Estupor de corazones. Este texto viene bien hasta aquí. Tengo que juntar mil galaxias de estrellas para seguir adelante hablándote…
Solo en las infinitas alturas del gozo compartido se apagan las discordias. ¡Ay de los que las temen y las evitan!… a las alturas. Pero nosotros vamos a visitarlas y atravesarlas tomados de las manos, lejos o surcando altivos abismos agobiantes, fríos o calientes y, a partir de ello, alcanzaremos los buenos fines que buscamos.
Nuestro caminar nos lleva a andar lado a lado, aunque libres para emprender correrías risueñas y llenarlas de piruetas que, desafiando el vértigo de las estrecheces, nos hermanan y desbordan más allá de todo lo existente: antes, ahora y mañana.
Yo te miro y te escucho: tú me invitas. Opto por seguirte porque tú me invitas a tus sitios, quieres compartirlos conmigo.
A paso de hormiga me llevas y yo voy descubriéndote porque tú te muestras. Llevamos nutrientes a nuestros hormigueros, esencias, melodías, y poesías acordes a las almas que por nosotros esperan. Lo sabemos, o por lo menos lo presentimos y arriesgamos.
Enjambre u hormiguero, hay fiesta por nuestra llegada. Explosión de regocijo que se expande hasta nosotros mismos y más allá. Abrazos, sonrisas e incipientes atisbos de confianza.
Tal vez deje que entres en mí… Y, mientras, nuestras almas se palpan atónitas y felices. El encuentro es más rico de lo que creíamos y nos desafía…
¿Qué son varias almas unidas? El conjunto limita con el infinito y se abre a nuevos universos. Es un fenómeno del todo sorprendente y gratificante en extremo. Para clausurar y perpetuar el momento, nos miramos los ojos a los ojos y compartimos el pan levado de integridad y amor.

Por Alberto Suertegaray
Taller de Creatividad Literaria

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