Concesiones hidroeléctricas: un abanico de posibilidades

La experiencia que comenzó en 1993 va llegando a su fin con algunos aciertos y demasiados puntos oscuros que pueden servir de base para la reestructuración futura.

hidroeléctricas
Comienza el análisis de las concesiones hidroeléctricas a cargo de una comisión de organismos públicos presidida por Carlos Ciapponi.

El año que viene vencerán la mayoría de las concesiones de las represas hidroeléctricas de la región. La experiencia que comenzó en 1993 va llegando a su fin con algunos aciertos y demasiados puntos oscuros que pueden servir de base para la reestructuración futura. De los errores se aprende y podríamos apreciar dos: el solapamiento de funciones entre la Autoridad de Cuencas y la Secretaría de Energía; la marginalidad en la toma de decisiones por parte de las provincias.

Claro, podrá argüirse que la reforma de la Constitución Nacional, que vino a terminar con las dudas y dejó expresamente escrito que los recursos naturales son propiedad de los Estados provinciales, se aprobó un año después. Como sea, el tema es que ahora los gobernadores de Río Negro – Arabela Carreras -, y de Neuquén – Omar Gutiérrez, dejaron en claro su voluntad de participar activamente en el nuevo proceso.

Columna de Energía de Herman Avoscan en LU19

Durante el encuentro de diciembre acordaron conformar una comisión que se encargara de estudiar y realizar propuestas sobre la situación a futuro. Y esa comisión se reunió en febrero con una integración de primer nivel: la secretaria de Estado de Energía rionegrina, Andrea Confini; y el ministro de Energía y Recursos Naturales neuquino, Alejandro Monteiro. Se determinaron algunas cuestiones prácticas, como el relevamiento de datos y la elaboración de un proyecto de reorganización del sistema. Uno no puede sentarse en la mesa del ministerio de Economía y de la secretaría de Energía de Nación sin tener una clara idea de los movimientos que puede realizar.

Claro que esos movimientos no son infinitos. Y en realidad, podríamos hablar de seis modelos puros sobre los cuales entablar el diálogo.

  1. Mantener el esquema actual

No les gusta a Neuquén ni a Río Negro, pero a veces las indefiniciones y los contextos pueden más que los gustos. ¿Para qué cambiar si sirvió en su momento?, puede ser la pregunta con que los reciban en Buenos Aires. Establecería el predominio de la secretaría de Energía para la regulación de los ríos.

  1. Refundar Hidronor

Hidroeléctrica Norpatagónica fue la sociedad del Estado Nacional que se creó en 1967 para llevar adelante las grandes obras del Comahue. Y hoy, algunos especialistas de Buenos Aires están retomando esta idea. Tienen dos grandes argumentos: fue una organización dinámica y eficiente para contratar y dirigir la construcción de las hidroeléctricas, con créditos millonarios en dólares; y que como las centrales fueron construidas por Nación, al término de la concesión deben retornar al mismo propietario. Desde las provincias, se reconoce que aquel modelo funcionó pero también que las provincias nunca tuvieron ni poder ni participación. La lógica centralista de las empresas nacionales fue el pecado original de Hidronor. Y la tibia respuesta que se puso en marcha durante el gobierno de Raúl Alfonsín, una gerencia de Asuntos Regionales, fue apenas una cuestión cosmética.

  1. Una sociedad mixta estatal (Nación – Provincias)

Construir un Hidronor moderno, siguiendo el modelo de la Autoridad de Cuencas y un directorio tripartito de Nación, Río Negro y Neuquén. Tendrían la responsabilidad de conducir y operar todo el sistema. La gran ventaja: las provincias serían actores privilegiados. La desventaja: tener que hacerse cargo en forma directa, con las responsabilidades financieras y económicas, en un momento complejo de la economía argentina.

  1. Una sociedad mixta privada – estatal

Una nueva experiencia en que el Estado y los empresarios privados conformen una unidad de negocios. Lo imaginó Rodolfo Terragno en 1988: una mayoría estatal con administración privada para la operación de Aerolíneas y de YPF. Nunca llegó a implementarse. El gobierno de Carlos Menem lo instrumentó para la petrolera estatal: venta del capital accionario a inversores privados con límites de participación y la reserva del 15 % más una acción de oro para el Estado nacional. Puede decirse que funcionó un tiempo, durante la presidencia de José Alberto Pepe Estenssoro, entre 1989 y 1995, fecha de su muerte en un accidente aéreo. Durante su gestión YPF se convirtió en una empresa más “eficiente” pero a costa de una draconiana reducción de personal: en pocos años, la petrolera redujo su plantilla en un 90 %. La historia terminó diferente cuando apareció la española Repsol: primero, con una oferta hostil que le permitió concentrar gran parte de las acciones. Y en 1999, con la compra del 15 % y la acción de oro de Nación a cambio de 10.000 millones de dólares. Los modelos, a veces, se tropiezan con la realidad.

  1. Sociedad estatal – contratación de gerenciamiento privado

Esta modalidad nunca se implementó en la Argentina pero sí es bastante habitual en el resto del mundo. El Estado, simplemente, se reserva la propiedad del recurso y le paga a un privado por el gerenciamiento. Si se busca la pura eficiencia, es una buena forma de exigirla. Lo implementa Saudi Aramco, la petrolera árabe más grande del mundo; y estatal. Ellos contratan el servicio de perforación o de extracción, pagan un valor determinado, y luego deciden qué hacer con “su” petróleo. Eficiencia máxima para el Estado saudí. Pero para repetirlo, claro, hay que tener la plata.

  1. Concesiones con nuevo marco regulatorio

Teniendo en cuenta las posibilidades reales de los Estados (Nación + provincias), lo más probable es que esta hipótesis sea la más atractiva. Primero: determinar un nuevo marco regulatorio que elimine las contradicciones del actual y permita una participación real de Río Negro y Neuquén en las definiciones. Segundo: que no deje supeditada las cuestiones de inversiones y regalías a la secretaría de Energía. Tercero: que especifique una alícuota especial de ingreso a la cuenca. Esta podría abonarse en forma de disponibilidad de energía eléctrica para que las provincias puedan promover la radicación de actividades electrointensivas en diferentes zonas de su geografía. También sería una forma de recuperar su capacidad de poner en práctica políticas de promoción industrial.

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