Un hijo del teatro Queer: Humberto Tortonese

El parakultural, el teatro queer de post dictadura y Humberto Tortonese.

Teatro Queer

¿Qué es el Teatro Queer?

Los ochenta implicaron la irrupción del cuerpo en la cultura argentina. La forma que tomo este movimiento, significó una provocación extrema que visibilizó cuestiones que hasta ese momento se encontraban silenciadas. Entre las que se hallaba la cuestión de la homosexualidad. 

Con la democracia y en el marco de todo un debate por los derechos humanos, se reactualizaron las luchas por las libertades sexuales y la despatologización de la homosexualidad. En este Contexto la aparición de los primeros casos locales de HIV, (Relacionado inicialmente en forma directa con la homosexualidad), enfatizó la visibilidad pública del tema. 

En medio de este escenario,  surge el Parakultural: un centro cultural que, transgrediendo los géneros y valiéndose de diferentes activismos y performances, originan la contracultura en la Buenos Aires de la post dictadura. Allí surgen algunos nombres sobresalientes como Batato Barea, Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonesse por un lado. Y ”Las Gambas al Ajillo” como un frente femenino que disputaba, también, la imagen constituida de la mujer en la sociedad actual, por el otro. 

En particular, la reivindicación de los derechos sexuales politiza relaciones sociales consideradas privadas o naturales, poniendo en cuestión los límites instituidos entre lo privado y lo público, entre lo natural y lo social.” (PECHENY; PETRACCI, 2006: 44) 

Las performances del Parakultural planteaban un universo distópico

Es decir, un mundo en donde las contradicciones de los discursos ideológicos son llevadas a sus consecuencias más extremas. En esta clave se representan en código de Clown, de Sátira, de Bufonada a los personajes pacatos de la sociedad y la política del momento. Se traen a escena personajes marginales como desclasados, enfermos y minorías discriminadas por sus orientaciones sexuales y se les dota de una voz y una presencia en la escena teatral porteña.

Esta operación, se inscribe en una acción subversiva. tanto en el ámbito discursivo como en el corporal y nos lleva a reflexionar sobre la existencia de artistas que cuestionaron radicalmente la heteronormatividad hace más de 30 años. 

La experiencia del cuerpo, tan necesaria, estalló:

Esos cuerpos, tanto tiempo reprimidos por la dictadura, se liberaban y se expresaban con amplitud y desparpajo. Muchos artistas encontraron un refugio, pero también una plataforma desde la cual poder lanzarse y decirse. El cuerpo se volvió una herramienta política, un arma. Un estallido, un carnaval. Se trata de un cuerpo no orgánico, que exalta la descompensación y el desequilibrio. Haciendo gala de todo tipo de excesos y extravagancias. En este sentido, retoma el cuerpo grotesco propio del teatro popular, recurriendo a la grosería, a la procacidad y a lo burdo. 

Mientras muchas de las personalidades artísticas  estaban poniendo el foco en Teatro Abierto, en una línea mas realista y reflexiva, que denunciaba o traslucía los abusos perpetrados por la dictadura, quedaban por fuera de ese movimiento las comunidades disidentes, lo Queer. Es por eso que podemos tomar al movimiento del «Under» como una forma de diferenciarse y disputar la hegemonía del realismo de aquellos años.

Parakultural

De ese movimiento surge Humberto Tortonese, quien nos sirve como excusa hoy, en el día de su cumpleaños, para refrescar la memoria de una lucha política y artística que comenzó allá por los ‘80 y que hoy se encuentra muy vigente.

Luego de  trabajar junto a Barea y Urdapilleta en el Parakultural, integró el equipo de trabajo de Antonio Gasalla para la Tv.

A partir de allí, sigue su carrera en radio y televisión, siempre imprimiéndole su comicidad, su perspicacia y su librepensamiento como comediante.

En  2003 protagonizó junto a Luciano Suardi y Leticia Lestido, la película “La Cruz del Sur” de Pablo Reyero. Allí encarnó a  una travesti llamada Wendy, trabajo que le valió varias nominaciones y premios a nivel nacional e internacional.

Ahondar en la historia de “Humbi” me hizo reflexionar sobre esta especie de exilio que nos implica la Pandemia, sobre los lugares para la expresión de nuestras emociones y pensamientos a través del cuerpo, sobre nuestros vínculos. 

Me resuenan algunas preguntas: ¿sería posible que exista un parakultural hoy? ¿Cuáles son los espacios  que nos damos para militar el goce?

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