Mario Vargas Llosa, las manos «inmortales»

"La pasión por la literatura, como todos los buenos vicios, se acrecienta con el paso de los años"

Figura fundamental del «boom» de la literatura hispanoamericana de los ’60, el escritor peruano, lo mismo que otros miembros del movimiento, rompió con los cauces de la narrativa tradicional al asumir las innovaciones europeas y estadounidenses y adoptar técnicas como el monólogo interior, la pluralidad de puntos de vista o la fragmentación cronológica, puestas por lo general al servicio de un crudo realismo. La obtención del premio Nobel de Literatura en 2010 coronó una trayectoria ejemplar, y además es integrante de la Real Academia de la Lengua Española desde 1994, y acaba de ser nombrado como uno de los miembros de la Academia Francesa, a los que se denomina «inmortales».

El comienzo

Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, el 28 de marzo de 1936 y pasó su infancia entre Cochabamba (Bolivia) y las ciudades peruanas de Piura y Lima. El divorcio y la posterior reconciliación de sus padres -cuando tenía 10 años- motivó frecuentes cambios de domicilio y de colegio; entre los catorce y los dieciséis estuvo internado en la Academia Militar Leoncio Prado, escenario posterior de su novela «La ciudad y los perros».

Mario Vargas Llosa y su madre, Dora Llosa Ureta

A los dieciséis años inició su carrera literaria y periodística con el estreno del drama «La huida del Inca», una obra teatral de escaso éxito, escrita mientras cursaba el último año de enseñanza secundaria en el colegio San Miguel de Piura.

El «estreno» de Vargas Llosa como escritor, en 1952

Poco después ingresó en la Universidad de San Marcos de Lima, donde cursó Literatura. Desempeñó hasta siete trabajos simultáneos para poder vivir sin abandonar sus estudios: desde redactor de noticias en una emisora de radio hasta registrador en el Cementerio General de la capital peruana. En 1955, el escándalo que provocó al casarse clandestinamente con su tía política Julia Urquidi (episodio que inspiró la novela «La tía Julia y el escribidor»), agravó aún más su situación, y tuvo que recurrir a algunos amigos para aliviar su penosa situación doméstica. El tenía 19 años y ella 29.

Mario Vargas Llosa y Julia Urquidi, apenas casados, en París

En Lima fundó la publicación «Cuadernos de Composición» (1956-1957), junto con Luis Loayza y Abelardo Oquendo, y luego la «Revista de Literatura» (1958-1959), erigiéndose en estas publicaciones como abanderado de un grupo que reaccionaba contra la narrativa social y documentalista de aquel entonces. A finales de los años 50 pudo finalmente viajar y establecerse en Europa, donde empezó a trabajar en la Radio Televisión Francesa y fue profesor en el Queen Mary College de Londres (Colegio Reina María).

La obra

Publicó su primera obra importante, «Los jefes», en 1959, con apenas veintitrés años, y con la novela «La ciudad y los perros» (1963) se ganó ya un prestigio entre los escritores que por aquel entonces gestaban el inminente boom literario iberoamericano.

En «Los jefes» hay seis relatos que giran en torno al fenómeno de la violencia como reacción solidaria o rebelión gratuita frente a un entorno agresivo. En todos ellos se descubren esbozos argumentales y apuntes de personajes que alcanzarán su pleno despliegue en sus extraordinarias novelas posteriores. Esta interesante antología es una de las grandes muestras de la narrativa corta del peruano, quizá más conocido por su producción novelística.

«La literatura nace del paso entre lo que el hombre es y lo que quiere ser»

Vargas Llosa acabaría figurando entre los autores esenciales de aquel fenómeno editorial de esta parte del planeta, y se lo situó por su relevancia en primera línea, junto a narradores de la talla del colombiano Gabriel García Márquez, los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes, los argentinos Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato, los cubanos José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante o el uruguayo Mario Benedetti.

«La ciudad y los perros» es el reflejo y la denuncia de la organización paramilitar del Colegio Leoncio Prado, en el que el autor había realizado sus estudios secundarios. El ambiente cerrado y opresivo de aquel instituto militar de Lima, parece compendiar toda la violencia y corrupción del mundo actual; los «perros» del título son los alumnos del primer año, sometidos a crueles salvajadas por parte de los mayores.

El éxito de esta novela y el espaldarazo que supuso a su carrera literaria le permitió dejar atrás una etapa de precariedad y bohemia. En Europa, el escritor peruano estableció su residencia primero en París y luego en Londres (1967), desde donde se trasladó a Washington y luego a Puerto Rico.

Mario Vargas Llosa habla sobre su obra literaria

En 1976, junto a José María Gutiérrez, codirigió la versión cinematográfica de su novela «Pantaleón y las visitadoras», protagonizada por José Sacristán y Katy Jurado.

En ella, Pantaleón Pantoja, un capitán del Ejército recientemente ascendido, recibe la misión de establecer un servicio de prostitución para las Fuerzas Armadas del Perú en el más absoluto secreto militar. Estricto cumplidor del deber que le ha sido asignado, se traslada a Iquitos, en plena selva, para llevar a cabo su cometido, pero se entrega a esta misión con tal obcecación que termina por hacer peligrar el engranaje que él mismo ha puesto en movimiento.

«La política saca a flote lo peor del ser humano»

Vargas Llosa utiliza esta anécdota para subrayar la hipocresía de las instituciones que se llaman ejemplares y del «oficio más viejo del mundo». El eterno debate entre verdad y mentira, entre necesidad y virtud, y las perniciosas consecuencias que depara a veces la observancia rigurosa del deber, son los valores fundamentales de esta extraordinaria novela.

De izq. a der., sentados Katy Jurado y José Sacristán. En el medio, Vargas Llosa durante la filmación

«Intenté al principio contar esta historia en serio», dijo el autor. «Descubrí que era imposible. Fue una experiencia liberadora, que me reveló las posibilidades del juego y el humor en la literatura».

En 1977 fue nombrado miembro de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la cátedra Simón Bolívar en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra.

La política

En el terreno político, su postura sufrió con los años profundas transformaciones. El rechazo visceral a toda dictadura y el acercamiento a la Democracia Cristiana caracterizaron su juventud; en los años 60 pasó desde un explícito apoyo a la Revolución Cubana del Che Guevara y Fidel Castro hasta un progresivo distanciamiento del comunismo, llegando a la ruptura definitiva con el gobierno de la isla caribeña en 1971 a raíz del llamado «Caso Padilla».

Vargas Llosa y la muerte de Fidel Castro: «Es muy difícil que el régimen sobreviva a la larga, a la desaparición del dictador»

Este incidente quebró la relación cercana de muchos intelectuales con la revolución de Castro. Heberto Padilla era un poeta cubano que en 1971 fue arrestado después de ofrecer una lectura pública en la Unión de Escritores, donde recitó fragmentos de su libro “Provocaciones”.

«Todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Se puede medir la salud democrática de un país evaluando la diversidad de opiniones, la libertad de expresión y el espíritu crítico de sus diversos medios de comunicación»

Padilla fue acusado de perpetrar actividades subversivas contra el gobierno, y su arresto levantó una polvareda continental. Escritores como Julio Cortázar, Susan Sontag, Octavio Paz, Jean-Paul Sartre y muchos más protestaron. Después de 38 largos días de prisión, se presentó nuevamente en la Unión de Escritores y leyó una “Autocrítica”, donde se arrepintió de todo lo que escribió en su vida. Para muchos, el caso fue el fin de un romance cubano.

Heberto Padilla, el poeta cubano «arrepentido»

Con el tiempo, Mario Vargas Llosa terminó convertido en un firme defensor del Liberalismo, aunque sin renunciar a los avances sociales conseguidos por el progresismo, y en los ’80 llegó a participar activamente en la política de su país. Impulsor del partido Frente Democrático, cuyo programa combinaba el neoliberalismo con los intereses de la oligarquía tradicional peruana, se presentó como candidato a Presidente en las elecciones peruanas de 1990, en las que fue derrotado por Alberto Fujimori.

Vargas Llosa en la campaña presidencial de 1990

Decidió entonces trasladarse a Europa y dedicarse por completo a la literatura; publicó -y aún lo hace- artículos de opinión en periódicos como El País (Madrid), La Nación (Buenos Aires), Le Monde (París), The New York Times y El Nacional (México). En 1993 obtuvo la nacionalidad española, y un año después fue nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua.

El éxito y la fama

Formado en el marco generacional del 50 (su primer libro es de 1959: la colección de cuentos titulada «Los jefes»), Vargas Llosa es uno de los novelistas hispanoamericanos de mayor fama mundial, y quizás el que ha escrito el mayor número de novelas de altísima calidad.

Como narrador, maduró precozmente: «La ciudad y los perros» es la primera novela peruana completamente «moderna» en recursos expresivos. «La Casa Verde» (1966), «Los cachorros» (1967) y «Conversación en La Catedral» (1969) lo ungieron -tal cual fue dicho- como uno de los protagonistas del «boom» de la novela hispanoamericana de los ’60 y como el más característicamente neorrealista del grupo, con un virtuosismo técnico de enorme influencia internacional.

«Si tuviera que salvar del fuego una sola de las novelas que he escrito, salvaría ésta», dijo alguna vez su autor. Zavalita y el zambo Ambrosio conversan en La Catedral, nombre de un modesto bar de Lima. Es el Perú del «ochenio» tiránico del general Manuel Odría (1948-1956), en el que aparecen unas cuantas cervezas y un río de palabras en libertad para responder a la palabra amordazada por la dictadura. No es, a pesar de todo, una novela histórica.

«Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias»

Sus personajes, las historias que cuentan, los fragmentos que van encajando, conforman la descripción minuciosa de un envilecimiento colectivo, el repaso de todos los caminos que hacen desembocar a un pueblo entero en la frustración. Es algo más que un hito en el andamiaje literario de Vargas Llosa: es un punto de referencia insoslayable, un dato fijo en la historia de la literatura actual.

La primera novela que el escritor peruano situó fuera de su país, «La guerra del fin del mundo» (1981), es un prodigio de expresión de mentalidades profundas, pasiones irracionales y desbocadas fuerzas sociales. Un relato exhaustivamente documentado -fue un hecho real-, tanto a través de lecturas como de viajes sobre el terreno en el que tuvo lugar este acontecimiento histórico. Un libro fundamental en la historia literaria del siglo XX.

«Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes lo escogen»

A finales del siglo XIX, en las tierras paupérrimas del noreste del Brasil, el chispazo de las arengas de Beatito Antonio Conselheiro, personaje mesiánico y enigmático, ayudará a la insurrección de los desheredados. En circunstancias extremas como aquellas, la consecución de la dignidad vital sólo podrá venir de la exaltación religiosa -el convencimiento fanático de la elección divina de los marginados del mundo- y del quebranto radical de las reglas que rigen el mundo de los poderosos.

Escena del film «Pajas de Guerra» (1998), del brasileño Sergio Rezende, adaptación de «La guerra del fin del mundo»

Así, grupos de miserables acudirán a la llamada de la «Revolución de Canudos», la ciudad donde se asentará esta comunidad de personajes que difícilmente desaparecerán de la imaginación de cualquier lector: el Beatito, el León de Natuba, María Quadrado…

Frente a todos ellos, se articula una trama político-militar para detener con toda su fuerza el movimiento que amenaza con expandirse.

Nuevos rumbos literarios

En sus novelas posteriores abandonó el designio de labrar «novelas totales» que hasta entonces lo obsesionaba, y optó por la reelaboración (irónica o transgresora) de formas o géneros subliterarios o extraliterarios, planteando con gran frecuencia una reflexión sobre los límites de la realidad y la ficción que recrea aspectos de la literatura fantástica y el experimentalismo narrativo, sin caer en ellos por completo.

Así, utiliza la farsa, en «Pantaleón y las visitadoras»; el melodrama, en «La tía Julia y el escribidor» (1977); la política-ficción anticipatoria en «Historia de Mayta» (1984-encuesta sobre un antiguo compañero del colegio que, en 1958, protagonizó una sublevación en una localidad andina); el relato de crimen y misterio en «¿Quién mató a Palomino Molero?» (1986-que es en sí mismo un proceso narrativo bajo pretexto de una investigación policial) y «Lituma en los Andes» (1993-en un campamento minero de las montañas del Perú, el cabo Lituma y su adjunto Tomás viven en un ambiente bárbaro y hostil, bajo la constante amenaza de los guerrilleros maoístas de Sendero Luminoso); la narrativa erótica, en «Elogio de la madrastra» (1988) y «Los cuadernos de don Rigoberto» (1997); y la política en «La fiesta del chivo» (2000-en la que reconstruye con absoluta maestría la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana).

«El erotismo era sinónimo de rebelión y de libertad en lo social y en lo artístico. y una fuente maravillosa de creatividad»

No cabe duda de que la narrativa ocupa el lugar central de su abundante producción. Su magistral destreza técnica, su capacidad para hacer de cada una de ellas un mundo sólido capaz de autosostenerse y el hecho de otorgar una total autonomía al quehacer narrativo, precisamente, son sus virtudes centrales. En todos sus libros, inclusive los que podrían ser considerados «menores», la forma adquiere el más alto grado de importancia.

Otra obra que contribuyó a su consolidación literaria fue «La casa verde» (1966), verdadera exhibición de virtuosismo literario cuya prosa integra abundantes elementos experimentales, tales como la mezcla de diálogo y descripción, y la combinación de acciones y tiempos diversos. El relato, que transcurre principalmente en un burdel, presenta varias historias paralelas con un montaje sumamente complejo, con yuxtaposición de planos temporales y cambios de punto de vista.

Manuel Puig

En tanto, en «La tía Julia y el escribidor» (1977), acaso influido por los relatos del escritor argentino Manuel Puig, desarrolla en contrapunto las vivencias sentimentales y el mundo de las novelas radiofónicas, todo alrededor de su propia historia personal.

Escritor de oficio y trabajador infatigable, su prosa fue adquiriendo en sus posteriores novelas un tono medio o periodístico, que tal vez suponga cierto descenso respecto de obras anteriores, pero que ha incrementado su audiencia entre el público.

Ya iniciado el siglo XXI, entre sus producciones destacadas figuran «Travesuras de la niña mala» (2006), una historia entre lo cómico y lo trágico en la que el amor se muestra dueño de mil caras, y «El héroe discreto» (2013), novela en la que narra la historia paralela de dos personajes: el ordenado y entrañable Felícito Yanaqué, un pequeño empresario de Piura, que es extorsionado, y de Ismael Carrera, un exitoso hombre de negocios, dueño de una aseguradora en Lima, quien urde una sorpresiva venganza contra sus dos hijos haraganes que quisieron verlo muerto.

Crítica, teatro y periodismo

Además de su obra narrativa, Vargas Llosa ha desarrollado una sostenida labor crítica y es autor de originales y profundos estudios sobre diversos autores y cuestiones literarias. Entre ellos se destacan «García Márquez: historia de un deicidio» (1971), dedicado a una singular interpretación del autor colombiano y «La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary» (1975), sobre el novelista francés Gustave Flaubert, el gran estilista del realismo y su obra.

De izq. a der., Mario Vargas Llosa, Patricia Llosa, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti, Emir Rodríguez Monegal y Pablo Neruda, en el congreso del Pen Club de Nueva York en junio de 1966.

Luego siguieron «La verdad de las mentiras» (1990), una colección de ensayos sobre veinticinco novelistas contemporáneos; «La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo» (1996), donde analiza la vida y obra de su compatriota; «Cartas a un novelista» (1997), una suerte de preparación para la novela, dirigida especialmente a escritores jóvenes, y «El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti» (2008), en la que analiza en profundidad la vida y obra del gran escritor uruguayo.

«Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde podía sentirme libre y volvía a ser feliz»

Su incursión en el teatro ha sido frecuente: «La señorita de Tacna» (1981), «Kathie y el hipopótamo» (1983), «La chunga» (1986), «El loco de los balcones» (1993), «Ojos bonitos, cuadros feos» (1996), «Odiseo y Penélope» (2007) y «Al pie del Támesis» (2008) son las piezas dramáticas que ha publicado, en las que explora, preferentemente, destinos individuales.

Los tres volúmenes de «Contra viento y marea» (1983-1990) recogen una selección de sus crónicas, artículos y otros trabajos periodísticos. En 1993 apareció «El pez en el agua», libro de memorias en el que traza un doble relato: las peripecias de su campaña presidencial en 1990 y un recuento desde su infancia hasta el momento en que decide partir a Europa para consagrarse a la escritura; incluye algunas memorias de su primer casamiento, con Julia Urquidi.

El escritor y sus mujeres

A finales de 2015, Mario Vargas Llosa anunció la ruptura del matrimonio de casi 50 años con Patricia Llosa, su prima, y apareció en público de la mano de la filipina Isabel Preysler, ex esposa del cantante español Julio Iglesias, bien conocida en el ambiente de la farándula peninsular.

Isabel Preysler y Vargas Llosa

La noticia causó sorpresa -más que nada por su edad- aunque no fue el primer golpe de escena del escritor: en 1955 se había casado, a 19 años, con su tía política Julia Urquidi, esposa del hermano de su madre, que tenía 29 o 32, según quién lo contara. Era divorciada y había nacido en Bolivia.

París «era una fiesta» para el escritor y su tía…

La pareja duró hasta 1964. Ya asentado como escritor en París, abandonó a la «tía Julia» por su prima Patricia, de 19 años, con la que se casaría al año siguiente; tuvieron sus tres hijos, Álvaro, Gonzalo y Morgana.

El escritor y Patricia Llosa Urquidi

Aquella primera relación fue contada por el escritor en «La tía Julia y el escribidor» en 1977, y algunos años después, en 1983, recibió la dura respuesta de Urquidi en su libro «Lo que Varguitas no contó», un retrato de un matrimonio destruido, aseguraba ella, por las infidelidades de él.

Los celos de Julia y los escarceos románticos del autor con diversas mujeres contribuyeron a socavar el matrimonio. Ese primer matrimonio no terminó bien, aunque Vargas Llosa decidió compensarla con los derechos de su primera novela, «La ciudad y los perros». Pero cuando ella dio su versión de la relación en «Lo que Varguitas…», se los retiró.

«Solo un idiota puede ser totalmente feliz»

Por su parte, Preysler, de 65 años (hoy 70), luego de divorciarse de Iglesias, se casó con el aristócrata español Carlos Falcó, marqués de Griñón, y en 1988 con el ex ministro socialista de Economía Miguel Boyer, que falleció en septiembre de 2014.

El escritor peruano pidió el divorcio de Patricia Llosa en noviembre de 2015. «Este ha sido el año más feliz de mi vida. No se me ve acaso feliz a mí?», afirmó rotundo en una entrevista con la revista «Hola», con la que quiso zanjar todas las especulaciones sobre su relación con su nuevo y último (?) amor…

Vargas Llosa, García Márquez y sus esposas, antes del puñetazo

Pero los escándalos amorosos siempre rodearon la vida de Mario Vargas Llosa. Cuentan los testigos -entre los que estaba la escritora mexicana Elena Poniatowska- que en el año 1976 el peruano y Gabriel García Márquez coincidieron en el Teatro del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, para el estreno de la película «La odisea de Los Andes», cuyo guión había escrito Vargas Llosa.

Al encontrarse personalmente, sin siquiera saludarlo, el autor de «La casa verde» le propinó un puñetazo a su amigo colombiano, gritándole «esto es por lo que le hiciste a Patricia» (su esposa). Cuando le preguntaron por qué lo había hecho, solo atinó a contestar, «es un asunto personal, el resto se lo dejo a los historiadores»…

La actualidad

A los 85 años, Jorge Mario Pedro Vargas Llosa no solo sigue vigente en su actividad, en realidad más vigente que nunca, sino que el 25 de noviembre de 2021 la Academia Francesa -fundada en el siglo XVII por el cardenal Richelieu- lo ha nombrado como uno de sus miembros, en el sillón N° 18, honor que ningún escritor que no hubiera escrito en francés ha merecido hasta ahora.

Así, pasó a formar parte de los inmortales, que es el nombre que reciben los integrantes de la institución literaria gala.

El rey Carlos Gustavo de Suecia entrega el premio Nobel a Vargas Llosa en 2010

Antes, Vargas Llosa había sido distinguido, entre otros muchos galardones, con los premios Príncipe de Asturias de las Letras (1986), Cervantes (1994) y Nobel de Literatura (2010); el máximo galardón de las letras universales le llegó como reconocimiento a «su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual».

 

Fuentes: agencia EFE; palech.org; lne.es; elmundo.es; milenio.com; scielo.cl; medium.com; lecturalia.com; Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Mario Vargas Llosa». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona, España.

 

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