El Síndrome de Tako-tsubo es un dolor en el pecho que se popularizó en cuarentena. Se manifiesta con dolor en el pecho y falta de aliento, suele confundirse con un ataque cardíaco, pero se desencadena por eventos estresantes. Se lo conoce con el nombre de «síndrome del corazón roto».

Las consultas cardiovasculares se retrasaron, incluso las graves, aunque los problemas del corazón no se toman cuarentena. El miedo al contagio, al ir a una guardia médica, la focalización de la clínica médica en sumar sus esfuerzos para frenar los contagios y aminorar las consecuencias del COVID; tienen consecuencias en otras patologías que necesitan de atención inmediata.

La sociedad está saturada por el aislamiento: angustia, ansiedad, miedo, muerte, insomnio, adicciones, enfermedad, soledad, depresión. El síndrome de Takotsubo, entre otras, son palabras que se replican en las anotaciones que hacemos los profesionales en nuestras sesiones.

La Pandemia junto al aislamiento prolongado, que nos hace conscientes que la única defensa confiable, por ahora, es permanecer lejos de los otros, se está cobrando víctimas que ya no pueden ser invisibles.

El coronavirus, sin lugar a dudas, vino a mostrarnos la estructura injusta de nuestras sociedades, y que los grupos más vulnerables, con problemas de necesidades básicas y falta de ingresos, la están pasando aún peor. La pandemia dejó en claro también, que no todos tenemos la misma estructura psicológica, ni recursos afectivos para atravesar estos momentos críticos. Nos duele el corazón, nos carcome la ansiedad, pero también nos duele la injusticia. Y el impacto del encierro está mostrando estados alterados. Hay enojo, violencia, y el aislamiento provoca incomodidad.

Nos sentimos saturados, justo en el momento donde la tasa de contagios y la letalidad crecen a un ritmo que prevé cifras temerosas. Ante un contexto que muestra su rostro más amenazante, nos vemos sumidos en la más profunda vulnerabilidad, y el COVID-19 deja mucho más que secuelas físicas, y muertos.

 

El COVID-19 empieza a dejar víctimas con serias secuelas mentales. Se debe actuar con rapidez, la economía está deprimida, la salud está comprometida, y el equilibrio psicológico empieza a caminar sobre una cornisa con caída al vacío. Ahora, que pasó a ser un tema de Estado, las alarmas están encendidas, incluso los miles de pacientes recuperados, dan cuenta que no existe la inmunidad psíquica si no se desarrolla.

Está en juego nuestra supervivencia y no se trata de una especulación filosófica, ni de los riesgos de la inseguridad, que también viene en aumento, sino de la incertidumbre de no ver un horizonte. Se trata de una incertidumbre, que impacta de manera negativa en la mente de los argentinos, y muchos lo sienten en su corazón. Como dicen los que viven en vértigo permanente: “Así no hay corazón que aguante”.

Ante la irrupción de la psicología, al servicio del comité de asesores del presidente, es imperativo desarrollar en nuestra sociedad “la inmunidad psíquica”, la única barrera defensiva ante el colapso del humor social de una Nación atacada por un enemigo global, invisible y letal. Nuestro corazón resiste pero la pandemia lo deja sensible y dolorido.

Licenciado Daniel Dauria
M.N. 37695.

(FUENTE: PERFIL)

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