Simone de Beauvoir, feminista y comprometida

"Nadie es más arrogante, violento, agresivo y desdeñoso contra las mujeres, que un hombre inseguro de su propia virilidad"

Fue una de las pensadoras feministas más influyentes de la historia moderna y contemporánea. Reconocida como gran novelista, activista política, escritora de memorias y filósofa, trascendió sobre todo por haber escrito el revolucionario texto «El segundo sexo» en 1949, cambiando radicalmente el debate sobre el papel de la mujer en la sociedad. Durante la mayor parte de su vida mantuvo una relación poliamorosa con el filósofo existencialista Jean-Paul Sartre, basándose en la libertad individual, estableciendo relaciones románticas variadas con hombres y mujeres sin tener como objetivo el casamiento y los hijos.

Los comienzos

Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir nació el 9 de enero de 1908 en París, en una familia burguesa profundamente religiosa; era hija de Georges Bertrand de Beauvoir y Françoise de Brasseur. Tanto ella como su hermana pequeña, Hèléne, estudiaron en colegios católicos.

Simone (izq.), su madre y Hèléne

Su infancia no fue del todo sencilla. Después de la Primera Guerra Mundial (1918), su abuelo materno, Gustave de Brasseur, presidente del Banco del Mosa, cae en bancarrota, se declara en quiebra y termina en la cárcel, precipitando a toda su familia al deshonor y el colapso. A los 11 años de Simone, debieron trasladarse de una mansión a un departamento sin ascensor ni agua corriente.

Su padre -abogado y actor aficionado- encontró trabajo en el Ministerio de Guerra con un pequeño salario, pero la pérdida de su status lo sumió en una depresión que intentaba superar con alcohol y prostitutas. Pese a esta lamentable situación económica, Simone y Hélène siguieron recibiendo una educación elitista y privada para cuidar su imagen social.

Élisabeth “Zaza” Lacoin y Simone en 1928

En la escuela, Simone entabla una profunda amistad con Élisabeth Lacoin, que duraría toda su vida, y que la inspiraría en sus primeras obras, y también en «Las inseparables», texto que refleja el recorrido por su infancia y que recién fue publicado en el año 2020.

Georges de Beauvoir nunca le ocultó su deseo de haber tenido un hijo varón. Este hecho y el deterioro del matrimonio de sus padres hicieron que su pensamiento feminista despertara. En su adolescencia se declaró atea, en contra de los sentimientos religiosos de su entorno: creía que la religión era una manera de dominar al ser humano.

“La anatomía y las hormonas nunca definen nada más que una situación”

Con 15 años, Simone ya tenía claro a lo que quería dedicarse: escribir. Tras terminar el bachillerato en 1925, se licenció en Letras en 1929 con especialización en Filosofía en la Universidad de París -fundada a mediados del siglo XII-, también conocida como La Sorbona. Pronto habría de convertirse en una de las máximas representantes del existencialismo.

Jean-Paul Sartre

En la Universidad conoció a Sartre, con el que iniciaría una relación que, salvo breves interrupciones, iba a durar prácticamente toda su vida. «El correspondía exactamente al compañero con el que yo había soñado desde los 15 años. Era el doble en quien encontraba, incandescentes, todas mis manías. Siempre podía compartirlo todo con él», escribió en «Memorias de una joven formal».

El filósofo, desde un principio, la llamó «Castor», y (como dijo en más de una ocasión) de ella le gustó que tenía «la inteligencia de un hombre y la sensibilidad de una mujer». Hacía tiempo ya que Simone se había independizado, abandonando para siempre el hogar familiar. Estaba entusiasmada con su libertad.

Juan Sklar: Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre

Se incorporó al círculo de Sartre, al tiempo que enseñaba Filosofía en distintos lugares de Francia: Ruan, Marsella o París. Entre 1941 y 1943 fue profesora en La Sorbona. Sin embargo, su carrera se vio truncada cuando se produjo la ocupación alemana de París a causa de la Segunda Guerra Mundial; entonces decidió abandonar la docencia para dedicarse por entero a escribir.

Durante ese período, formó parte de la Resistencia francesa contra los nazis y escribió su primera novela, «La invitada» (1943), en la que abordó la ideología existencialista de la libertad y la responsabilidad individual, que volvería a aflorar posteriormente en novelas como «La sangre de los otros» (1944) y «Los Mandarines» (1954).

«El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente»

En «La invitada», sobre el fondo del mundo teatral y artístico de París en la primera mitad del siglo XX, recrea con sólido talento el nacimiento, la evolución y la disgregación de un triángulo amoroso formado por dos adultos y una joven que, a su vez, le sirve para cuestionar el modelo burgués de pareja y familia. En esta impactante novela -hay que tener en cuenta la época- aparecen ya los grandes temas que caracterizan su obra; la profundidad de los personajes y la exploración acerca de sus sentimientos han convertido este trabajo en uno de sus mejores relatos.

Los Tiempos Modernos

Terminada la guerra, Simone cofundó con Sartre la legendaria revista literaria, política y filosófica «Les Temps Modernes» (1945), titulo tomado de la película homónima de Charles Chaplin, y que ella dirigió hasta 1986. Los postguerra abría una brecha por la que fluyeron nuevas ideas capaces de poder representar a una juventud también distinta.

El existencialismo, término acuñado por el filósofo francés Gabriel Marcel, fue la corriente intelectual que, alejada de la filosofía tradicional, estaba en condiciones de ir más allá de sus propia teorías y convertirse en un modo de vida, porque ofrecía una nueva ética a esa Francia que había quedado dividida por la guerra.

Es el paradigma de la libertad que rompió finalmente con los valores del pasado. La lucha tenía, por fin, un sentido. La máxima existencialista de que la “existencia precede a la esencia” sostuvo la filosofía de Simone. Para ella, como para Jean-Paul Sartre, primero nos lanzan al mundo y luego creamos nuestro ser actuando.

«Yo soy mi propia heroína»

En su ensayo «Para una moral de la ambigüedad» (1947), Simone de Beauvoir dice: «El hombre no es ni una piedra ni una planta, y no puede justificarse a sí mismo por su mera presencia en el mundo. El hombre es hombre solo por su negación a permanecer pasivo, por el impulso que lo proyecta desde el presente hacia el futuro y lo dirige hacia cosas con el propósito de dominarlas y darles forma. Para el hombre, existir significa remodelar la existencia. Vivir es la voluntad de vivir».

El segundo sexo

A través de «Les Temps Modernes» (que durante más de veinticinco años se convirtió en uno de los principales iconos de la vida intelectual francesa), Sartre y Beauvoir defendieron sus tesis. Y fue allí donde Simone publicó también los primeros capítulos de «El segundo sexo».

El libro se publicó en 1949. Se trata del ensayo feminista más importante del siglo XX. En esta piedra angular del movimiento, la autora analiza, desde una perspectiva histórica, social y filosófica, la condición de las mujeres en las sociedades occidentales. Está dividido en cuatro partes: en la primera, examina lo femenino desde el punto de vista de la ciencia; en la segunda, reflexiona sobre el tema desde la perspectiva de la historia, en la que la mujer ha sido siempre una presencia-ausencia (salvo algunas excepciones, la mujer ha sido lo que el hombre ha querido que fuera); en el tercer apartado, estudia los mitos femeninos más antiguos y llega hasta la imagen de la mujer creada por la literatura; la cuarta y última parte es una reflexión sobre la vivencia femenina en las diferentes edades de la vida, de la infancia a la vejez.

«Porqué soy feminista». Entrevista a Simone de Beauvoir

«El segundo sexo» es un extraordinario ensayo sobre los determinantes históricos y psicológicos de la condición femenina. Simone de Beauvoir alcanzó una enorme popularidad. Algunos aprovecharon la ocasión para tratarla de neurótica, frígida, reprimida y frustrada, de mujer envidiosa y amargada, al tiempo que ella no dejaba de recibir cartas y cartas de mujeres de todo el mundo expresándole su apoyo y satisfacción.

«El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres»

Esta obra marca un antes y un depués en la historia del feminismo. Su vigencia se debe sobre todo a la amplitud con la que Simone se enfrentó al texto, a su concepción igualitaria de los seres humanos y al analisis totalizador que realiza de la concepción femenina en Occidente desde diferentes ámbitos (histórico, psicológico, ontológico, científico, mitológico y sociológico).

Los Mandarines

Esta novela, que mereció el famoso Premio Goncourt en 1954, arranca después de la Segunda Guerra Mundial y describe el desastre general que ésta ha significado; la psicoanalista parisina Anne Dubreuilh, ya cercana a los cuarenta años, trata de recomponer su vida. Su marido es un célebre escritor mucho mayor que ella y Henri Perron, su amigo más cercano, vive su plenitud creadora y su obra está a punto de ser aclamada unánimemente por el público. Todos ellos han participado en la Resistencia durante la ocupación alemana.

En realidad, el texto comienza con una fiesta en el departamento de Paule, mujer de Henri, en diciembre del ’44, cuando la conflagración todavía no ha finalizado. Pronto se revela que lo que ha comenzado como una celebración no es sino el umbral de un tiempo de nuevos desgarros y crisis. Ahora que la libertad es palpable, casi real, tras un prolongado período de oscurantismo, parecería natural que el temor y la desdicha diesen paso a la ilusión y a los sueños y que los proyectos largamente aplazados renaciesen con fuerza. Pero nada va a ser tan fácil y, solapadamente, una profunda tristeza se va a instalar en la vida de cada uno de los protagonistas, símbolo del conjunto de la sociedad francesa.

«Los mandarines» es sin duda la novela documental más importante sobre los años de posguerra en Francia y está considerada como una lectura impresicindible en el movimiento feminista.

La política

En los años ’50 y ’60, Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre se habían convertido en los embajadores intelectuales de la izquierda, una de las parejas públicas que gozaba de mayor popularidad, no solo en Francia sino en el mundo entero. Su postura política radical, sus artículos, sus conferencias, sus viajes y su apoyo incondicional a las causas que creían justas contribuían diariamente a acrecentar su imagen de intelectuales comprometidos.

Simone y Sartre con Ernesto Guevara y Fidel Castro, en Cuba en 1960

Simone adoptó posturas políticas cuestionables: una vez, por ejemplo, consideró a Mao Tse Tung, el líder chino, responsable de la muerte de hambre de más de 60 millones de personas, “no más dictatorial” que Franklin Delano Roosevelt, el presidente de los EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial. La filosofía del compromiso político de Simone tiene un lado oscuro, y cometió varios errores de juicio.

Con los regímenes opresivos, ella reconoció que los individuos normalmente pagan un alto precio por enfrentarse a dictadores y a la tiranía de la mayoría, pero demostró concretamente -a través de su escritura y de su compromiso político- el poder de la acción colectiva para provocar un cambio estructural.

Los amores de Simone

En su obra «Carnéts» (Cuadernos), Jean-Paul Sartre explica que le dijo a Simone que “existían dos tipos de sexualidad: el amor necesario y los amores contingentes. Y ella aceptó”. Simone era su amor necesario, las demás –Michelle, Arlette, Evelyne y Wanda, etc -, eran las contingentes.

No obstante el acuerdo que tenían (el de poder tener relaciones con las parejas que quisieran), nada fue tan fácil. Ella sufría mucho con las infidelidades del filósofo -él llevaba en una agenda los horarios en los que «atendía» a sus amigas- pero le respondía de la misma manera, tanto con hombres como con mujeres.

Jean-Paul y Simone, un amor poligámico

En 1947, Simone viajó a los Estados Undios para dar unas conferencias. En Chicago conoció al escritor norteamericano Nelson Algren, con el que iniciaría una relación que iba a durar hasta 1964. En ese mismo momento, Sartre mantenía un romance con la actriz Dolores Vanetti (una más de su larga serie de conquistas), lo que la había sumido en un estado de profunda inquietud.

Algren apareció en el momento adecuado. Las cartas que le escribió ella a lo largo de varios años (más de seiscientas páginas) ponen de manifiesto una pasión amorosa sin precedentes, que duró al menos cinco años, antes de que se transformara en amistad, para acabar, por último, en múltiples reproches y recriminaciones.

Simone y Algren en Chicago

Simone se enamoró de Algren, sin embargo su amor no fue tan fuerte como para dejar a Sartre, tal como le suplicaba el norteamericano que hiciera. El escritor detestaba la dependencia del filósofo que ella tenía, pese a que intentara en vano expicárselo en más de una ocasión («No podría ser la Simone que amas si pudiese abandonar mi vida con Sartre»).

Decepcionado, él optó por poner fin a la relación. Cuenta Lisa Appignanesi en su libro «Simone de Beauvoir» que el tema del amor fue una de las principales preocupaciones en la obra de la escritora: «Es la evocación de las mujeres enamoradas, infelizmente enamoradas, lo que da a sus libros su verdadera vitalidad».

Un triángulo intelectual

La escritora y filósofa amó tambien al cineasta Claude Lanzmann, 18 años menor que ella, que era secretario de Sartre. En 1950, él tenía 26 y ella 44. «Mi querido niño, eres mi primer amor absoluto, el que sólo sucede una vez en la vida, o tal vez nunca», escribió en una de las 122 cartas de amor que se publicaron recién en 2018.

Claude Lanzmann, Sartre y Simone de Beauvoir

El joven fue el tercer vértice del triángulo amoroso de estos filósofos existencialistas, que practicaron un amor libre. «Nuestro trío no era una especie de orgía. Cada uno tenía sus días con ella», explicó el documentalista años después.

Claude Lanzmann fue director de «Los tiempos Modernos» desde la muerte de Simone, en 1986, hasta el cierre definitivo de la revista, en 2018.

El final
A los 48 años, la escritora comenzó su autobiografía, «Memorias de una joven formal», que se publicó en 1958. A esta primera entrega le siguieron otras tres: «La fuerza de la edad» (1960), «La fuerza de las cosas» (1963) y «Final de cuentas» (1972).

Estos cuatro tomos se convirtieron en un modelo a seguir para muchas mujeres de la época. Simone de Beauvoir se erigía como la heroína de su propia obra, a la par que se convertía también en una figura admirada por sus lectoras. Ella era la mujer que había satisfecho sus aspiraciones, la mujer emancipada que había dado rienda suelta a sus anhelos y que había sido capaz de mantener un compromiso con sus propias responsabilidades.

En 1970 publicó «La Vejez», un ensayo brillante y anticipatorio en el que observa que los viejos son el resultado de un fracaso social; al igual que a los pobres, los inmigrantes o los enfermos mentales, la sociedad los ha convertido en una nueva clase de marginados. Después de este trabajo, se consagró a cuidar a Sartre, su compañero enfermo, hasta que el filósofo murió el 15 de abril de 1980.

Un año después, en 1981, publicó «La ceremonia del adiós», un homenje a su amigo-amante fallecido que, junto con «Una muerte muy dulce» (donde relata la de su madre), constituye uno de los testimonios más lúcidos y afectivos de toda su narrativa.
Simone Lucie Ernestine Marie Bertrand de Beauvoir murió el 14 de abril de 1986 en París a las cuatro de la tarde, ocho horas antes de que se cumpliese el sexto aniversario de la muerte del filósofo. Tenía 78 años y dejó un legado enormemente importante que tiene más vigencia que nunca para su análisis y crítica.

 

Fuentes: mujeres-riot.webcindario.com; womennow.es; latercera.com; lecturalia.com; elfeminismo.com; philosophica.info; psicologiaymente.com; Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Simone de Beauvoir». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona, España, 2004.
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