-Ya no puedo correr más! Me voy a esconder acá, debajo del puente. Me falta el aire. Qué frío! Pero tengo la pulserita para la Mónica. Me lastimé la mano con los vidrios. No importa, conseguí el regalo. Ahora ella me va a hablar, me va a mirar a mí y no a ese estúpido del Tato.

Me parece que el viejo me dio en el costado. Me duele. Sale sangre!
Qué frío! Espero un poco más y si no oigo nada sigo corriendo. Tengo que llegar a la fiesta antes que el Tato.

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-Los llamé porque esos mocosos me tienen cansado! Casi todas las semanas me roban algo. Ahora también me rompieron el vidrio Le tiré dos tiros! Me hartaron! Uno se dedica a trabajar toda la vida para tener algo y estos lo quieren cosechar en un minuto…

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El lunes temprano, Ester deja a sus chicos en la escuela y va a la Comisaría.
-Señor, el Rober no volvió. Estaba invitado a una fiesta que hacía la chica de la otra cuadra. Un amigo vino a buscarlo, pero el ya se había ido. No sé oficial qué le pudo pasar, no lo encontramos. Es un buen hijo, por eso me da miedo que no haya vuelto. Lo dejé ir porque la fiesta era acá cerca. Nosotros no tenemos plata para que vaya a un boliche.

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“Ultimo momento: hoy, poco después del mediodía, luego de un rastrillaje se encontró el cuerpo sin vida de un joven menor de edad. Presentaba una herida de bala en el tórax, la cual habría causado su muerte. La policía lo relaciona con el robo en un comercio de la zona, perpetrado en la noche del sábado. El dueño del negocio alertado por los ruidos… El caso pone nuevamente al descubierto el problema de inseguridad que…”

Por: Ana Ester Comelli

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