León Tolstoi, el titán ruso

"No hay grandeza donde faltan la sencillez, la bondad y la verdad".

Novelista, dramaturgo, filósofo, pedagogo, ensayista y literato infantil, es el más destacado representante de la novela realista en Rusia, como lo fueron Honoré de Balzac, Henri Beyle (Stendhal) y Gustave Flaubert en Francia. Su obra es fundamental para entender el desarrollo de la novela contemporánea. Construyó un enorme edificio literario que comprende algunas de las novelas más importantes de la historia, como «Guerra y paz» y «Anna Karénina», enre otras. En 1901 disputó, muy a su pesar, el primer premio Nobel con el poeta francés Sully Prudhome, quien finalmente lo ganó.

Liev Nikoláyevich Tolstoy (en castellano León Tolstoi y en ruso Лев Николаевич Толстой), nació en la finca Yásnaia Polyana, cercana a la ciudad de Tula (Rusia), el 28 de agosto de 1828 en el seno de una adinerada familia aristocrática.

La finca Yásnaia Polyana, hoy Museo Tolstói

Su padre era el Conde Nikolai Ilich Tolstoi y su madre la princesa Maria Nikolaievna Volkonski y él viviría siempre entre dos espacios simbólicos, la gran urbe y el campo; el primero representaba el deleite, el derroche y el lujo de quienes ambicionaban brillar en la sociedad, el segundo, por el que sintió devoción, era el lugar del laborioso alumbramiento de sus preclaros sueños literarios.

Quedó precozmente huérfano: su madre falleció cuando él tenía dos años y su padre en 1837. Pero el hecho de que después fuera a vivir con dos tías no influyó en su educación, que estuvo durante todo ese tiempo al cuidado de varios preceptores masculinos no demasiado exigentes con el adolescente aristócrata.

Tolstói a los 20 años

En 1844 ingresó a la Universidad de Kazán, instruyéndose en Leyes y Lenguas Orientales, pero abandonó sus estudios en 1847 descontento con los métodos educativos. Sus rendimientos académicos fueron pésimos, y probablemente no hubiera coronado nunca con éxito su instrucción de no haber tenido en cuenta sus profesores el alto rango social de su familia, tal como habían hecho sus antiguos maestros particulares.

Además, según cuenta el propio Tolstoi en tres de sus primeras obras, «Infancia», «Adolescencia» y «Juventud», a los dieciséis años «carecía de toda convicción moral y religiosa», se entregaba sin remordimiento a la ociosidad, era disoluto, resistía asombrosamente las bebidas alcohólicas, jugaba a las cartas sin descanso y obtenía con envidiable facilidad los favores de las mujeres. Inmerso en esa existencia de estudiante rico y con total despreocupación por sus obligaciones, vivió algún tiempo tanto en la bulliciosa Kazán como en la corrompida y deslumbrante ciudad de San Petersburgo, por aquel entonces capital del Imperio Ruso.

San Petersburgo, la «Venecia del norte de Europa», ex capital del Imperio Ruso

Decidió, entonces, completar personalmente su formación cultural, volcado hacia un torrente de lecturas que fueron perfilando sus conocimientos, a la vez que sentaban las bases de su estilo y ahondaban en los temas básicos de su posterior producción literaria. La Biblia ocupaba un lugar destacado, pero también las obras de autores tan singulares o comprometidos como Jean-Jacques Rousseau, Alexander Pushkin y Nikolai Gogol. Al mismo tiempo, frecuentaba los centros intelectuales de Moscú y San Petersburgo, y redactaba un diario íntimo que prolongó a lo largo de casi toda su vida.

«El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer lo que se hace»

Al salir de la universidad escapó a su refugio entre los campesinos de su Yásnaia Poliana natal, sufriendo una profunda sacudida ante el espectáculo del dolor y la miseria de sus siervos. A raíz de esta descorazonadora experiencia, concibió la noble idea de consagrarse al mejoramiento y la enmienda de las opresivas condiciones de los pobres, pero aún no sabía por dónde empezar.

La guerra y su obra

Su vocación literaria comenzó a dar los primeros frutos en forma de publicaciones impresas como «Relatos» (1851), y unos capítulos sueltos de «Infancia», que fue publicado al año siguiente en la revista «Sovremennik» (El Contemporáneo).

Entonces, para dar rienda suelta al vigor desbordante de su espíritu joven, decidió seguir la carrera militar e ingresó en el ejército a instancias de su amado hermano Nicolás. Pasó el examen reglamentario en Tiflis y fue nombrado oficial de artillería.

El enfrentamiento contra las guerrillas tártaras en las fronteras del Cáucaso, tuvo para él la doble consecuencia de descubrirle la propia temeridad y desprecio de la muerte y de darle a conocer un paisaje impresionante, que guardo para siempre en su memoria.

Enamorado desde niño de la naturaleza, aquellos monumentales lugares grabaron en su ánimo una nueva fe panteísta y un indeleble y singular misticismo.

La política expansionista del emperador Nicolás I de Rusia inquietó al resto de potencias europeas, que temían que se volviese demasiado poderosa y desató la contienda de Crimea

Al estallar la guerra de Crimea en 1853 (conflicto que entre 1853 y 1856 libraron el Imperio ruso y el Reino de Grecia contra una liga formada por el Imperio Otomano, el Reino Unido, Francia y el Reino de Cerdeña), pidió ser destinado al frente, donde dio muestras de gran arrojo y ganó cierta reputación por su intrepidez, pero su sensibilidad exacerbada toleró con impaciencia la ineptitud de los generales y el a menudo inútil heroísmo de los soldados, de modo que pidió su retiro y, tras descansar una breve temporada en el campo, decidió consagrarse por entero a la tarea de escribir.

Tolstoi en la guerra de Crimea

Los desastres de la guerra le brindaron material histórico-novelesco para varios relatos, «La tala del bosque» (1855), «Una tormenta de nieve» (1856), «Dos húsares» (1856) y el conjunto formado por los tres «Relatos de Sebastopol» (1855-1856). Este último título, a pesar de los inconvenientes de la censura, mereció enorme difusión en aquellas fechas porque además de mostrar ya un estilo literario verdaderamente apreciable, describía los horrores de la conflagración y el comportamiento heroico de los soldados rusos -no así el de los oficiales- con atinada justeza y plástica precisión.

Lampiño en su época de estudiante, mostachudo en el ejército y barbado en la década de los sesenta, la estampa que se hizo más célebre de Tolstoi es la que lo retrata ya anciano, con las largas y pobladas barbas blancas reposando en el pecho, el enérgico rostro hendido por las arrugas y los ojos alucinados. Pero esta emblemática imagen de patriarca terminó por adoptarla en su excéntrica vejez tras arduas batallas para reformar la vida social de su patria, empresa ésta obstaculizada en demasiadas ocasiones por inapelables derrotas.

«Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si no se está muriendo de hambre»

A partir de 1857 inició una serie de viajes por Europa Occidental (Francia, Suiza, Alemania, Italia e Inglaterra), en los que trabó contacto con grandes personajes contemporáneos suyos como Pierre-Joseph Proudhon, Aleksandr Ivánovich Herzen y Charles Dickens. Vuelto a Rusia, imbuido del espíritu progresista que animaba al continente y de la ideología populista difundida entonces entre sus compatriotas intelectuales, retomó sus antiguos proyectos socio-pedagógicos y fundó en su lugar de origen una escuela para pobres que valoraba, por encima de todo, la libertad de expresión del educando. En esta misma línea, creó la revista «Yásnaia Poliana» (1862), vehículo de difusión de sus propuestas literario-pedagógicas, luego también plasmadas en algunos libros como el ensayo «La importancia de la instrucción popular» (1862) y la narración «Los cuatro libros de lectura» (1873).

La escuela de Tolstoi en Yásnaia Poliana, al lado de su finca

Pronto fue imitada por otras casas de estudio, pero su peligrosa novedad, junto a los ataques del escritor contra la censura y a su reivindicación de la libertad de palabra para todos, incluso para los disidentes políticos, despertó las iras del gobierno, que a los pocos años mandó cerrarla. Era uno de los primeros reveses de su proyecto reformador y uno de los primigenios encontronazos con las fuerzas vivas de Rusia, aunque no sería el único. Sus discrepancias con la Iglesia Ortodoxa también se hicieron notorias al negar abiertamente su parafernalia litúrgica, denunciar la inútil profusión de iconos, los enrarecidos ambientes con olor a incienso y la hipocresía y superficialidad de los sacerdotes.

«Debo acostumbrarme a que nadie nunca me comprenderá. Este debe ser el destino común de la gente difícil»

Además, se manifestó contra el ejército basándose en el Sermón de la Montaña evangélico, recordando que toda forma de violencia era contraria a las enseñanzas de Jesucristo, con lo que se ganó la enemistad juramentada no sólo de los militares sino del propio Zar de Rusia. Incluso sus siervos, a los que concedió la emancipación tras un decreto de febrero de 1861, miraron siempre a Tostoi, hombre tan bondadoso como de temperamento cambiante, con suspicacia.

Esta dedicación al ámbito de la pedagogía no lo apartó de su vocación literaria: escribió y publicó narraciones como «Lucerna» (1857), «Tres muertes» (1857-1858) y «La felicidad conyugal» (1859).


En 1852 se había casado con Sofía Andréievna Behrs (con la que tuvo trece hijos), cuya amorosa disposición conyugal le proporcionó el equilibrio necesario para ahogar sus constantes inquietudes y aprovechar la pródiga fecundidad de su talento.

Sofía Andréievna Behrs

Así, publicó una de sus mejores obras, «Los cosacos» (1863), y, tras una narración menor («Polikushka»), dio a la imprenta la primera parte de la novela «El año 1805», que más adelante en el tiempo habría de alargarse, completarse y concretarse en la que sería su obra magna, «Guerra y paz» (1865-1869).

«Guerra…» es un monumental relato magníficamente plasmado con más de 500 personajes, del período histórico ruso a partir de la invasión de las tropas de Napoleón Bonaparte en 1812, y está considerada como una de las mejores novelas de la narrativa mundial de todas las épocas.

La construcción de esta obra maestra le reportó inmediatamente fama en Rusia y en Europa, porque fue traducido enseguida a las lenguas más importantes e influyó notablemente en la narrativa posterior, aunque el místico Tolstoi juzgó siempre que gozar de esta celebridad era una nueva forma de pecado, una manera indigna de complacerse en la vanidad y en la soberbia.

«Guerra y paz» había comenzado a publicarse por entregas en la revista «El Mensajero Ruso» en 1864 y concluyó en 1869, pero también muchas fueron después las novelas notables que salieron de su imaginación: sus obras completas pueden llenar casi un centenar de volúmenes. La principal de esta etapa es «Ana Karénina» (1875-1876), donde Tolstoi refleja su visión de la sociedad urbana, símbolo de los vicios y el pecado, en oposición a la vida sana de la naturaleza y del campo. De ese mundo necio y patológico de la ciudad es víctima Ana Karénina, a través de un amor adúltero; con el paso del tiempo se convirtió convertido en un personaje clave de la literatura universal.

«Cuentos para niños» de León Tolstoi (en castellano)

También son impactantes «La sonata a Kreutzer» (1890), curiosa condenación del matrimonio, y acaso la más patética de todas: «La muerte de Iván Ilich» (1885).

En esta novela hace una fuerte crítica a la burocracia, ya que para ir ascendiendo sus compañeros y amigos necesitan que Iván -presidente de la Audiencia Territorial- muera.

Así, refleja la enajenación de Ilich, concentrado más en su trabajo que en su familia, y que se encuentra ya muerto en vida al estar abstraído y no vivir como corresponde, por lo que le pierde el miedo -precisamente- a la muerte; es más, la espera.

El teatro

Consagrado ya definitivamente como uno de los más grandes escritores de su tiempo, se dedicó durante algunos años al teatro, género en el que sobresalió tanto en la comedia («El nihilista» (1865), «Una familia contagiada» (1862-1864), como en el drama «La fuerza de las tinieblas» (1886), «El cadáver viviente» (1900) y en el panfleto dramático «Los frutos de la instrucción» (1889).

La abnegada Sofía

A pesar de ser persona acostumbrada a meditar sobre la muerte, el trágico fallecimiento de su hermano Nicolás, en 1860, le produjo una extraordinaria conmoción y, al año siguiente se estableció definitivamente en Yásnaia Poliana. Allá trasladará en 1862 a su flamante esposa Sofía Andréievna Behrs, hija de un médico de Moscú, con quien compartió toda su vida y cuya abnegación y sentido práctico fue el complemento ideal para un hombre abismado en sus propias fantasías y contradicciones.

Tolstoi rodeado por parte de su familia, detrás de él, Sofía

Ella era entonces una joven de dieciocho años, deslumbrada por aquel experimentado de treinta y cuatro que tenía a sus espaldas un pasado aventurero y que además, con imprudente sinceridad, quiso que conociese al detalle sus anteriores locuras y le entregó el diario de su juventud donde daba cuenta de sus escandalosos desafueros y flirteos.

Con todo, Sofía no titubeó ni un momento y aceptó -enamorada- la proposición de unir sus vidas, contrato que, salvando períodos tormentosos, habría de durar casi medio siglo.

«El que ha conocido solo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido mil»

Gracias a sus cuidados en los primeros y felices años de matrimonio, Tolstoi gozó de condiciones óptimas para escribir su asombroso fresco histórico «Guerra y paz». El abultado manuscrito fue pacientemente copiado siete veces por la esposa a medida que el escritor corregía; también era ella quien se ocupaba de la educación de los hijos, de presentar a las niñas en sociedad y de cuidar del patrimonio familiar.

El cine

Hubo numerosas adaptaciones cinematográficas sobre la obra de Leon Tolstoi. He aquí algunas de ellas.

La primera fue Ana Karénina, en el período del cine mudo, 1927, dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por la legendaria Greta Garbo, que la propia actriz sueca interpretó ocho años después en versión sonora. La acompañaron John Gilbert, Brandon Hurst y Phillipe de Lacey en el reparto.

Renée Adorée y John Gilbert en «Los cosacos»

Al año siguiente fue el turno de Los Cosacos, de George W. Hill, con John Gilbert y Renée Adorée como principales protagonistas. La historia se centra en un aristócrata ruso que abandona su posición privilegiada para alistarse en el ejército en la región del Cáucaso.

Después siguió Vivimos de nuevo, en 1934, de Rouben Mamoulian, adaptación de la novela “Resurección”, con Fredric March en el papel de noble enamorado de la campesina Anna Sten.

La divina Garbo en la segunda versión

Un año más tarde Clarence Brown repitió el éxito de la versión muda de Ana Karénina, ya con sonido, nuevamente con Greta Garbo, coprotagonizada por Fredric March y Basil Rathbone.

En 1948, Julien Duvivier también adaptó esta versión británica de la mujer adúltera, Ana Karenina, con Ralph Richardson, Hugh Dempser y Kieron Moore.

Transcurrieron ocho años hasta que el famoso director King Vidor filmara Guerra y paz, con un espléndido grupo de intérpretes, lo mejor de este irregular pero disfrutable film sobre la invasión napoleónica a Rusia. Entre otros, intervienen Henry Fonda, Audrey Hepburn, Mel Ferrer, Anita Ekberg, Vittorio Gassman y Herbert Lohm.

Los cosacos en versión rusa es de 1961 dirigida por Vasili Pronin, con Leonid Gubanov y Zinaida Kirienko encabezando el reparto.

En 1967 Sergei Bondarchuk, ruso, filma la mejor y más costosa adaptación de Guerra y Paz. La película tampoco se queda corta, pues dura más de ocho horas en su versión original, aunque hay otras versiones de poco más de cinco horas. Con Ludmilla Savelyeva, Vyacheslav Tihonov e Hira Ivanov Golovko.

En el film El dinero, de 1983, el francés Robert Bresson adapta un relato de Tolstoi, que cuenta las fatalidades que le suceden a un joven a causa de un billete falso. Fue el último y meritorio trabajo de Bresson. Protagonizada por Christian Patey, Sylvie van der Elsen y Michel Briguet.

Bernard Rose dirige Ana Karénina en 1997, con Sophie Marceau en el papel protagónico, acompañada por Sean Bean, James Fox, Fiona Shaw, Alfred Molina y Mia Kirshner.

Y finalmente, tres versiones de Ana Karénina, obviamente un personaje más que interesante. La primera, de David Blair en el año 2000, una serie británica de cuatro episodios con el protagonismo de Helen McCrory y Kevin McKidd.

La segunda de Joe Wright, en 2012, en la que el triángulo amoroso de la célebre novela de Tolstoi está interpretado por Keira Knightley, Aaron Taylor-Johnson y Jude Law.

Y la tercera versión, con el título de La venganza es el perdón, de 2017, dirigida por Karen Shakhnazarov. Elizaveta Boyarskaya es Ana Karénina en esta adaptación rusa.

El premio Nobel que no fue

En 1901 nadie imaginaba la repercusión que iban a tener los premios Nobel. En ese primer año, seguramente, las aspiraciones de las autoridades encargadas de llevar a cabo el pedido de su creador, el sueco Alfred Nobel, no suponían la dimensión política que alcanzaría el galardón. Pero si algo acompañó a estos premios desde la entrega inicial, al menos en los de Literatura, fue la polémica. Es posible asegurar que en todos hubo discusiones, en algunos casos justificadas, en otros la grandeza del premiado achicó el campo de las disputas.

El primero que se otorgó fue para el poeta francés Sully Prudhomme y provocó la incomodidad de la crítica. Es que su antagonista era nada menos que León Tolstoi, el enorme novelista ruso. Y, en perspectiva histórica, el combate es dedesparejo. Pero la cuestión es que el premio lo ganó Prudhomme. Uno de los jurados sepultó (literalmente) a Tolstoi: «este escritor apoya el anarquismo, sostiene opiniones religiosas excéntricas y, para colmo, dice que los premios en dinero perjudican a los artistas». Y así definió el pleito.

«Me dio una inmensa alegría que no me hayan concedido el Premio Nobel. En primer lugar, esto me libró de un gran aprieto, el de disponer de ese dinero que, como el dinero en general, según mis convicciones, no puede producir sino mal»

Un retrato perfecto del autor de «Guerra y Paz», injustamente relegado en esta oportunidad.

El final

Al igual que algunos de sus personajes, el final de Tolstoi tampoco estuvo exento de dramatismo y murió en condiciones bastante extrañas. Había vivido los últimos años compartiendo casi todo su tiempo con empobrecidos campesinos, predicando con el ejemplo su doctrina de la pobreza, trabajando como zapatero durante varias horas al día y repartiendo limosna. Muy distanciado de su familia, que no podía comprender estas extravagancias, se abstenía de fumar y de beber alcohol, se alimentaba de vegetales y dormía en un duro catre.

Sofía y León Tolstoi en los últimos días

Finalmente, concibió la idea de terminar sus días en un retiro humilde y abandonó su hogar subrepticiamente en la sola compañía de su fiel amigo, el doctor Marivetski, que había dejado su rica clientela de la ciudad para seguir los pasos del íntegro novelista.

Tras explicar sus razones en una carta a su esposa, partió en la madrugada del 10 de noviembre de 1910 con un pequeño baúl en el que metió su ropa blanca y unos pocos libros.

«No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo»

Durante algunos días nada se supo de los fugitivos, pero el 14 de noviembre de 1910 Tolstoi fue víctima de un grave ataque pulmonar que lo obligó a detenerse y a buscar refugio en la casa del jefe de estación de Astapovo, donde recibió los cuidados de la familia que lo hospedó.

Seis días después Sofía llegó antes de que falleciera, pero no quiso turbar la paz de su esposo y evitó entrar en el cuarto hasta después del final. Le dijeron que su últimas palabras habían sido: «amo a muchos», aunque no se sabe si la anciana pudo encontrar consuelo en esa filantropía tan injusta para con ella. El gran narrador ruso tenía 82 años y fue enterrado entre los abedules de Yásnaia Poliana, sin ningún tipo de ceremonia.

La vida de León Tolstoi constituye una infatigable exploración de las claves de la sociedad plural y a menudo cruel que lo rodeaba, por lo que consagró toda su vida a la búsqueda dramática del compromiso más sincero y honesto que podía establecer con ella.

Una de las pasiones de Tolstoi: enseñar a los niños. Aquí, con dos de sus nietos

Aristócrata refinado y opulento, acabó por definirse paradójicamante como anarquista cristiano, provocando el desconcierto entre los de su clase; creyente convencido de la verdad de los evangelios, mantuvo abiertos enfrentamientos con la Iglesia Ortodoxa y fue excomulgado.

Cortometraje realizado durante el cumpleaños número 80 de León Tolstoi en Yásnaia Polyana. Muestra a su esposa Sofía (recogiendo flores en el jardín), su hija Alejandra (sentada en el carro, con blusa blanca y sombrero), su ayudante y confidente, Vladimir Grigoryevich Chertkov (hombre calvo con barba y bigote) y varios niños estudiantes. Filmado por Aleksandr Drankov en 1908. Duración: 4 minutos, 24 segundos

 

Fue promotor de bienintencionadas reformas sociales, pero no obtuvo el reconocimiento ni la admiración de los radicales ni de los revolucionarios; héroe en la guerra de Crimea, optó luego por la mansedumbre y la piedad como las más altas virtudes. Discutible y discutido pensador social, nadie le niega hoy haber construido una obra literaria inmensa, una de las mayores de todos los tiempos, en la que la epopeya y el lirismo se entreveran, y la guerra y la paz de los pueblos cobran realidad plásticamente en los lujosos salones y en los campos de batalla, en las ilusiones irreductibles y en los furiosos tormentos del corazón humano, que exploró como pocos.

 

Fuentes: MCNBiografías.com, Youtube.com, José Ramón Fernández de Cano, Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de León Tolstói. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).
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