Prácticas cotidianas: con alguna de ellas convivo

Hipócrates, el padre de la medicina lo decía y sigue siendo hasta el día de hoy una gran verdad: "Que la comida sea tu alimento y este tu medicina".

IMAGEN: GENTILEZA

1. Comer sin grasas: menos materia grasa a menudo significa más glúcidos (hidratos de carbono) en forma de harinas o azúcares, que provocan un pico de glucemia, un pico de insulina e inmediatamente después mayor apetito. Reducir en su alimentación la parte de hidratos de carbono a favor de las proteínas y grasas vegetales permite al metabolismo almacenar menor grasa corporal, disminuir la sensación de hambre y recibir vitaminas y antioxidantes que se encuentran en la grasa de origen vegetal.

2. Dormir demasiado o insuficiente: según algunas investigaciones, las personas que duermen 5 horas diarias o menos acumulan 2,5 veces más grasa en la zona abdominal que el resto. La grasa en esta zona del cuerpo es un riesgo a la salud per se, ya que se acumula alrededor de los órganos internos, al contrario de la que se acumula en los muslos por ejemplo. El problema afecta también a las personas que duermen demasiado, es decir, más de 8 horas cada noche.

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Se debería dormir entre 6 y 8 horas todas las noches. Esta es la duración óptima del sueño para mantener un peso saludable y buen estado de salud en general.

3. Comerse todo lo que nos ponen gratis en el restaurante: el pan, salsas, manteca, papas fritas pueden ser gratis, pero eso no significa que no se vaya a pagar más tarde (con su salud). Cada vez que come un trozo de pan está agregando 80 Kilocalorías a su comida. Si come tres trozos ya agregó en la comida 240. Es energía que no tienen ningún aporte nutritivo y puede ser excesiva e innecesaria.

4. Tomar gaseosas o bebidas azucaradas: este tipo de bebidas son consumidas todos los días por miles de niños y adultos. Por qué es tan perjudicial? Porque tomando uno o dos gaseosas por día aumenta el riesgo de sobrepeso u obesidad en un 33%.
Las bebidas 0% azúcar también son perjudiciales, ya que trastornan el apetito y mantienen la dependencia hacia el sabor dulce.

5. Comer demasiado rápido: el estómago tarda veinte minutos en mandar al cerebro la señal de saciedad, o sea, en decirle a nuestro cerebro que ha recibido suficiente comida.

Un estudio del Journal of the American Dietetic Association ha constatado que las personas que comen despacio consumen menos energía por comida. Comparadas con las que comían rápido, además tenían la impresión de haber comido más.

6. No preocuparse por la alimentación: podemos seguir negándonos a nosotros mismos, pero la realidad es que somos lo que comemos. Hipócrates, el padre de la medicina lo decía y sigue siendo hasta el día de hoy una gran verdad:

“Que la comida sea tu alimento y este tu medicina”.

 

¡Hasta la próxima!


 

Elena Boggio
Licenciada en Nutrición MPRN 6566
Contacto: [email protected]

 

 

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