…es una hermosa creación, nacida del horror y la grandeza de un Apocalipsis histórico, que no se explicaría sin él, pero que, a la vez, escapa de él y lo niega, anteponiéndole algo distinto, un objeto creado que debe todo su ser a la imaginación, al sufrimiento de un artista y a su malabarismo retórico”.

Más contundente en su alabanza fue el politólogo, filósofo e historiador letón-británico Isaiah Berlin: “Una de las raras obras que describen el amor de una forma tan auténtica como pocos escritores han sabido hacerlo”. No se había escrito nada tan grandioso e íntimo desde que León Tolstói concibiese “Guerra y Paz”. Pasternak era un gran poeta, pero fue su tardía y portentosa incorporación a la narrativa la que le valió el Premio Nobel de 1958: un premio que su hijo recogió treinta años después.

“Doctor Zhivago”, joya de la literatura rusa

El 25 de octubre, dos días después de conocer la feliz noticia, Borís dirigió este entusiasmado y modesto telegrama a la Academia Sueca: “Inmensamente agradecido, conmovido, orgulloso, sorprendido, pudoroso”. Sin embargo, cuatro días más tarde llegó a Estocolmo otro telegrama suyo: “Considerando la interpretación que la sociedad a la que pertenezco ha dado a este galardón, me veo forzado a renunciar al inmerecido premio que se me ha concedido. Les ruego que no reciban esta voluntaria decisión como una descortés arrogancia”.

La “dasha” (casa de campo) en la que escribía Pasternak

Leyendo entre líneas el segundo mensaje, parece claro que si Pasternak hubiese viajado a Suecia para recoger su Nobel de Literatura, jamás se le hubiese permitido regresar a Rusia; y estaba viejo, enfermo y cansado. “Abandonar mi patria sería como la muerte para mí. Mi nacimiento, mi vida y mi obra me atan a ella”.

La operación “dinosaurio”

El Premio Nobel de Literatura, como el de la Paz, se ha dado con demasiada frecuencia por motivos políticos. Durante un tiempo fue a los disidentes soviéticos: Boris Pasternak, Alexander Solzhenitzyn y Joseph Brodsky. En años más recientes, el premio ha recaído en escritores marxistas, especialmente los que se manifiestan en contra de los EE.UU., entre ellos Günter Grass, Dario Fo, José Saramago.

Pero el que le correspondió a Pasternak tuvo características muy especiales. El ruso fue candidato siete veces entre 1946 y 1958, cuando finalmente lo obtuvo tras la publicación de “Doctor Zhivago”, su segunda novela (la primera fue “El salvoconducto”).

Eran años de Guerra Fría. En Estados Unidos gobernaba Ike Eisenhower. Su política internacional se basaba en una aparente contención militar, sin intervenciones bélicas ante la Unión Soviética. Pero a través de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), Eisenhower apoyó los Golpes de Estado a los gobiernos de izquierda en Irán, Guatemala, Vietnam del Sur, Indonesia y también la revolución húngara.

“Durante el período de la Guerra Fría (1947-1991), “dinosaurio” era el nombre encubierto con el que se denominaba a las operaciones de la CIA estadounidense relacionadas con la distribución mundial de libros prohibidos en la Unión Soviética”

Es aquí donde se cruza la vida de Pasternak. El premio Nobel a un importante escritor perseguido podía ser un gran golpe de efecto en la propaganda anticomunista. Tras el rechazo a la publicación de la novela en Rusia, Boris envió en secreto el manuscrito a la editorial italiana Feltrinelli, por intermedio del corresponsal de Radio Moscú.

“Doctor Zhivago”, un premio Nobel que fue censurado

En 2009, el periodista ruso Ivan Tolstoy dio a conocer una investigación que demostraba cómo la CIA había participado en la publicación rusa. La historia, como puede preverse, es como si saliera de una película de espías. Según Tolstoy, la agencia americana supo que el manuscrito estaba en un avión al que hicieron desviar hacia Malta. Allí secuestraron el texto un par de horas, fotografiaron hoja por hoja y lo devolvieron sin que nadie se diera cuenta. Unos días después produjeron una reducida tirada de ejemplares en La Haya, usando el papel y las tipografías típicas de las ediciones soviéticas y se encargaron de que llegaran a los miembros de la Academia.

La versión de «Doctor Zhivago» en ruso producida para la CIA en Holanda en 1958

El 6 de septiembre de 1958, algunos ejemplares fueron enviados al jefe de la CIA en la ciudad holandesa. El primer millar fue repartido entre las oficinas de la agencia en Europa y los integrantes del jurado del premio Nobel. El lote más grande fue enviado inmediatamente a la Exposición Universal que se estaba llevando a cabo en Bruselas, Bélgica. Pero no al pabellón de Estados Unidos.

Los libros terminaron en la pequeña biblioteca del pabellón del Vaticano, detrás de una cortina en la llamada Capilla del Silencio. El sitio tenía especial éxito por la presencia de la famosísima escultura “El pensador” de Auguste Rodin, prestado por el Museo del Louvre de París.

Algún tiempo después, la propia CIA confirmó haber financiado la edición en ruso que llegó a manos de los miembros de la Academia Sueca, ya que la Unión Soviética nunca lo hubiera permitido.

El cine

La pantalla grande se ocupó especialmente -como no podía ser de otra manera- de “Doctor Zhivago en 1965. Para ello eligió un elenco de lujo dirigido por un maestro del séptimo arte: el inglés David Lean.

Los actores fueron Omar Sharif (Zhivago), Julie Christie (Lara), Geraldine Chaplin (Tonya), Alec Guinness, Rod Steiger, Tom Courtenay, Ralph Richardson, Siobhan McKenna, Rita Tushingham, Geoffrey Keen, Bernard Kay, Jack MacGowran, Adrienne Corri. Ellos interpretaron esta historia dramática de amor que abarca desde la Primera Guerra Mundial a la Revolución Bolchevique (1917) y la posterior guerra civil, que mantuvo a Rusia profundamente dividida. En medio del conflicto, muestra al drama íntimo de un hombre que lucha por sobrevivir, Yuri Zhivago, poeta y cirujano, marido y amante, cuya vida trastornada por la guerra afecta a las de otros, incluida Tonya, su esposa, y Lara, la mujer de la que se enamora apasionadamente. Una historia demasiado parecida a la propia vida de Pasternak…

“Tema de Lara” por la orquesta de Ray Conniff

Y como si no bastara, se sumó la excepcional música del film, del autor francés Maurice Jarre, especialmente el inolvidable “Tema de Lara” (o “En algún lugar mi amor”), dio –y da aún- la vuelta al mundo convirtiéndose en un éxito impresionante.

Después hubo un par más de versiones, pero ésta es la que quedó para siempre en el recuerdo.

El final

En una ilustración trágicómica que circuló por los periódicos occidentales se podía ver al escritor cortando árboles en Siberia y preguntándole a un compañero del helado exilio: “Yo he ganado el premio Nobel de Literatura. ¿Cuál ha sido mi delito, camarada?”. Una síntesis de la vida del gran escritor ruso.

Aislado, más que nunca, convertido en otro absurdo episodio de la Guerra Fría, Borís Leonídovich Pasternak murió por un cáncer de pulmón dos años después de ganar el premio Nobel, el 30 de mayo de 1960. Eligió una vida dura; sus sentidos fueron purificados por el dolor y la adversidad; aun así, fue capaz de percibir y celebrar toda la belleza del mundo.

 

Fuentes: lavanguardia.com; hablardepoesia-numeros.com.ar; hmong.es; somoshermanos.mx; nobelprize.com; eternacadencia.som.ar; elDiario.es, Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).

 

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