5 de mayo: Día Internacional de la Salud Mental Materna

¿De qué se trata y por qué es importante? Por María del C. González Grané. Licenciada en Psicología (MP RN 2086)/ Esp. en Salud Mental Perinatal y Clínica Sistémica-Familiar

Frecuentemente cuando hablamos de embarazo, parto y puerperio (tiempo posterior al parto) pensamos en los cambios físicos o asociamos estas etapas vitales con momentos de felicidad, plenitud y salud. Muchas experiencias se vivencian de esta manera pero no quiere decir que sea la única forma de recorrer las movedizas aguas de la maternidad.

Los cambios físicos y corporales son concretos, visibles, existen… pero ¿qué sucede con la salud emocional y mental?, ¿se habla en nuestras comunidades de este tema tan importante?

En relación a estas preguntas la Sociedad Marcé Española de Salud Mental Perinatal (MARES) en el año 2016 impulsa el primer Día Internacional de la Salud Mental Materna.

A partir de allí, cada primer miércoles de mayo, en todo el mundo se llevan a cabo acciones en pos de visibilizar las temáticas inherentes a la salud mental de las mujeres durante pre-concepción, embarazo, parto y puerperio.

En líneas generales este día se conmemora con el propósito principal de aumentar la conciencia acerca de los problemas de salud mental materna, con “la finalidad de que más mujeres y familias busquen ayuda, reciban tratamiento adecuado y sufran menos” (Mares); mejorando así su calidad de vida.

Resulta crucial aumentar la concienciación e información sobre esta temática en todos los sectores de la comunidad. A su vez, influir en las políticas gubernamentales y en las decisiones sanitarias, en pos de brindar atención profesional adecuada y centrada en los derechos en salud (es decir, “acceso oportuno, aceptable y asequible a los servicios de atención de salud de calidad suficiente”-OMS); formando y capacitando a profesionales en la temática específica de atención en salud mental perinatal, generando así redes para un trabajo mancomunado.

En consonancia con lo planteado, también debemos dar lugar a acciones que visibilicen la importancia de cambiar las actitudes respecto a las representaciones o creencias que pueda haber en una comunidad en todo lo que que atañe a la salud mental materna. Creencias que muchas veces generan grandes estigmas y discriminación.

Es importante partir de la premisa de que embarazo, parto y puerperio tienden a ser etapas sin mayores complicaciones, es decir, las podemos observar desde un modelo salutífero, comprendiendo a la salud-enfermedad como una totalidad y al ser humano como un ser integral. No obstante, también debemos tener en cuenta las necesidades concretas de las mujeres en estas etapas y, en caso de que fuese necesario, reconocer lo oportuno de recibir atención por parte de profesionales con formación en salud mental.

Hablar de esta temática implica considerar no solo la salud mental de las mujeres sino también la de las familias. Comprendiendo el rol tan importante que tienen las personas que sostienen y acompañan a la mujer durante el impredecible viaje emocional que implica la maternidad.

De acuerdo a los datos de la Sociedad Marcé, 2 de cada 10 mujeres presentan un problema de salud mental durante el embarazo y en el primer año luego del parto.

Considerando que estas cifras son más elevadas en algunos contextos y ante determinados factores de riesgo. Más del 75% de mujeres gestantes o puérperas que necesitan atención en salud mental no son diagnosticadas, por tanto no reciben acompañamiento profesional ni tratamiento necesario; lo que tendrá consecuencias e implicancias importantes para la mujer-madre, el bebé, las familias y las comunidades (a corto, mediano y largo plazo).

Una atención y asistencia profesional adecuada debe contemplar todos los aspectos que se vinculan con la salud, es decir, aspectos físicos, emocionales, psíquicos y sociales. Destacando que toda opción de tratamiento ha de amoldarse a las realidades de vida de las mujeres y sus familias en las distintas comunidades.

No solo resulta clave la terapéutica en sí, sino que adviene esencial apuntar a la prevención desde acciones que permitan minimizar los potenciales factores de riesgo y potenciar los factores salutíferos o factores protectores en salud. Para ello son claves los programas y políticas que se brinden a la comunidad, la atención temprana (para favorecer el diagnóstico) y la terapéutica basada en evidencia y criterios apropiados.

Muchas mujeres que requieren atención en salud mental manifiestan dudas y temores, por ejemplo, ante la posibilidad de realizar psicoterapia o ante la potencial prescripción de medicación. Tal vez este temor o resistencia se relacione con el hecho de que la salud mental es un área llena de mitos, creencias erróneas y desinformación. Lo cual puede ser altamente perjudicial al momento de solicitar asistencia.

En función de estos aspectos cabe preguntarnos cuándo es oportuno realizar una consulta con profesionales de salud mental. En tal sentido necesitamos tener en cuenta si se registran algunos indicadores y si estos son cada día más frecuentes, intensos y duraderos. Concretamente debemos prestar atención a: Labilidad emocional (es decir llanto permanente y recurrente). Ansiedad e inseguridad intensa y persistente. Tristeza y melancolía. Alteraciones y cambios en el consumo de alimentos y en el sueño.

Vómitos, cansancio, opresión torácica, sensación de falta de aire, dolores de cabeza y mareos (sin causa fisiológica aparente). Cambios repentinos y fluctuantes en el humor y en el estado de ánimo. Irritabilidad, enojo y poca tolerancia a la frustración.

Sentimientos de culpa, temerosidad y angustia. Ideas obsesivas en relación a la salud del bebé o la propia. Consumo de sustancias para “poder dormir o relajarse”. Ideas o conductas de autoagresión o agresión hacia el bebé. Miedo y exaltación frecuente y persistente.

Si registramos algunos de estos indicadores podemos ofrecer una primera ayuda ¿cómo?: Brindando escucha empática sin hacer juicios de valor (no cuestionar ni juzgar). Habilitando y dando lugar a la emoción que la mujer esté manifestando (aunque nos parezca incomprensible o desconcertante). Hacerle saber que no está sola, que estamos ahí con y para ella. Ofrecerle contención física y emocional. Y buscar asistencia profesional lo antes posible.

Concretamente, más allá de las cuestiones particulares, debemos considerar algunos de los factores y/o situaciones contextuales que inciden en la salud mental materna entre los cuales están: Problemas laborales, económicos o familiares. Estrés en el embarazo o en el puerperio. Parto traumático o Parto prematuro. Violencia de género. Violencia Obstétrica. Antecedente de patologías mentales. Crisis o catástrofes. Embarazo de alto riesgo. Riesgos en la salud de bebé y/o de la mujer. Fallecimientos y duelos. Conflictos en la relación de pareja o en los vínculos familiares. No contar con una red de sostén y acompañamiento físico y emocional. Desgano, desánimo y aislamiento socio-afectivo.

Inequidad al momento de acceder a la óptima atención en el sistema de salud. Consumo de sustancias y automedicación (sobre todo con psicofármacos). Hospitalizaciones o internaciones inesperadas.

A modo de cierre, siguiendo el hilo que nos permite entramar el tema de la salud mental, el objetivo de crear conciencia sobre la salud y el bienestar materno radica entonces en no perder de vista que, durante la gestación y después del parto, es común que aumenten los niveles de ansiedad y estrés, lo cual puede suceder de forma aislada o presentarse junto con otras problemáticas. Concluyendo que tales cuestiones no solo tienen implicancias en la mujer sino en el bebé, en las familias y en las sociedades.

Pues, según lo expresa la psicóloga perinatal Vivette Glober, “Mejorar el estado emocional de la mujer embarazada y puérpera es mejorar la salud de la sociedad”. Ello implica tener en cuenta las acciones de protección y promoción de la salud, considerando a las personas en sus contextos y diferentes dinámicas de vida.

La salud también es una co-creación comunitaria y es fundamental que nos impliquemos y seamos partícipes. Con respeto, empatía, gentileza y profunda presencia consciente.
Cuidar la salud materna es cuidar la vida creciendo y siendo.


 

 

María del C. González Grané

Licenciada en Psicología (MP RN 2086)/ Esp. en Salud Mental Perinatal y Clínica Sistémica-Familiar.

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