Flores silvestres
solitarias
el aire, la brisa corriente
usurpadora
opaca,
allí, un escondrijo
abundante de vacío carnal.
Fantaseo con una soledad ardiendo
en un lugar como este
junto a flores verdes y rocas doradas,
árboles de mordaz belleza,
pequeñas criaturas sobre pedestales de fuego,
la naturaleza que tapa el sol,
el amor de mi padre,
la presencia de Dios,
pelusas inconmovibles y volátiles,
la voz virginal del viento.
Aquí nadie me hará daño;
sólo allí está el pasado
ajeno a esta fútil inocencia.

Por: Verónica C. Bruno

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