Posibilidad… hum… posibilidad, no pienso ni un instante más y me meto de cabeza en la cápsula del tiempo. Desesperada busco la botonera que indique cómo cerrar puertas, escotillas, encender motores, dejar unos redondeles de pasto chamuscado y chau, salir del hoy y pasar al ayer, al mañana o a la nada. Veo flechas, veo botones de colores con indicaciones en un idioma desconocido, arriesgo y logro cerrar y arrancar; todo tiembla como esperando mi próxima indicación, observo otra botonera, dorada, que destella llamándome. Sin pensar, toco el de la izquierda y ahí sí la cápsula sale disparada hacia el pasado.
¿Cómo lo sé? Porque cuando abro la escotilla, afuera sentado a la orilla del río está mi amor.
Bajo corriendo, le hablo… pero mi voz no es audible, entonces por gestos y a los tirones lo meto conmigo en la cápsula; sé que si me quedo con él voy a disolverme en menos de algunos minutos, por eso mi apuro para que entre. Lo abrazo, el beso más esperado es el que nos damos, luego toco un botón de color plateado mientras ruego que nos lleve al futuro.
No sé cuánto viajamos, nos dormimos abrazados, despierto con el golpe del atemporizaje y la escotilla que se abre; siento con espanto que mi amor se pulveriza, solo un rastro dorado queda en mi cuerpo. Por la puerta abierta se vislumbra el futuro: no se ve tan mal, ya estoy guardando el polvillo dorado junto a mi corazón, bajo de un salto y me despido de la cápsula porque acá quiero quedarme todo lo que pueda.

Por: Liné Leticia Rodríguez
(Nací en plaza Huincul hace muchos años y como ya estudié, ya viví un gran amor, ya crié hijos, ya trabajé, ya planté árboles, ya intenté transformar el mundo… creo que ahora, en General Roca, es tiempo de escribir)
Taller de Creatividad Literaria

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