«El regalo»

Escrito por: Alicia Beatriz Scaglia. Taller de Creatividad Literaria conducido por Norberto Landeyro. Para participar pueden contactarse a [email protected]

Presentación de Proyectos

-Tome– me dijo el chico interrumpiendo mi paso apurado,
-es para usted.
Y ante mi gesto de sorpresa te dejó en mis manos. De inmediato
se dio vuelta y siguió con su trabajo.

Yo solo atiné a decir “gracias” y seguí mi camino llevándote conmigo y pensando en que hacía mucho tiempo que no recibía un regalo. Había salido a caminar como todas las tardes, mi destino era el Paseo de las Palmeras, esa extensa avenida que recorría siempre de extremo a extremo. Es mi distracción, mi cable a tierra, la manera de despejar mi cabeza y mi alma, la forma de olvidar un poco la existencia solitaria que llevo desde hace años.

Te sujeté muy fuerte y pude sentir tu vida joven en mis palmas, una vida aún palpitante, una vida nueva. Pero… qué iba a hacer contigo? No podía llevarte en mi viaje, mucha gente recorre el paseo a esa hora y me observarían con curiosidad. No deseaba llamar la atención. Mi autoestima se debilitó con el tiempo y solo me siento bien cuando sé que no me perciben, que logro camuflarme con el paisaje, que puedo ser tan gris como ese banco de cemento al que, por verlo idéntico todos los días, alguien puede sortear sin siquiera mirarlo.

En el inicio de la avenida encontré un arbusto, un laurel de jardín de flores rojas y abundantes ramas formando un follaje tupido. Me cercioré de que no hubiera alguien cerca y te deposité entre la hierba, en una especie de nido, con mucho cuidado, ocultándote entre las ramas. Te dejé con recelo y te dije en voz baja –Esperame aquí, pronto vendré a buscarte.

No logré disfrutar mi paseo; estaba inquieta, el temor de que te descubrieran y te llevaran me angustiaba. Sentía que me estabas aguardando y deseaba regresar adonde te había dejado. Recordé mi casa vacía y silenciosa. Hacía tanto tiempo que nadie me esperaba!

Traté de pensar mientras seguía mi camino: en qué lugar de la casa te pondría? Durante cuánto tiempo me harías compañía? Cómo podría cuidarte para que vivieras por siempre?

No finalicé el recorrido, mi corazón latía muy rápido y la ansiedad me dominaba, apuré el paso y regresé al arbusto. Ahí estabas! El más bello pimpollo de rosa que pudiera existir y que el joven jardinero que podaba me obsequiara.

Por: Alicia Beatriz Scaglia

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