Manuel Mujica Lainez, el primer «artista pop»

"El objetivo final del arte es mostrar los tejidos internos del alma"

Esta semana se cumplen 111 años del nacimiento de este escritor, biógrafo, crítico de arte y periodista argentino, que retrató Buenos Aires como pocos y le otorgó una impronta mítica similar a la de Borges. Hábil en la reconstrucción ambientes, poseía un enorme talento descriptivo y una gran formación como especialista en arte, además de gran inventiva y exquisitez literaria, enriquecida por sus profundos conocimientos de historia. Varios de sus cuentos -especialmente- son antológicos. Compartió el premio John F. Kennedy con Julio Cortázar.

El inicio

Manuel Bernabé Mujica Lainez («Manucho») nació en Buenos Aires el 11 de septiembre de 1910, en una familia emparentada con los fundadores de la Argentina. Era hijo de Manuel Mujica Farías y Lucía Lainez Varela. Su abuelo paterno, Eleuterio Santos Mujica y Covarrubias, descendiente de Juan de Garay, le inculcó el amor a la tierra natal; el materno, Bernabé Lainez Cané, el gusto por la literatura. Su abuela materna, Justa Varela, era sobrina de Juan Cruz y Florencio Varela.

«Manucho» en los años 50

En 1923 su familia se trasladó a Europa, una costumbre habitual de la alta burguesía de la época. Residieron primero en París, donde estudió en la «École Descartes» (Escuela Descartes), y posteriormente en Londres, donde continuó su formación con un tutor, un tal mister White.

A su regreso se vinculó con Alfonsina Storni, Arturo Capdevila y otros escritores, y más tarde con Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Silvina Bullrich y el círculo de colaboradores de la revista literaria «Sur». Aunque por edad pertenece a la generación de Ernesto Sábato y Julio Cortázar, representantes argentinos del «boom» de la narrativa hispanoamericana, Mujica Lainez nunca se adhirió a ninguna «capilla literaria», según sus propias palabras, aunque sí fue vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) cuando Jorge Luis Borges era su titular.

«En los cuentos de «Misteriosa Buenos Aires», una de las cosas que busqué fue el vincular esta ciudad tan remota con ciertos temas universales»

En 1932 ingresó como redactor al diario «La Nación», inicialmente en la sección de Noticias de Sociedad. Continuaría colaborando tanto en este medio como en otras publicaciones (revista «El Hogar») como crítico de arte y cronista de viajes. Muchos de sus artículos fueron recogidos y publicados en forma de libro.

En 1936 se casó con Ana de Alvear Ortiz Basualdo, también de familia perteneciente a la clase alta, descendiente del general Carlos María de Alvear, con quien tendría tres hijos (Diego, Ana y Manuel). Ese mismo año publicó su primer libro, «Glosas castellanas», una serie de ensayos centrados en su mayor parte en el Quijote de la Mancha.

La obra

En 1939 se editó su primera novela, «Don Galaz de Buenos Aires». Le siguieron las biografías de su antepasado Miguel Cané (padre), en 1942, y de los poetas gauchescos Hilario Ascasubi («Aniceto, el Gallo», 1943) y Estanislao del Campo («Anastasio, el Pollo», 1947).

En 1949 y 1950 publicó dos libros de cuentos que, por su semejanza de temas, formas y estilo, marcan el comienzo de su madurez literaria. El primero, «Aquí vivieron», recorre, a través de cuentos ambientados en distintas épocas, la historia de una quinta ubicada en San Isidro, desde su construcción hasta su demolición.

El segundo, «Misteriosa Buenos Aires», sigue una estructura similar, aunque en lugar de una casa recorre la historia de la capital argentina, desde su fundación en 1536 hasta el año del centenario de la Revolución de Mayo, en 1910.

«Lo que me ha importado al escribir sobre Buenos Aires ha sido tratar de exaltarla, creándole los mitos de los cuales esa ciudad carece, porque las grandes ciudades europeas los tienen hace mucho tiempo»

Son cuentos en los que se mezclan sucesos históricos y personajes reales con personajes ficticios, y van desde el realismo histórico hasta lo fantástico. En ambos libros están presentes elementos característicos de la prosa de Mujica Láinez, los cuales aparecerán también en sus novelas, como el uso de un lenguaje culto y elegante sin llegar a ser ostentoso, el interés por la historia (tanto argentina como europea) y el retrato del auge y la decadencia de la alta burguesía argentina.

En los años siguientes publicó una serie de cuatro novelas conocida como «saga» o «ciclo porteño», en la que evoca el mundo de la aristocracia argentina desde una perspectiva que algunos consideran decadente: «Los ídolos» (1953), «La casa» (1954), «Los viajeros» (1955), e «Invitados en El Paraíso» (1957).

Considerando agotado el tema argentino, Mujica Lainez guardó un silencio creativo de cinco años, durante los cuales se dedicó a viajar por el mundo escribiendo crónicas para «La Nación». Esta experiencia lo motivó a narrar una segunda serie de novelas históricas ambientadas en Europa entre la Edad Media y el Renacimiento, y que la crítica considera como las más logradas de su obra: «Bomarzo» (1962), «El unicornio» (1965) y «El laberinto» (1974).

«Bomarzo» es una historia sobre el Renacimiento italiano narrada por un muerto, Pier Francesco Orsini, el noble jorobado que dio nombre a los famosos y extravagantes jardines italianos de Bomarzo, conocidos como Parque de los Monstruos. Este paseo (en italiano, Parco dei Mostri) o Bosque sagrado (Sacro Bosco) son los jardines del Castillo de los Orsini (Castello degli Orsini), situado en Bomarzo (provincia de Viterbo, Italia).

El conjunto monumental se encuentra dispuesto en las laderas de un anfiteatro natural, y se caracteriza por la forma grotesca en que, de entre los árboles, parterres y arroyos, surge a la vista del paseante una fabulosa sucesión de desmesuradas esculturas talladas en roca, de aspecto terrible o absurdo, que representan personajes míticos y seres fantásticos.

Parque de los Monstruos en Bomarzo, Italia

Su construcción se inició hacia 1550 bajo la dirección de los arquitectos manieristas Pirro Ligorio y Jacopo Vignola, entre otros, atendiendo a los extravagantes deseos del propietario, Pierfrancesco II Orsini, que estaban motivados por el reciente fallecimiento de su esposa, Julia Farnesio.

Mujica Lainez y Ginastera: la historia detrás de la ópera «Bomarzo»

 

En la novela de Mujica Lainez se asiste a la coronación de Carlos I de España y a la batalla de Lepanto, pasando por las poco edificantes costumbres de papas y personajes de la época, y crímenes de copa y puñal. Es citada a menudo como la más lograda de la serie y su mejor novela.

El músico argentino Alberto Ginastera compuso una ópera basada en el libro, con textos del propio autor. Se estrenó en Washington ya que en el Teatro Colón de Buenos Aires fue suspendida la función inicial por el gobierno de facto del general Juan Carlos Onganía y prohibida por decreto debido a que «el argumento de la pieza y su puesta en escena revelan hallarse reñidos con elementales principios morales en materia de pudor sexual», decía el decreto de censura.

«Bomarzo», Op. 34: Acto I: Escena 1: Presentimiento de la muerte

 

Luego de los Estados Unidos se presentó en Nueva York y Los Ángeles (EE.UU.), Kiel (Alemania), Zúrich (Suiza), Londres (Inglaterra) y Madrid (España) hasta el demorado estreno argentino en 1972. Posteriormente se repuso en el Colón en 1984 y en el 2003.

«El unicornio» está ambientada en la Edad Media francesa de los trovadores. Su protagonista es el hada Melusina, víctima de una maldición por la que todos los sábados adopta el cuerpo de una serpiente y las alas de un murciélago; testigo de los avatares de la época de las Cruzadas, sigue las peripecias de su prole de Lusignan (familia originaria de Poisou, Francia) hasta la toma de Jerusalén por el musulmán Saladino.

«Buenos Aires se nos escapa de entre las manos; se nos va hacia arriba y hacia la pampa. Por eso es menos nuestra. Quienes la habitaron antes de que diera el gran salto hacia las nubes y hacia el suburbio debieron quererla como a un animal doméstico, al cual se podía acariciar sin que huyera»

En el medio publica otros dos libros, los cuentos de «Crónicas reales» (1967), y la novela «De milagros y melancolías» (1968), las memorias ficticias de un conquistador español luego del descubrimiento de América.

«El Paraíso»

En 1969 se trasladó junto con su familia a una antigua casona de estilo colonial ubicada en la zona de Cruz Chica, a unos 3 kilómetros del centro de La Cumbre, Córdoba, llamada «El Paraíso». Ya instalado allí, escribió la novela «Cecil» (1972), relato autobiográfico narrado por su perro, de raza wipet.

«El Paraíso», en Cruz Chica, Córdoba

Desde 1987 funciona en esa casa un museo dedicado a la vida y obra de Manucho, como lo conocían sus amigos, que conserva tanto el mobiliario como los diversos objetos que fue adquiriendo en sus viajes, a través de la Fundación Mujica Lainez (presidida por Ana, la hija del escritor).

Mirtha Legrand, Manucho y Nicolás García Uriburu

En 1974 publicó «El Laberinto», novela protagonizada por Ginés de Silva, el niño que sostiene un cirio encendido y mira al espectador en la parte inferior izquierda del cuadro «El entierro del Conde de Orgaz», de El Greco (Doménikos Theotokópoulos), y que, según algunos autores, sería el retrato de Juan Manuel, hijo del pintor. En ella presenta la sociedad española en tiempos de Felipe II, su esplendor y su miseria, antes de que el protagonista partiera hacia América.

«El entierro del Conde de Orgaz», de El Greco

Dicho protagonista declara ser hijo de la «La ilustre fregona cervantina» (una parte de las doce novelas ejemplares de Cervantes), y sobrino del «Caballero de la mano en el pecho» (uno de los más famosos retratos creados por el Greco), y con esos elementos presentará a personajes que van desde Lope de Vega al Inca Garcilaso, pasando por Fray Martín de Porres o Juan Espera-en-Dios, el Judío Errante (que, de una forma u otra, aparece en todas las obras de la trilogía formada por «Bomarzo», «El unicornio» y «El laberinto»).

Posteriormente publicó «El viaje de los siete demonios» (1974), novela de tema esotérico que remite a los pecados capitales. Mujica Lainez era un gran aficionado a las ciencias ocultas, y en su biblioteca poseía algunos antiguos libros de demonología, los cuales aun se conservan; creía con firmeza en la reencarnación y declaró escribir «para huir del tiempo». Ese es el tema de la mayor parte de sus obras.

El final

Su último trabajo, «El escarabajo» (1982), cierra el ciclo de novelas históricas. Recurriendo a un procedimiento ya usado con anterioridad, la novela es protagonizada por un anillo egipcio que, hundido en el fondo del mar, cuenta su vida y la de quienes fueron sus poseedores, desde la reina Nefertari hasta una millonaria estadounidense, pasando por la mano de uno de los asesinos de Julio César o la de Miguel Angel (Michelangelo Buonarroti), entre otros. Su último libro de cuentos, «Un novelista en el Museo del Prado» (1984), retoma a su vez tópicos fantásticos: los cuadros del museo de Madrid cobran vida durante la noche.

De izq. a der., Sábato, Aníbal Troilo, Lucas Demare, Mujica Lainez y Ben Molar

A lo largo de su vida recibió numerosas distinciones: el premio Nacional de Literatura (1963) en la Argentina, Comendador de la Orden de Mérito (1967) del gobierno italiano, Oficial de la Orden de las Artes y las Letras (1964) y la Legión de Honor, ambas de la República de Francia (1982); en 1964 obtuvo el premio John F. Kennedy por su novela «Bomarzo», compartido con Julio Cortázar por «Rayuela».

«A la capital se la podía rodear de un hálito mítico; en los cuentos de «Misteriosa Buenos Aires», una de las cosas que busqué fue el vincular esta ciudad tan remota con ciertos temas universales»

A pesar de estos lauros, no fue reconocido por el periodismo especializado como un gran escritor, que sí lo era. Una postura bien «argentina», a veces, de ir contra la corriente con personajes autóctonos.

Un gran olvidado

Sin embargo, hay quienes, como el doctor en Letras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Diego Niemetz, en su libro «Aventuras y desventuras de un escritor», aseguran que «quizá porque pertenecía a la oligarquía, por sus polémicas ideas políticas de derecha, por su homosexualidad o por algún otro designio misterioso, lo cierto es que la literatura de Mujica Lainez se ensombreció con aquella faja invisible que la encasilló para siempre como una obra anacrónica y superficial».

Y agrega: «de lo que se ocupó mayoritariamente la crítica fue de la representación social del escritor y no de su obra. No era anacrónico sino, por el contrario, un innovador en cuanto a técnicas y temas narrativos, y tuvo influencia en las generaciones posteriores, en escritores como Copi, Alberto Laiseca, Cesar Aira, Rodrigo Fresán y hasta en Martín Caparrós. Su escritura –asegura- es un vórtice que reinterpreta el arte del pasado y lo proyecta hacia el futuro”.

Manucho Mujica Lainez en «El Paraíso», en sus últimos años

Manuel Bernabé Mujica Lainez falleció el 21 de abril de 1984 a los 73 años, y fue sepultado en el cementerio de la localidad de Los Cocos, en Córdoba, cercana a Cruz Chica.

Fue muy moderno antes de tiempo y siempre un poco anacrónico, como los grandes artistas. Dejó como legado -en principio- una impronta mítica sobre la ciudad que amó, Buenos Aires, a través de numerosos cuentos que pasaron a formar parte de la antología porteña, y también una obra original, culta, de lectura tersa y universalidad temática.

Alguien lo definió como «el primer artista pop» de la Argentina: comprendió que el arte moderno se basa en la pose, en el show, y eso ocultó -con la «ayuda» de la crítica- la obra de un gran escritor.

 

Fuentes: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Manuel Mujica Láinez. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).
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