Tadasana o «Postura de la Montaña»

Asana es postura y todo cuanto ocurre en el mat o colchoneta es solo una metáfora de nuestra postura frente a la vida.

Decimos siempre que yoga no es solo una práctica física sino una filosofía de vida, una forma de ver, sentir y estar en el mundo.
Estos tiempos exigen de nosotros una mayor flexibilidad (física y mental), una capacidad de adaptación rápida y constante que muchas veces genera estrés y frustración por la velocidad que implican los cambios.

Asana es postura y todo cuanto ocurre en el mat o colchoneta es solo una metáfora de nuestra postura frente a la vida.

Una vida que a veces en medio de tanta exigencia nos pide detenernos, observarnos, reorganizarnos para poder continuar. Nos pide pausa, respiro, descanso, invita a la contemplación.

Generalmente asociamos la práctica de yoga con ambientes súper armoniosos llenos de velitas y sahumerios, con cuerpos atléticos o música suave. Pero lo cierto es que no se necesita un escenario específico para entrar en sintonía con uno mismo y el entorno que nos rodea, para encontrar un poquito de paz. Porque allí donde estamos aquí y ahora podemos hacer una pausa.

Algunas posturas como Tadasana, o Postura de la Montaña, pueden ser una buena herramienta. Podemos practicarla casi en cualquier momento y por sencilla que parezca resulta de las posturas más desafiantes para muchos de nosotros.

TADA significa montaña y en esta posición el cuerpo queda estable y tranquilo como una montaña.

De pie, sin correr a ningún lado, parar, mirar, observar, sentir…

¿Probamos?

De pie, con la columna recta, los brazos al costado del cuerpo y el peso equilibrado en la base. Proponte llevar presencia y conciencia a cada rincón de tu cuerpo. Observa al mismo tiempo tu respiración que poco a poco se va volviendo más lenta a la vez que el balanceo del cuerpo comienza a ceder. Deja que fluya, que circule el aire, observa, solo observa. Deja que los pensamientos surjan espontáneamente y vuelve tu atención a la respiración una y otra vez.

Empieza a experimentar la calma, el reposo, descansa en tu base, firme y estable como una montaña. Mirar hacia adentro, mirar hacia afuera, integrando todas las percepciones sin hacer juicio.

Estás aquí y ahora…

Mantén la postura con estabilidad y comodidad respetando y escuchando siempre lo que tu cuerpo pide. Luego de un momento, empieza a moverte suavemente tratando de conservar el ritmo de respiración alcanzado. Sonríe suave, suaviza tu mirada, continúa tu día sabiendo que puedes parar las veces que sea necesario.

“Nadie puede llegar al cielo sin cimientos sólidos” BKS Iyengar.

 


Stella Valdez –

Profesora de Yoga Terapéutico

Facebook: Stella Valdez

Instagram: @ishanyoga // @stellamval

Página web: www.stellavaldez.com.ar

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