«Las palabras y el silencio»

Escrito por Shivani Rodriguez. Taller de Creatividad Literaria conducido por Norberto Landeyro. Para participar pueden contactarse a [email protected]

Todos los seres en el universo se comunican de alguna manera. Sin importar el idioma, la palabra es esa combinación de sonidos que nos fue dada para transmitir una realidad, un hecho, una verdad: es un nexo con lo que Es.

Desprovista de su significado real es un cuenco vacio y carente de valor, que usamos a nuestro antojo disfrazándonos de engaños y vistiéndonos de hipocresía. La consideramos de nuestra propia invención y por lo tanto las explotamos, las expandimos y las desplegamos mucho más allá de los límites de lo necesario y luego no sabemos qué hacer con ellas.

El pensamiento y su velocidad fueron contaminados por estas palabras de nuestra invención, carentes de su valor intrínseco.

Nuestras mentes se han vuelto un receptáculo de pensamientos muertos hechos por ellas, palabras que nada transmiten y perturban el alma evocando imágenes que nos inundan de sensaciones, perturbadoras o placenteras, moviéndonos en el tiempo hacia recuerdos o proyecciones. Imágenes y palabras hechas pensamiento que nos roban el momento de Ser.

El pensamiento, sagrado, es el instrumento que nos permite encontrar las palabras y nos conecta a la esencia de lo que ellas quieren transmitir; nos eleva hacia una inteligencia creadora.

Pero hemos pecado de soberbia irresponsabilidad llenándolo de un lenguaje vacío, despojado de su significado primordial; le construimos un nexo con el dolor y el pensamiento se volvió un proceso de constante división y al no ser sagrado el momento, el instante le fue vedado, su permanencia solo puede darse en el movimiento del pasado que atraviesa el presente proyectándose hacia el futuro.

Así, en busca de coherencia, es el pensamiento el que evoca la sensación (temor, placer), el que registra una experiencia previa, la imagen y la palabra indispensables para la reacción de reconocimiento que hace posible esa sensación. Al sustraer a la palabra de su nexo con lo que Es, hemos degradado al pensamiento, lo hemos puesto al servicio de todas nuestras reacciones psicológicas y lloramos presos en nuestras propias trampas, atormentados por lo que hemos hecho.

Ahora, el pensamiento puede crear mundos completos, realidades que parecen como tal pero que no se sostienen por sí mismas. Debemos ser tan cuidadosos y estar tan atentos para ver todos sus engaños, porque tiene infinitas posibilidades de engañarse a sí mismo… y lo hace por que le hemos dado las herramientas necesarias.

Creamos un mundo artificial plagado de métodos, formulas y formas establecidas acerca de cómo hacer las cosas. Las situaciones de la vida cotidiana pasaron a ser problemas que deben encontrar una solución, dentro de la gama de soluciones que ofrece el mercado. La natural percepción directa de los hechos y su consecuente acción inmediata se fue durmiendo en las reacciones de una mente mecánica y repetitiva.

Algo en nosotros ha corrompido el don de la palabra, hemos abusado de este generoso regalo que nos ha sido dado para comunicar y comunicarnos. Hemos perdido el respeto por ellas y agotamos sus cualidades. Separadas de la sagrada fuente que les daba vida perdieron su esencia y les impusimos el poder de robarle el alma a la verdad.

Ellas redundan en hechos desprovistos de realidad que nos llegan como conceptos trillados, que repetimos incansablemente para dar con algo que nos conecte. Las hemos referido a tantas cosas y manipulado de tal manera que solo nos describen un camino de arena reseca, en el que el alma muere de sed creyendo ir al encuentro de la fuente.

Si comprendemos con responsabilidad estos hechos también sabremos que Amor, Dios, Honor, Felicidad, Belleza, Verdad, son palabras que merecen en nuestro corazón un minuto de silencio.

El silencio no es solo confort para nuestras mentes atiborradas de balbuceos sin sentidos. El silencio es el respeto a la palabra y a lo sagrado que nos comunica.
En el silencio la palabra se funde con su fuente y nos transporta a lo que Es. Su existencia como nexo perece en nuestro contacto con la fuente y allí Somos, y allí aprendemos que cada palabra vale lo que pesa y de nosotros emana esa calidad extraída del silencio.

No podemos buscar el silencio, solo necesitamos darnos cuenta de cómo lo hemos perdido.

El silencio no requiere esfuerzo, adviene con la comprensión de la verdad y el sagrado respeto a las palabras.

Por: Shivani Rodriguez

 

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