«Un Cuento de Navidad», para todos los tiempos

Para Charles Dickens, Scrooge "era un 'trabajólico' solamente interesado en ganar dinero sin una chispa de generosidad".

A pocas horas de la celebración cristiana, releemos y analizamos una de las obras clásicas alusivas a la fecha, en este caso del enorme escritor inglés Charles Dickens, autor además de otras novelas que han quedado en la cultura universal para siempre como paradigmas de una época brillante. Esta es nuestra manera de desearles a todos los lectores de «Libros y Autores» ¡Feliz Nochebuena y Feliz Navidad!

Por: Norberto Landeyro

El libro

«Con este fantasmal librito he procurado despertar al espíritu de una idea sin que provocara en mis lectores malestar consigo mismos, con los otros, con la temporada ni conmigo. Ojalá encante sus hogares y nadie sienta deseos de verlo desaparecer». Este es el prólogo con el que Charles Dickens comienza su «Cuento de Navidad», intentando llamar la atención sobre el comportamiento de una sociedad, la británica de mediados del siglo XIX, que desamparaba a los niños obligándolos a los trabajos más duros.

Dickens, como católico que era, le daba una enorme importancia a la festividad cristiana, pero -paradójicamente- su más famoso personaje navideño, Ebenezer Scrooge, no era muy feliz por estas fechas. Anciano avaro y explotador, en el relato es visitado por el fantasma de su antiguo socio, Jacob Marley, y luego por los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura.

Todos ellos le muestran los errores cometidos en su vida y le enseñan que estas fechas deben ser vividas con generosidad y buena voluntad. Y, a pesar de la redención final Scrooge, muchos lectores del autor británico se han preguntado -y aún lo hacen- qué fue lo que le hizo diseñar a alguien tan desalmado. Quizá, esgrimió la estrategia de contraponer el comportamiento del personaje a los sentimientos que animan una celebración milenaria y universal.

Este interrogante tiene respuesta en 1843, año en que el escritor redactó y publicó su obra: el gobierno británico realizó un informe sobre la gravedad del trabajo infantil en el país. Dickens estaba furioso por esta situación y pensó, como primera reacción, en escribir un panfleto utilizando su vasta experiencia como periodista político. Pero luego cambió de opinión.


Le dijo a un amigo que en lugar de un texto breve escribiría algo más extenso en Navidad, ya que, según su opinión, «tendría 20 veces más fuerza». Y así fue.

En esos meses visitó a su hermana en Manchester y aprovechó para encontrarse con representantes de organizaciones de caridad que auxiliaban a las clases más humildes en esa ciudad, tradicionalmente industrial. También se hizo presente en uno de los colegios más pobres de Londres (Ragged School, literalmente, Escuela para Harapientos), entidad destinada a educar a los jóvenes desposeídos de la capital inglesa.

Ese mundo de la marginalidad y la pobreza infantil ya había sido explorado por Dickens en «Oliver Twist», que llegó a los lectores como una novela en entregas entre 1837 y 1839.

«Un Cuento de Navidad» se convirtió en un suceso desde que se editó.

Publicada el 18 de diciembre de 1843, las primeras seis mil copias se vendieron antes del día 25. Además de lo atractivo de su personaje principal y el final esperanzador, el éxito de esta obra de Dickens se asienta también en el uso de los fantasmas de la Navidad pasada, presente y futura. Por supuesto que este es un detalle importante de la cultura anglosajona, bastante lejana a la nuestra en muchos sentidos.

En aquellos países, es tradicional entre las comunidades el hecho de contar historias de fantasmas alrededor del fuego, por lo tanto Dickens escribió su historia con la seguridad de que sería leída con interés.

Algunos especialistas en la obra del gran novelista aseguran que es un relato increíblemente accesible a todas las generaciones y que puede, incluso, alejarnos del consumismo tan propio de nuestra actualidad.

Está ambientado en la ciudad de Londres durante un día «frío, desapacible, cortante y con niebla» de Nochebuena. Estructurado en cinco capítulos denominados «estrofas», de los cuales tres hacen referencia a los encuentros de los «fantasmas de la Navidad» con Scrooge, un anciano avaro y egoísta que desprecia todo lo relacionado con la Navidad, y que al final se redime de su pasado.

El gran Dickens

Charles John Huffam Dickens nació en Portsmouth, Reino Unido, en 1812 y falleció en Gad’s Hill, en 1870. Creó algunos de los personajes de ficción más conocidos en el mundo y muchos lo consideran el mejor novelista de la época victoriana (1837-1901).
Fue el máximo exponente de la novela realista decimonónica en Inglaterra, como Stendhal, Balzac y Flaubert en Francia, y Galdós y Clarín en España.

En 1822, ya en Londres, comenzó a trabajar en una fábrica de calzados, donde conoció las duras condiciones de vida de las clases más humildes, a cuya denuncia dedicó gran parte de su obra.

Autodidacta, se empleó luego como pasante de abogado pero aspiraba ya a ser dramaturgo y periodista. Poco a poco consiguió ganarse la vida con lo que escribía; empezó redactando crónicas de tribunales para acceder, posteriormente, a un puesto de periodista parlamentario y, finalmente, bajo el seudónimo de Boz, publicó una serie de artículos inspirados en la vida cotidiana de Londres.

Se casó con Catherine Hogarth, hija del director del periódico Morning Chronicle, que difundió, entre 1836 y 1837, el folletín de «Los papeles póstumos del Club Pickwick», y los posteriores «Oliver Twist» y «Nicholas Nickleby». La publicación por entregas (muy común en aquellos años) de prácticamente todas sus novelas creó una relación especial con los lectores tal, que ejerció una gran influencia, y en sus novelas siempre se pronunció en forma directa o indirecta sobre los temas asuntos de época.

Fue evolucionando de un estilo ligero a la actitud socialmente comprometida de «Oliver Twist». Estas primigenias obras le proporcionaron un enorme éxito popular y cierto renombre entre las clases altas y cultas, por lo que fue recibido con grandes honores en Estados Unidos, en 1842; sin embargo, rápidamente se desengañó de la sociedad estadounidense, al percibir en ella todos los vicios del Viejo Mundo. Sus críticas indignaron en los EE.UU. pero luego recuperó el favor de su público en 1843, con la publicación de «Un Cuento de Navidad».

Luego de viajar a Italia, Suiza y Francia, realizó algunas incursiones en el campo teatral y fundó el Daily News, periódico que tendría una corta existencia. Su etapa de madurez se inauguró con «Dombey e hijo» (1848), novela en la que alcanzó un control casi perfecto de los recursos novelísticos y cuyo argumento planificó hasta el último detalle, con lo que superó la tendencia a la improvisación de sus primeros títulos, en los que daba rienda suelta a su proverbial inventiva a la hora de crear situaciones y personajes, responsable en ocasiones de la falta de unidad de la obra.

En 1849 fundó el Houseold Words, semanario en el que, además de difundir textos de autores poco conocidos, como su amigo Wilkie Collins, (autor de «La Piedra Lunar») publicó «La casa desierta» y «Tiempos difíciles», dos de las obras más logradas de toda su producción. En esas páginas aparecieron también diversos ensayos, casi siempre orientados hacia una reforma social.

Los numerosos problemas ocasionados por sus relaciones extramatrimoniales, lo llevaron finalmente al divorcio en 1858, al parecer a causa de su pasión por una joven actriz, Ellen Teman. Tuvo que defenderse del escándalo realizando una declaración en el mismo periódico. En 1858 hizo una exitosa gira por Inglaterra e Irlanda, donde leyó fragmentos de su obra ante distintos auditorios.

Años más tarde realizó otra gira, pero por los Estados Unidos, que reafirmó su fama; aplaudido en largas y agotadoras conferencias, entusiasmó al público con las lecturas e incluso llegó a ser recibido por la reina Victoria I de Inglaterra poco antes de su muerte, en 1870, a los 58 años.

Su obra ha sido llevada a otros géneros, cine y teatro, en numerosas oportunidades en varios idiomas, en todo el mundo, lo que contribuyó aún más a cimentar su fama, por si hiciera falta.

Charles Dickens está -desde entonces- instalado en la élite de la literatura británica, proveedora al mundo de una constelación de escritores de suprema calidad, junto a William Shakespeare, Jane Austen, George Orwell, Virginia Woolf, Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, Katherine Mansfield, Jonathan Swift, Charlotte y Emily Brontë, Lord Byron, Mary Shelley y muchísimos más.

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