Semana del Parto y Nacimiento Respetado

Se conmemora a nivel mundial del 16 al 22 de mayo. Por María del C. González Grané Licenciada en Psicología (MP RN 2086)/Esp. en Salud Mental Perinatal y Clínica Sistémica-Familiar.

¿De qué se trata?

Es una acción que impulsó en el 2004 la asociación llamada AFAR (Alliance Francophone Pour l’accouchement Respecté /Asociación Francesa por el Parto Respetado) para fomentar un espacio de diálogo en pos de promover partos y nacimientos respetados.

Cada año la iniciativa invita a poner el foco en aspectos centrales en relación al parto y nacimiento. Este año el lema es: “Respeto por las necesidades de la madre y el bebé en toda situación”.

Se busca generar acciones y reflexiones para que, desde distintos contextos, intentemos propiciar cambios positivos y funcionales para una buena atención durante los momentos de pre-parto, parto y nacimiento. Sin dejar de lado el reconocimiento de las idiosincrasias y creencias de cada comunidad, hay un objetivo en común: el “respeto y acompañamiento integral” y el “apoyo continuo” de la mujer que pare y del ser que nace.

Hoy las acciones han trascendido a la asociación, alcanzando una extensión impensada y altamente convocante.

Esta iniciativa cuenta con el acompañamiento de UNICEF, OMS (Organización Mundial de la Salud), OPS (Organización Panamericana de la Salud), organismos gubernamentales y no gubernamentales, instituciones, profesionales y contextos comunitarios en todo el mundo.

¿Por qué es necesario hablar de “respeto” en el parto y nacimiento?

Toda mujer durante el parto y todo bebé durante su nacimiento tienen derecho a recibir acompañamiento desde una atención que contemple acciones e intervenciones apropiadas, basadas en evidencia, necesarias y respetuosas del proceso (tanto en las vivencias de partos y nacimientos fisiológicos-vaginales, como partos y nacimientos por cesárea).

Es oportuno considerar las particularidades y las necesidades de cada experiencia desde la personal subjetividad, entendiendo que el parto y el nacimiento no son procesos meramente biológicos y mucho menos patológicos.

“El parto debería entenderse como una experiencia integral, relacionada con todo lo profundo que anida en la historia de vida de una persona. Es una vivencia “sagrada”, íntima, primal. Requiere tiempo, cuidado y respeto. Conocer los matices físicos, psíquicos, relacionales y sexuales que entraman un parto nos ayuda a clarificar situaciones, roles y posibles acciones. Nos permite comprender cuándo es necesario intervenir y cuándo simplemente no; lo cual es una maravillosa forma de estar presente sin invadir. Para ello es esencial poder observar, escuchar, prestar atención con intención plenamente consciente. Es la vida a través de la vida… Un parto implica el ser desde otro ser, al son de una metamorfosis existencial. Es la vida y sus misterios… Por lo cual no debemos olvidar la importancia de preservar y resguardar el momento, también en situaciones de muerte gestacional o perinatal. En esa encrucijada entre principio y fin que resulta tan compleja… Acompañar las luces y sostener las sombras, con empatía y gentileza. Parir y nacer respetuosamente (desde la singularidad de cada experiencia), con acompañamiento (físico y emocional) y con información, no debiese ser considerado un privilegio, una moda o una idea carente de fundamentos. Es un derecho consustancial en salud, estrechamente vinculado con la dignidad humana. Se puede parir en placer y armonía, desde la resonancia afectiva y el eco de la naturaleza mamífera que late en las profundidades del ser. Lo maravilloso de la vida y el mientras tanto…” (González Grané, 2021, libro en prensa).

¿Cuáles son las leyes y normativas en nuestro país en relación a la atención respetuosa durante el parto y el nacimiento?

En Argentina el Poder Ejecutivo Nacional sancionó en el año 2004 la Ley Nº 25.929, conocida como “Ley de Parto Humanizado”*. Esta ley fue reglamentada en el año 2013 y su incumplimiento es motivo de sanciones.

Todas las instituciones públicas, privadas, obras sociales y prepagas están obligadas a cumplir esta ley, para garantizar el derecho a una óptima atención en el parto, respetando las necesidades y particularidades de cada persona, contemplando las características de cada situación.

Esta ley plantea que toda mujer durante el embarazo, parto y postparto (puerperio) tiene derecho a: ser informada, tratada con respeto, ser considerada como una persona sana, vivenciar un parto respetuoso, estar acompañada (por la persona que ella decida, sea o no familiar directo), estar junto a su bebé y recibir asesoramiento e información.

Por lo tanto, es una normativa que lleva a un primer plano la capacidad de decisión de cada persona y los derechos en salud.

A su vez, en nuestro país, contamos con la Ley Nº 26.485, de «Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos que desarrollen sus relaciones interpersonales» en sus diferentes tipos y modalidades. En ella está conceptualizada la Violencia Obstétrica como “aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales. Ésta constituye una de las tantas formas de violencia y discriminación que sufren las mujeres y es producto de la intersección de otros tipos de violencias y vulneraciones: violencia de género, violencia institucional en el ámbito de la salud, vulneración de derechos sexuales y reproductivos, entre otros. La violencia obstétrica puede afectar a la mujer y a su hijo/a durante el embarazo, el parto e incluso el post parto. Se manifiesta mediante prácticas, conductas, acciones u omisiones, sobre la mujer y el bebé recién nacido, realizada por los/as profesionales de la salud que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, afectan el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres” (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Argentina).

Además de las leyes, a nivel comunitario, es posible contar con un maravilloso recurso al momento de hacer valer los derechos. Se trata del “Plan de Parto y Nacimiento”. Consiste en un documento que la mujer gestante tiene la opción de realizar para expresar sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso del parto. Para su elaboración se puede solicitar acompañamiento e información por parte de una doula, puericultora o profesional con formación en Salud Mental Perinatal. El plan de parto permite expresar, de manera concreta, la voluntad de deseo en cuanto a la forma de parir y dar a luz.

En el contexto actual de pandemia muchos derechos se han visto vulnerados o los protocolos se han rigidizado que no permiten la necesaria revisión. No obstante la OMS establece unos criterios para la atención al parto durante el contexto sanitario que atravesamos. Entre estos criterios están: No hay evidencia concluyente de que la mujer gestante puede transmitir el virus al bebé por medio de la placenta. Tomando las medidas adecuadas de prevención y seguridad, la mujer durante el parto puede ser acompañada por quien ella decida (no hay motivo para impedir el acompañamiento de una persona referente afectivo). No se recomienda la realización de inducción o cesárea basado en el único criterio del contexto actual. La decisión de inducción o parto por cesárea tiene que tener el fundamento y los motivos válidos. Se debe favorecer el contacto piel con piel y el inicio temprano de la lactancia materna.

Retomando el hilo que nos permitió tejer esta trama… Parto y nacimiento son momentos vitales donde entran en danza aspectos fisiológicos, psicológicos, corporales, emocionales, vinculares y comunitarios. Para ello es clave brindar “respeto”, “tiempo”, “libertad”, “contención” y “apoyo”. Pero estas serán palabras vacuas si no son acompañadas por acciones que faciliten su concreción. Serán solo un puñado de ideas invisibles si se diluyen en discursos que suenan bien y nada más. Serán intangibles si en la realidad de gestaciones, nacimientos y el vivir cotidiano de muchas familias, no se consideran sus derechos fundamentales en salud integral.
Necesitamos generar consciencia, interpelar, reflexionar, dialogar, debatir, co-crear en comunidad… comprendiendo que la salud también es una construcción grupal.

¡Por partos y nacimientos libres, respetados, empáticos y empoderados!

 

 


María del C. González Grané

Licenciada en Psicología (MP RN 2086)/ Esp. en Salud Mental Perinatal y Clínica Sistémica-Familiar.

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