#8M: cuatro mujeres que marcaron la historia del cine argentino

En el marco del Día Internacional de la Mujer, repasamos a cuatro directoras que cambiaron la forma de hacer cine en Argentina.

En los últimos años, prestigiosas premiaciones del mundo del cine, como los Golden Globes, han sido fuertemente criticadas por la falta de mujeres directoras nominadas. En un ambiente que ha sido históricamente protagonizado por hombres, las mujeres cineastas han sido invisibilizadas frente a sus colegas varones.

En el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, repasamos y recordamos a cuatro grandes directoras argentinas, quienes hicieron (y hacen) historia. Mujeres que con su trabajo han sido pioneras en el cine nacional y han brindado una mirada única, que ha marcado a la historia del arte de nuestro país para siempre.

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Emilia Saleny

Nacida en Buenos Aires en 1894, Emilia es conocida por ser una verdadera pionera del cine nacional. Fue hija de actores italianos, de quienes heredó el talento y el amor por las artes escénicas.

Muchos sostienen que Emilia Saleny fue la primera mujer en dirigir una película en el país, aunque otros le conceden ese mérito a Angélica García Mansilla. Debido a que muchas de las obras del cine mudo argentino han sido perdidas con el paso del tiempo, no todos los historiadores coinciden en quién fue la primera directora de cine de la historia de Argentina. Lo que sí se sabe es que Saleny dirigió la película muda Paseo trágico en 1917 y El pañuelo de Clarita en 1919.​

Además, Saleny estableció su prestigioso lugar en la historia de nuestro cine nacional en 1917, cuando estrenó el primer largometraje infantil argentino: La niña del bosque.

Siendo dueña de un talento inmensurable, Emilia Saleny continuó su carrera en la actuación y se transformó en la primera profesora de actores de cine de América del Sur. Además, fundó una de la Academia más seria y confiable de todo Buenos Aires. Finalmente, falleció el 22 de agosto de 1978, en su domicilio en la calle Caseros 574.

Narcisa Hirsch

Narcisa nació en 1928 en Berlín y llegó a Argentina siendo una niña. Es reconocida por ser una pionera del cine experimental argentino y, más tarde, por su expansión hacia las instalaciones, los grafittis y las intervenciones urbanas.

Su filmografía cuenta con más de 30 obras, entre ellas documentales, cortos y largometrajes. Comenzó realizando “happenings”, los cuales mutaron para convertirse en sus primeros cortometrajes. El primero fue Manzanas, en 1966, seguido por Marabunta en 1967, el último realizado junto con Marie Louise Alemann.

Como bien describe en su página web, en sus obras expone temas centrales como el amor, el nacimiento y la muerte, o interrogantes sobre la condición femenina, “recreados a través de un lenguaje de imágenes particularmente íntimo, con una marcada poesía visual y sonora”.

A pesar de ser una de las grandes del cine experimental del país, a Narcisa Hirsch no le bastó con destacar en el ámbito del cine: además, ha publicado libros, entre los que se encuentran La pasión según San Juan, el olvido del ser (libro de ensayos realizado conjuntamente con el filósofo Luis Jalfen) y Aigokeros (ensayos).

Narcisa vive en Buenos Aires, en su domicilio en el barrio de San Telmo, en donde reside hace treinta años. Un barrio que, además, está colmado de su arte, ya que cuenta con innumerables grafittis de su autoría.

María Luisa Bemberg

Cuando pensamos en películas emblemáticas del cine argentino, dentro de la lista se encuentra Camila (1984). Con esta película, Bemberg, que había comenzado su carrera en el cine siendo guionista -e incluso siendo premiada por su trabajo en guion-, grabó su nombre en la historia del cine nacional.

María Luisa Bemberg nació en 1922, en el seno de una familia de buen pasar económico. Comenzó a dirigir películas cerca de sus 50 años, en las que dejó en claro, desde sus comienzos, su impronta personal. Las producciones de Bemberg estaban ligadas a su militancia feminista y a su disgusto por ciertos estereotipos de género y mandatos sociales, dejando establecido un interés central en la problemática femenina.

Entre sus producciones se encuentran El mundo de la mujer (1972), Juguetes (1978), Señora de Nadie (1981), Miss Mary (1986) y De eso no se habla (1993). Además, llevó a la pantalla la vida de dos famosas mujeres de la historia argentina y española: en Yo, la peor de todas (1990), relató la historia de Sor Juana Inés de la Cruz; y dirigió Camila, sobre Camila O’Gorman. Esta última película fue la que terminó de coronarla como un emblema del cine nacional. Camila fue la segunda película argentina nominada para un Óscar. Actualmente y debido a esta prestigiosa nominación, María Luisa Bemberg es la única mujer argentina nominada entre otros seis directores varones en la categoría de “Mejor Película Internacional”.

Durante su carrera Bemberg superó la docena de premiaciones e inmortalizó para siempre a personajes femeninos fuertes, rebeldes e independientes. Una artista que quedó para siempre en la historia de Argentina.

Lucrecia Martel

Oriunda de Salta, Lucrecia Martel es uno de los nombres más renombrados del nuevo cine argentino. Es directora de cine, guionista y productora. Tiene tal reconocimiento a nivel mundial que ya tres de sus largometrajes fueron elegidos para formar parte de la lista de las 100 mejores películas de todos los tiempos dirigidas por mujeres, según una encuesta organizada por la BBC.

Una de sus obras más aclamadas es La Ciénaga (2001), película por la cual obtuvo numerosos premios, entre ellos el premio NHK del Festival de Cine de Sundance, el Grand Prix del Festival de Cine latinoamericano de Toulouse, el premio a mejor película y mejor directora del Festival de Cine de La Habanay otros.

Entre las grandes obras de Martel se encuentran otras películas como La niña santa y La mujer sin cabeza. Todas son obras maestras que tienen como protagonistas a mujeres. Por estas dos últimas películas fue nominada en el prestigioso Festival de Cine de Cannes. Además, gracias a su gran talento, que demostró en todas sus creaciones, en 2019 fue elegida presidenta del jurado del Festival de Cine de Venecia.

Las películas de Martel no son para ver sin prestar mucha atención. Tienen matices, detalles y pequeños guiños que te atrapan de principio a fin. Una mujer de un talento inmensurable.

(Gentileza)
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