Necesidades del Bebé recién nacido

Hay un mundo más allá del vientre materno… y ése ser requiere compañía para poder empezar a andar el camino de la vida…

IMAGEN: GENTILEZA

Los seres humanos tenemos necesidades que deben ser satisfechas para garantizar nuestra supervivencia. Si nos remontamos al tiempo inmediatamente posterior al nacimiento y a las primeras semanas de vida, puede decirse que las principales necesidades se vinculan con el contacto afectivo-consciente y la comunicación emocional.

Obviamente son muy importantes los nutrientes provistos por la alimentación, los cuidados en la salud física, el ambiente, etc., pero para estas primeras etapas toda necesidad fisiológica y orgánica irá indefectiblemente de la mano del cuidado amoroso y consciente que reciba el ser recién nacido por parte del entorno que le rodea. En ello, la figura cuidadora primordial (que puede ser mamá, papá u otra persona significativa) hará las veces de facilitadora de la ardua labor de adaptación al nuevo y sorprendente ambiente extrauterino. Hay un mundo más allá del vientre materno… y el ser nacido requiere compañía para poder empezar a andar el camino de la vida…

Pensemos por un instante en un ser que acaba de nacer. Antes de ese gran acontecimiento vivía en condiciones muy diferentes a las que encuentra una vez que nace. En el útero estaba rodeado de líquido amniótico y podría moverse. Las necesidades de alimentación, oxigenación y regulación de sus sistemas estaban a salvo por medio del sabio órgano que es la placenta y, obviamente, por toda la fisiología del cuerpo que lo gesta. Los sonidos o estímulos auditivos le llegaban amplificados, gracias a la presencia del inmenso y cálido mar amniótico. Solo percibía claroscuros, según la mayor o menor intensidad de la luz a la que estaba expuesto. Sentía calor. Disfrutaba del ritmo suave y constante de los latidos del corazón de su madre y otros sonidos propios del organismo materno. Estaba “abrazado” permanentemente por la bolsa amniótica y el útero. Su madre lo mecía al caminar. El contacto y el movimiento eran permanentes. Y hormonas (como la endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina) enviaban claros mensajes de bienestar y regulación del sistema emocional. El mundo intrauterino es un hábitat sonoro, dinámico, sensitivo en todo sentido de la expresión…

La vida intrauterina permite ir entramando existencia, totalidad, integridad y corporeidad… hilando así los primeros recuerdos, aprendizajes, juegos, interacción, y experiencias psíquicas…

Cuando este pequeño ser humano nace el misterio de la vida sigue su curso. El ser recién nacido deberá adaptarse a una sucesión de situaciones para poder continuar creciendo y desarrollándose en el medio extrauterino. La madre, por su parte, iniciará el recorrido de importantes cambios emocionales, fisiológicos y psíquicos; se zambullirá en las aguas profundas del puerperio. Ambos seguirán entramando una relación vincular con diferentes matices. Comprendiendo que el ser nacido necesita sostén de la madre para hilar confianza emocional e iniciar un recorrido pleno de aprendizajes, y la madre necesita sostén del contexto para poder cuidar de su bebé y adentrarse en el puerperio.

No nos olvidemos de ello…

Una vez fuera del vientre materno, la aventura de crecer y ser es permanente y cambiante.

Se inicia una sucesión de estímulos a los cuales el bebé necesitará adaptarse. Comprendiendo que cada ser tendrá su ritmo, danzará al son de su propia melodía de crecimiento.

Asomado a este lado del mundo, afronta un primer gran desafío: respirar por sus propios medios. Además la fuerza de la gravedad le impide moverse libremente como lo hacía mientras estaba en el útero rodeado de líquido amniótico. Comienza a sentir el aire sobre su cuerpo. Hay ruidos, sonidos, olores, cambios en la intensidad de la luz…

También se siente tocado. Así empieza a experimentar la sensación del contacto con otra persona. Se inician distintas maneras de interacción con el medio que lo circunda (ya durante la gestación los sentidos y la fisiología lo van preparando para ello).

Esta adaptación al medio extrauterino se dará en mejores condiciones cuando el bebé sea contenido y sostenido tanto física como emocionalmente por quienes lo rodean. Las personas que se relacionan con el bebé cumplen un rol muy importante para su desarrollo integral.

Luego del nacimiento el cuerpo del ser recién nacido desplegará un abanico comportamental y fisiológico en pos de esta adaptación a la vida extrauterina, pero requiere de un contexto facilitador de tal adaptación.

Los cambios y procesos son muchos y variables. Irá reconociendo los estímulos de a uno por vez. Poco a poco y paulatinamente podrá interactuar con las personas y con el mundo a su alrededor.

Por tanto, las personas cuidadoras “mediatizan el mundo para el bebé” poniéndole palabras a lo que va experimentando, ayudando a marcar los límites de su propio cuerpo y facilitando la adaptación al sorprendente mundo nuevo…

El contacto seguro, la comunicación empática, la mirada exclusiva y amorosa, serán elementos de gran valor. Los brazos afectuosos que lo sostengan le permitirán ir reconociendo las partes de su cuerpo, a la vez que se sentirá contenido. Este aprendizaje es el rudimento básico de todo lo que a posteriori le permitirá conformar el esquema corporal y su individualidad.

Los seres recién nacidos necesitan ser sostenidos, acunados en los brazos cerca de los latidos del corazón (sonidos por demás familiares). Necesitan ser cantados, arrullados. Necesitan un regazo, piel con piel, existencia con existencia…

Tan importante es todo esto que por más satisfechas que se encuentren todas sus necesidades fisiológicas si estas no van acompañadas de vinculación empática, la adaptación y el aprendizaje no tendrán las mismas características.
El afecto, la vinculación respetuosa y la calidez de unos brazos que lo cobijen permitirán que el bebé vaya entramando su sentido de existencia.

El sostén físico y emocional le brinda al pequeño ser la seguridad de sentir que cada día es un nuevo desafío y que no está solo, pues la confianza del apoyo constante le ofrece herramientas fundamentales en la aventura de crecer saludable, tanto física como emocionalmente.

Como gran manada humana, podemos hacer de este mundo, un lugar más gentil y respetuoso para ser y crecer.

 


María del C. González Grané

Licenciada en Psicología (MP RN 2086)/ Esp. en Salud Mental Perinatal y Clínica Sistémica-Familiar.

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