Perteneció por lazos familiares a la alta burguesía nacional y se destacó notablemente en la literatura fantástica universal. También incursionó en el género policial y la ciencia ficción. Amigo y compinche de Jorge Luis Borges, casado con Silvina Ocampo, la hermana de la gran Victoria, ganó el máximo premio de la lengua española, el Cervantes, en 1990. Es uno de los máximos protagonistas de las letras argentinas del siglo XX; varias de sus obras fueron llevadas al cine. Su estilo, muy cuidadosamente esquisito, es de un orfebre del lenguaje. Humor, ironía… y traición?

Por : Norberto Landeyro

El comienzo

A los quince años su padre financió el primer intento de dedicarse a la literatura: se trató de «Prólogo» (1929) un manuscrito que no trascendió, pero que fue seguido cuatro años más tarde por un volumen de cuentos, «Diecisiete disparos contra lo porvenir».

Su pertenencia a la burguesía agropecuaria nacional le permitió no solamente dedicarse con exclusividad a la que sería su profesión; además lo vinculó con un círculo de relaciones entre las que estaban las hermanas Ocampo (con una de ellas se casó) y Jorge Luis Borges, además de los selectos integrantes de la redacción de la revista «Sur».

Un ejemplar del último año

Vale aclarar que esta publicación -editada entre 1931 y 1952- fue un ícono de la literatura argentina. Fundada por Victoria Ocampo, con 371 números en su haber y una editorial paralela, permitió conocer a varios de los más importantes escritores del mundo entero que participaron directamente enviando sus escritos. Y por supuesto, a muchos de los mejores de estas tierras.

De izq. a der.: Bioy Casares Virgina Ocampo y Borges en 1935

Borges
La amistad con Jorge Luis Borges sería decisiva en su carrera literaria. En 1932 lo conoció en casa de Victoria Ocampo, y también a la hermana de esta, Silvina, con quien se casó ocho años más tarde.

Silvina Ocampo y su esposo, Adolfo Bioy CasaresLa estrecha relación con Borges duró hasta la muerte de este en 1986 y dio origen a una serie de obras escritas en colaboración y firmadas con los seudónimos de B. Suárez Lynch, H. Bustos Domecq, B. Lynch Davis y Gervasio Montenegro: «Seis problemas para don Isidro Parodi» (1942), «Dos fantasías memorables» (1946), «Un modelo para la muerte» (1946), «Crónicas de Bustos Domecq» (1967) y «Nuevos cuentos de Bustos Domecq» (1977). Escribieron también dos guiones cinematográficos, «Los orilleros» y «El Paraíso de los creyentes» (ambos de 1955).

«La» obra

En 1940 publicó «La invención de Morel», su obra más famosa y un clásico de la literatura contemporánea. Está escrita en primera persona y transcurre en una isla desierta; en la trama hay un entrecruzamiento de delirio, pasión amorosa y la idea de la inmortalidad. Un fugitivo, nunca se menciona su nombre, llega a una isla en la que vive una mujer de la que se enamora, Faustine, aunque se limita a observarla escondido en los atardeceres. Allí, Morel, un científico, había inventado una máquina que reproducía las impresiones de todos los sentidos, pero para poder recrear un ser humano, este antes tiene que morir. El intruso pone en marcha la máquina y se graba durante siete días al lado de la mujer. Como estaba sentenciado, muere, aunque será inmortal en la reproducción eterna de su imagen.

La década de 1940 fue muy productiva para Bioy Casares. Publicó «La trama celeste» (1944), «El perjurio de la nieve» (1948) y «Las vísperas de Fausto» (1949), además de la novela «Plan de evasión» (1945), que relata una diabólica propuesta del doctor Castel, gobernador de la isla del Diablo y discípulo de William James, de practicar con unos prisioneros una nueva teoría de la percepción. En colaboración con Silvina Ocampo escribió la novela policíaca «Los que aman, odian» (1946); codirigió con Borges la prestigiosa colección de ese género, «El Séptimo Círculo» y los tres compaginaron la «Antología de la literatura fantástica» (1940).

Más obras

Ya en los ’50 dio a conocer los cuentos de «Historia prodigiosa» (1956) y «Guirnalda con amores» (1959). En 1954, «El sueño de los héroes», tal vez su mejor novela, narra cómo una caterva de amigos recorre los suburbios de Buenos Aires durante los tres días del carnaval de 1927, en busca de aventuras y diversiones; años después, el protagonista, Gauna, intenta regresar al pasado ignorando que el viaje puede originar la concreción de posibilidades anteriormente evitadas.

En esta obra la geografía del barrio porteño está inmersa en un clima extraordinario que reaparece en «Diario de la guerra del cerdo» (1969), sobre la guerra de los jóvenes contra los viejos, y en «Dormir al sol» (1973), centrada en el informe que Lucio Bordenave escribe en un neuropsiquiátrico en el que ha sido encerrado. Humor, ironía y parodia aparecen en los cuentos de «El lado de la sombra» (1962), «El gran Serafín» (1967) y «El héroe de las mujeres» (1978). Por otra parte, «Breve diccionario del argentino exquisito» (1971) es una aguda observación sobre el lenguaje.

Otras obras posteriores de Bioy Casares son las novelas «La aventura de un fotógrafo en La Plata» (1985) y los cuentos de «Historias desaforadas» (1986) y «Una muñeca rusa» (1991). En los ’90 publicó la novela «Un campeón desparejo» (1993); los libros de recuerdos «Memorias. Infancia, adolescencia y cómo se hace un escritor» (1994) y «De jardines ajenos» (1997), y el volumen de cuentos «Una magia modesta» (1998).

Premios

Junto con Jorge Luis Borges y los escritores pertenecientes al «boom» Latinoamericano de los años 60 (Julio Cortázar, Ernesto Sábato), Adolfo Bioy Casares ha sido justamente apreciado como uno de los autores más relevantes de la literatura argentina del siglo XX. Su obra narrativa le valió diversos reconocimientos, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en 1975 y el Premio Cervantes en 1990, siendo uno de los cuatro escritores argentinos que lo ganaron, junto a Borges, Ernesto Sábato y Juan Gelman.

Bioy recibe el premio Cervantes del rey Juan Carlos I

También fue distinguido como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981) y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986). Fueron llevadas al cine sus obras «El perjurio de la nieve» (con el título de «El crimen de Oribe»), «Diario de la guerra del cerdo» (dirigida por Leopoldo Torre Nilsson) y «El sueño de los héroes» (con dirección de Sergio Renán).

El cine y Bioy Casares

El cine

La narrativa de Bioy Casares se caracteriza por un afán ordenador , que se da por el permanente uso de la paradoja y un agudísimo sentido del humor. Para el autor, el mundo está formado por infinitos submundos, como las muñecas rusas, y el límite entre la verdad y la apariencia es sumamente indefinido, como aparece especialmente en «La invención de Morel» (1940), «Plan de evasión» (1945), «La trama celeste» (1948) o «El sueño de los héroes» (1954).

Historia de amor

La publicación de «La invención de Morel» situó inmediatamente a Bioy Casares entre los primeros que en la Argentina abordaron con maestría el género fantástico; de hecho, esa novela actuó como referencia insoslayable para las siguientes generaciones de escritores, que se interesaron por conocer y profundizar en las estrategias del género.

«La invención…» es una historia de amor en la que los enamorados viven vidas incompatibles, que transcurren en ámbitos y tiempos enfrentados. Uno de ellos, el fugitivo, es un hombre real de carne y hueso; la otra, Faustine, es un fantasma, el repertorio de apariencias de una mujer grabadas por la máquina de Morel y proyectadas sin cesar. Años más tarde, en «La trama celeste», Bioy insistirá en entablar curiosas relaciones entre realidades en principio incompatibles, dibujadas sobre un tejido de espacios y tiempos paralelos.

Humor e ironía

En general, en sus novelas y relatos el escritor cuestiona de modo obsesivo y recurrente los estatutos del orden espacial y temporal. Sus personajes se presentan atrapados por fantasmagóricas tramas, obligados a descifrar la compleja estructura de las percepciones, en las que las misteriosas combinaciones entre realidad y apariencia rigen sus existencias cotidianas. Además de un hábil y exquisito manejo del humor y la ironía, como quedó dicho antes, la prosa de Bioy Casares suele ser considerada como una de las más depuradas y elegantes que ha dado la literatura latinoamericana.

«Traición»?

En 1990, el mismo año en que recibió el premio Cervantes, Adolfo Vicente Perfecto Bioy Casares (1914-1999), que en toda su vida privada fue un bon vivant y un playboy gracias a la fortuna familiar (su abuelo Vicente Casares fundó la industria láctea «La Martona»), lo que de por sí no constituye pecado alguno, anunció que estaba reuniendo el material para la publicación de un libro de sus memorias de los 56 años de amistad con el más grande de los escritores argentinos, «Georgie», como el lo llamaba.

Finalmente, «Borges» salió a la luz en 2006, siete años después de su muerte y al conocerse su contenido (1200 páginas)… La que se armó!

Apenas aparecido el volumen, la viuda y heredera de Borges, María Kodama (quien ha encabezado varios juicios a partir de la obra de su esposo), puso «el grito en el cielo» debido a las infidencias que Bioy publicó, especialmente en cuanto a opiniones del autor de «El Aleph» sobre algunos de sus colegas y a usos y costumbres en su vida cotidiana.

Kodama no ahorró crítica alguna al referirse al tema, en la revista «Orsai»: «Es un traidor. Un amigo abre su alma con vos, según tengo entendido, eso es lo que hace a una amistad. Y cuando tu amigo se va, no podés escribir todo lo que tu amigo dijo, sabiendo que vas a quemarlo con media humanidad, y sabiendo muy bien que querés que eso se publique después de que vos mueras, y de que el muera. Ya eso es sospechoso. Ahora bien, conociéndolo a Bioy, él escribía lo que realmente Borges le decía, o ponía en boca de Borges lo que el no se animaba a decir de sus colegas? Sabés cuál era el epíteto con que Borges se refería a Bioy? Cobarde. Ese era el concepto que Borges tenía de Bioy. Y solo un cobarde hace lo que el hizo».

La viuda de Borges contra Bioy Casares

«Ya Borges no puede defenderse y ya Bioy no puede asumir la responsabilidad de lo que escribió», dijo. Y agregó: «Su libro revela que Bioy fue en realidad el Salieri de Borges y que nunca fue su amigo. Dice cosas como por ejemplo que Borges comía con las manos.

He estado con Borges en cientos de comidas y hasta en un almuerzo con el marido de la reina de Inglaterra y nunca comió con las manos».

Tiempo después, la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) organizó un acto de desagravio a Bioy Casares a raíz de estas declaraciones de Kodama. Una controversia sin final, por lo menos mientras viva quien tutela celosamente la obra de Jorge Luis Borges.

 

Fuentes: Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Adolfo Bioy Casares. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España).
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