La Militancia en Cuarentena

Gestionar para Comprar. Comprar para Organizar. Crónica UNO (por M.G.B. -Militante Política y Cultural)

Militar en tiempos de cuarentena es levantarte temprano un sábado, 7 am. Organizar los elementos esenciales que tenés que tener a mano para salir a la calle -barbijo, guantes, mangas largas, alcohol diluido-. Antes, averiguar qué mayorista te vende, a vos ciudadana común, productos en cantidad y que debés facturar a nombre de una institución/organización.

Es poco creíble, pero es real lo que nos pasó: un mayorista de la ciudad, en tiempos de cuarentena, nos pide la presencia física de cada presidente de cada organización, de cada institución que donó dinero, para poder facturar a sus nombres. QUEEE???? SÍ, «presencia física». No hubo manera, ni con número de cuit, ni llamada telefónica, ni comprobante de AFIP; nada pudo doblegar la directiva del gerente y sus empleados de ventas.

Sí, en tiempo de coronavirus querían la presencia física, es decir, que viniera una persona de Bariloche, otra de Viedma, otra de Buenos Aires a la ciudad de General Roca….. Uff, perdimos el día entre colas esperando, entre intentos y explicaciones.

Día siguiente.
Llegar una hora antes de la apertura de otro comercio mayorista, ponerte en una fila con distancia, que ya es larga. Entrar a las dos horas al mayorista, dejar que te apunten con una pistola en la cabeza/ un termómetro en la frente que en segundos te hace sentir «el sometimiento obligado en el cuerpo». Seguir las líneas en el piso, mantener distancias, cuidar cada cosa que tocas. NO TOCARTE.

Te avisan que sólo podes estar 30 minutos dentro, optimizar tu recorrido mientras cargás cajas de leche en polvo, arroz, fideos, papel higiénico, etc. Organizar la facturación con los chicos de ventas, porque no es tu dinero y tenés que rendirlo de la manera correcta. Cargar CUIT, pedir datos urgente por cel.

 

Esperar que el sistema no colapse, volver a mirar la hora. Encontrarte por suerte con empleades muy sensibles a la situación, que comprenden que estás haciendo todo esto para otres que lo necesitan.

Tener tu atención puesta en que cosas tocas con tus manos, que el otro comprador respete la distancia, que el empleado tenga barbijo, que me dé una lapicera para firmar y optar por usar la que yo llevo. No tocarte la cara, no tocarte el pelo y sentir calor, mucho calor bajo el barbijo. NO TOCARTE.

A mi lado, un señor compra de a 100 bultos, los mismos productos de almacén que nosotres, le pregunto de dónde viene; me dice: de Cipolletti. Y que la compra es para familias de varias «tomas» de la ciudad, una donación que está armando con su compañera, no es de ninguna organización, me dice.  «Siempre estamos pensando a quien ayudar, más en esta situación», me emociona, nos emocionamos… parece que todes estamos más sensibles. Me pregunta x nosotres y le cuento que somos voluntarias de una biblioteca popular, de una agrupación política, de sindicatos, trabajadoras docentes, etc.

Salir del mayorista, cargar todo, atravesar la ciudad hasta la Biblioteca, que tiene un SUM amplio, para poder armar los paquetes. Llegar, descargar, desinfectar, disponer todo de manera que podamos organizar rápido la tarea.

Trabajamos todas en silencio, casi sin dar lugar a pensamientos porque la angustia es grande.

En la biblioteca, los libros se han vuelto testigos de las necesidades de muchas familias.
Los libros nos miran y acompañan.

La poesía nos susurra al oído y queremos poner libros en cada bolsa de alimento
porque hay que alimentar la imaginación,
hay que alimentar los mundos sensibles,
hay que alimentar las metáforas.
Salir al barrio con bolsas cargadas de esperanza.
Sentir que llego el otoño y el valle se pone todo amarillo tornasolado.

La seguimos luego ….

M.G.B.
Militante política y cultural

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