Nosotros, que esperamos lo que no vemos, es en la paciencia que aguardamos. Sin embargo, el Espíritu de Dios viene en auxilio de nuestra debilidad, porque no sabemos lo que debemos pedir, ni orar como conviene, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escudriña los corazones sabe lo que desea el Espíritu, el cual intercede por nosotros, según la voluntad de Dios.

Elevemos nuestros ojos y nuestro corazón al cielo ante tantos motivos de oración, con la convicción de que el Espíritu Santo pide por nosotros como conviene a las complejas situaciones que atravesamos en nuestro país y en el mundo.

Escuchemos los gemidos del Espíritu en nosotros con amor y vivamos en la esperanza que ponemos en Dios. El amor cura y ayuda a escalar alturas imposibles y a erguirse de profundidades inconmensurables.

¡Ánimo hermanos!

Por: Alberto Felix Suertegaray
Taller de Creatividad Literaria

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